I Jornadas de la NEL-Ciudad de México
 

Videoconferencia con Araceli Fuentes
29 de noviembre de 2016
Transcripción por Martha Aguirre – texto editado y corregido por la autora

"Amor de mujer, amor de hombre"
Araceli Fuentes

Raúl te agradezco mucho tu comentario sobre mi libro, me llamó la atención lo que decías de que no es el libro de una escritora, es verdad, en realidad sería más justo decir que es el libro de alguien que se sitúa como escriba de su sínthome, ya que mi sínthome tiene que ver con un empuje a decir que cobra relieve cuando se convierte en un empuje a escribir, creo que en el libro queda claro este pasaje y que tu lo has percibido. Esta es también a razón de que haya podido escribir este libro y de que antes no pudiera hacerlo. En el libro está incluido mi cuerpo, por eso no es un libro universitario, sino que es un libro en donde está la experiencia de un análisis como eje central y alrededor de eso, hay una investigación sobre el tema del cuerpo que ya venía de antes, un poco de lejos, pero la experiencia analítica, mi experiencia en el análisis y en el pase es lo fundamental del libro. Gracias, por la lectura que has hecho.

Bien, ahora pasaremos a la conferencia que me han invitado a dar por esta vía nueva para mí que es el skype. Agradezco la invitación de Viviana Berger y de los colegas de la Nel-México, es un gusto poder trabajar con ustedes esta mañana de sábado.

 

"Amor de mujer, amor de hombre"

Es cierto que las mujeres y los hombres no aman de la misma manera y esta diferencia tiene que ver con que ellos y ellas, tienen distintas maneras de gozar. Sabemos que el amor y el goce son cosas muy distintas, pero antes de introducirnos en el meollo de la cuestión de las diferencias, del modo en el que la manera diferente de gozar se traduce en una manera distinta de amar, me gustaría empezar hablando un poquito sobre el amor que es el tema de sus Jornadas, teniendo en cuenta que el amor que en sí mismo no contempla las diferencias sexuales. Me voy a referir al amor, tal como lo trata Lacan en el Seminario Aún, que el seminario en donde comienza su última enseñanza. Me interesa la forma en la que Lacan aborda el amor en este seminario, porque se trata de una forma nueva. Vamos a ver en qué consiste esta novedad.

Esta novedad incluye lo que la experiencia analítica revela sobre el amor y lo nuevo que dice Lacan respecto al amor en el Seminario Aún, consiste en decir que el amor tiene relación con el inconsciente y con el reconocimiento.

Esto nos puede sorprender porque el propio Lacan había hecho un recorrido previo sobre el amor, subrayando precisamente el carácter ilusorio del amor, el carácter narcisista, el hecho de que amar, en el fondo quiere decir querer ser amado, en definitiva hasta ese momento Lacan había subrayado el carácter de desconocimiento que tiene el amor con respecto al partenaire, en tanto el partenaire del amor esconde otro: el partenaire del goce, de desconocimiento también porque el amor por un tiempo hace creer que la relación sexual podría escribirse, etc .

Es decir, que pareciera que después de que durante años, Lacan ha hecho un juicio sobre el amor, que es un juicio si no negativo, al menos demostrativo de lo que el amor oculta y desconoce, un recorrido con el que viene a desmontar los milagros del amor, los espejismos propios del amor , después de eso, produce un corte que podemos situar en el Seminario XX, a partir del cual dirá algo distinto, al decir que el amor tiene relación con el inconsciente y con cierto tipo de reconocimiento, un reconocimiento que es un tanto enigmático, veremos por qué.

Lacan define aquí el amor como "la relación entre dos sujetos", y como el sujeto es un efecto del inconsciente, el amor es también "una relación entre dos inconscientes".

Si nos preguntamos ¿cómo se puede crear una relación entre dos inconscientes, la respuesta que nos da Lacan es: a través del amor.

Esto podemos percibirlo tanto en la vida cotidiana como en la experiencia analítica, ¿Cómo se plasma en la experiencia cotidiana esta manera de entender el amor?, creo que se podría decir así, cuando uno se enamora de alguien supone que esa persona sabe algo de uno mismo, sabe algo de la verdad más íntima de uno mismo, algo que uno mismo desconoce de sí; es decir, que cuando amamos suponemos que el otro sabe algo sobre nosotros. Me parece que esto que dice Lacan tiene que ver con cierta sensación que a veces se tiene cuando uno se enamora de que, conoce de siempre al otro. Hay esa sensación en el enamoramiento, al principio, de conocerle desde siempre que implica algo del saber que atribuimos a quien amamos sobre nuestra verdad más íntima.

Esta nueva definición del amor en la enseñanza de Lacan coincide con el modo en el que el amor se presenta en la experiencia analítica, es a lo que llamamos transferencia, a la relación que se produce en el análisis entre el amor y el saber. El saber supuesto al analista se basa en un amor cuya finalidad es permitir la producción del saber en el análisis. En la experiencia analítica es necesario el amor que llamamos amor de transferencia, para que se pueda producir el saber inconsciente. Es decir, que en la experiencia analítica hay una suposición de saber encarnado en la persona del analista y hay un amor que se produce casi de inmediato, en la medida que el analista está en su lugar, al que conocemos como amor de transferencia que es el que va a permitir que se produzca el saber inconsciente.

Al principio Freud se quedó muy sorprendido con el surgimiento del amor de transferencia, no entendía por qué si había inventado un dispositivo destinado a producir el saber que permitiría descifrar la verdad que funciona como causa del síntoma, de repente surgía el amor. El amor de transferencia fue un invitado inesperado en el descubrimiento mismo del psicoanálisis, un invitado molesto en cierto modo pero inevitable y necesario. Freud, no tardó en darse cuenta de que esta era la vía que permitía producir el saber inconsciente en la experiencia analítica y que el amor en ella es un amor al servicio del saber.

El amor de transferencia está ligado al saber supuesto al Otro, el sujeto supuesto saber es el pivote de la transferencia puesto que permite que el sujeto hable de lo que sabe sin saber que lo sabe, al hacerlo él mismo produce el saber que suponía en el Otro, el saber inconsciente. A partir de lo dicho por el analizante el analista produce su interpretación.

"La transferencia es amor", así la define Lacan en la Edición alemana de los Escritos: La transferencia es amor, un amor no menos ilusorio que otros amores, es decir que es igual de ilusorio que otros amores, pero con una diferencia que consiste en que este amor se da un partenaire, el psicoanalista, que tiene la posibilidad de responder y eso lo diferencia de los otros amores".

¿Qué quiere decir que el psicoanalista tiene la posibilidad de responder? La respuesta del psicoanalista no es una respuesta de reciprocidad en el amor. No es que el psicoanalista responde al amor con su amor, no se trata de eso aunque éste fue un error que afecto a algunos analistas al comienzo del psicoanálisis, por ejemplo a Jung con su analizante Sabina Spielrein por la que Jung se creyó amado, lo que dio lugar a una serie de complicaciones…al principio de la historia del psicoanálisis ha habido algunos casos famosos donde se ve cómo el analista confunde el amor de transferencia con el amor a su persona.

El amor de transferencia es un amor que no se dirige a la persona del psicoanalista, si no que es un amor dirigido al saber, es un amor que produce saber, y cuando Lacan dice que el psicoanalista, partenaire de este amor, tiene la posibilidad de responder, quiere decir que tiene la posibilidad de interpretar el saber que se produce gracias al amor de transferencia, pero si el psicoanalista cayera en el error de responder al amor de transferencia con amor, inmediatamente saldría del psicoanálisis para entrar en el terreno de la sugestión, que es algo muy distinto.

El amor de transferencia, supone que el analista tiene el objeto que al analizante le falta, el objeto que el mismo ha depositado en el lugar del analista, este objeto que presta su brillo transferencial al analista, es el agalma de la transferencia, agalma que se convertirá en palea, resto, al final del análisis y del que el analizante se podrá desprender una vez caído el SsS. Este es el destino que le transferencia le reserva al analista una vez que el sujeto extrae el objeto del campo del Otro y se hace responsable de él, destino de desêtre, de resto que la transferencia le reserva al analista, es un punto crucial de su formación como analista el consentir a ello.

Bien, volvamos entonces a esta manera nueva, que tiene Lacan para hablar del amor, en Aún, al relacionar el amor con el saber inconsciente y con el reconocimiento y del enigma que este reconocimiento nos plantea.

¿De qué tipo de reconocimiento se trata en el amor? He buscado una manera lo más sencilla posible de transmitirlo aunque no resulte fácil. Entiendo que lo que Lacan está diciendo es que, en el amor, hay un reconocimiento enigmático de las marcas, las huellas, que para cada sujeto dejó su inconsciente. En otras palabras, es un enigmático reconocimiento de las marcas, afectos y síntoma, que dejó en cada sujeto el destino de exilio causado por la inexistencia de relación sexual entre el hombre y la mujer.

El hecho de que en la especie humana no haya un programa que permita que una mujer se relacione instintivamente con un hombre en el plano de la sexualidad como sucede en el mundo animal, el que no haya una pulsión genital que los una en el plano de la sexualidad, deja en cada uno huellas de este exilio, huellas que serían reconocidas, de manera enigmática, en el amor. El hecho de que entre los seres hablantes el malentendido reine y tenga incidencias sobre la sexualidad haciendo de esta una sexualidad inevitablemente síntomática y del síntoma un destino ineludible.

Estas huellas-dice Lacan en Aún- son fundamentalmente afectos y síntomas. El síntoma juega un papel determinante en las elecciones amorosas que son elecciones inconscientes. Diremos entonces que el reconocimiento que propicia el amor es el reconocimiento de una cierta afinidad de nuestros síntomas lo que no quiere decir identidad. Se podría pensar que hay un reconocimiento enigmático, por ser inconsciente, de la afinidad de mi síntoma con el síntoma del otro en la elección amorosa del partenaire.

El fundamento libidinal de la pareja no es el encuentro entre el goce de él y el de ella, el goce del cuerpo del otro no es signo de amor, nos recuerda Lacan en este mismo seminario, no hay encuentro entre los goces porque éstos son heterogéneos, de un lado el goce del Uno fálico, del otro, el Otro goce. Lo que permite hacer pareja es el síntoma y la pareja del sujeto cuando hablamos del goce, no es otro sujeto como en el amor, sino el síntoma propio. En el acto amoroso cada uno goza de su propio cuerpo.

La pareja del amor no es la misma que la del goce, la hiancia entre amor y goce se hace palpable.

Ahora bien, si no hay relación sexual como afirma Lacan y podemos constatar en la clínica y en la vida, ¿cómo es posible que encontremos que en el otro hay algo deseable?

Lacan va a responder a esta pregunta también en Aún, cuando dice que el investimento libidinal del cuerpo del partenaire pasa por el objeto plus de gozar. Cada sujeto sitúa ese objeto plus de goce que se aloja en su fantasma, en el cuerpo del otro. Es decir que uno va a buscar en el partenaire el objeto plus de goce que ya está en su fantasma.

Así pues lo que hace al otro deseable pasa por el objeto plus de gozar y por los significantes del saber inconsciente que determinan nuestras elecciones amorosas.

Lacan dice que en la elección erótica del partenaire siempre hay un predecesor y los trazos están inscritos en el inconsciente del sujeto.

El amor y el síntoma son dos suplencias de lo que no hay, de lo que no es posible escribir entre un hombre y una mujer, de la ausencia de la relación entre los goces de él y de ella.

Que el sexo no sea suficiente para hacer de un hombre y de una mujer pareja, y que haga falta algo más- como dice Lacan- implica al amor y al síntoma como suplencias.

El síntoma no es un accidente de la sexualidad humana, sino que es algo del orden de lo que no cesa de escribirse, digamos del orden de lo necesario, y nuestra elección de pareja, nuestra elección de partenaire, es una elección que está determinada por lo que ha sido nuestra historia libidinal, por las huellas que ésta ha dejado en el inconsciente fijando en nuestro cuerpo el goce del síntoma, un goce que, este sí, no deja de escribirse.

 

El amor, entre el encuentro y la repetición

En el amor hay dos aspectos que son paradójicos, por un lado tenemos la contingencia del encuentro, lo no programable. Pero por otro lado hay la determinación inconsciente del objeto elegido, hay una condición inconsciente en la elección del otro, o sea que en el amor hay contingencia y hay repetición. Lo que quiere decir que si bien el encuentro amoroso es contingente eso no significa que sea libre.

Cuando se desconocen las determinaciones inconscientes de nuestras elecciones amorosas podemos creer nos equivocamos al elegir o bien que sufrimos la determinación de un funesto destino. Freud mismo habló de la neurosis de destino, pero tal destino deja de existir cuando se ha dilucidado las condiciones de su elección de objeto amoroso. En su artículo sobre el fetichismo, Freud se refiere a un sujeto cuya condición de elección de objeto era que las mujeres que él elegía tenían que tener cierto brillo sobre la nariz, y si una mujer no lo tenía carecía de interés erótico para él. Freud descubrió que esa fijación erótica que le impedía desear a una mujer si no tenía este brillo sobre la nariz, se había producido en su infancia. Este joven había pasado los primeros años de su vida en Inglaterra y luego se trasladó a Alemania donde casi había olvidado la lengua inglesa. Para descifrar esa fijación se debía recurrir al inglés, su lengua materna, y no al alemán.

Glanz auf des nase, brillo sobre la nariz en alemán, era en realidad, una mirada sobre la nariz, porque en inglés glance, es mirada. Esa mirada sobre la nariz había fijado un goce en su primera infancia que no dejaba de escribirse y era su condición erótica para desear a una mujer. El cambio de mirada a brillo se había producido gracias a un equívoco homofónico entre Glanz, brillo en alemán, y glance, mirada en inglés.

Lo interesante del ejemplo es que muestra que las elecciones eróticas de este joven estaban determinadas por ese goce fijado en su infancia y que sus objetos eróticos debían tener este brillo sobre la nariz.

Otro ejemplo que muestra la cara contingente y la cara de repetición en la elección amorosa, la encontramos en lo que le sucede al poeta italiano Dante Alighieri, cuando se encuentra, por azar, con una jovencita de catorce años, Beatriz. A Dante, le basta una mirada, un simple parpadeo para caer prendado de Beatriz. Como en el otra caso se trata también de la mirada que Dante encuentra en Beatriz, esta es la cara de determinación de la elección de objeto, pero lo que la determinación no explica es porque fue Beatriz y no otra en quién Dante encontró la condición necesaria para su elección, la determinado inconsciente de la elección no explica por qué fue Beatriz y no Lucila o Rosana.

 

El partenaire de goce

Entre el amor y el goce hay una hiancia, una ruptura, una separación tal que hace que el objeto del amor sea uno, el amor pone en relación dos sujetos, mientras que el partenaire del goce de un sujeto no es otro sujeto sino su síntoma. Ahora bien hay formas del amor, como por ejemplo el amor pasión que parecen poder velar esa hiancia irreductible.

El amor como reconocimiento de las huellas que deja para cada uno su exilio de la relación sexual, implica un enigmático reconocimiento en el otro del síntoma que le conviene al sujeto.

El síntoma puede ser lo que hay de más insoportable para un sujeto, hay parejas basadas en este tipo de síntoma que hacen de su vida un infierno sin llegar por eso a separarse, son las parejas del "ni contigo ni sin ti", parejas muy duraderas que con su unión sintomática infernal borran al máximo la inexistencia de la relación sexual. Nadie se explica el por qué siguen juntos, sólo un psicoanálisis podría esclarecer el verdadero vínculo que les une a través del síntoma de cada uno en su consonancia con el síntoma del otro.

El psicoanálisis permite saber cuál es nuestra verdadera pareja de goce, cual es nuestro partenaire síntoma.

Jacques Alain Miller en su curso, El partenaire síntoma, nos da algunos ejemplos que ilustran muy bien lo que estamos diciendo: Se trata de una mujer, no sabemos la edad, no lo cuenta, pero cuando ella nació, el padre después de dejar embarazada a su madre desapareció, para él sólo se trataba de "coger" y nada más, como dicen ustedes en México. Entonces ese hombre "coge" con la que será su mamá y después se larga y ya nunca más aparece en su vida. Así que para ella, lo primero que hay en su historia es el abandono del padre, aunque no por ello es una psicótica, por supuesto, no hace falta que el padre esté presente para que la función del padre opere, ella no es una psicótica, sino que es alguien que desde el comienzo adapta precozmente en su vida un lema: "nadie pagará por mí". Su padre no pagó, y ella haciendo de la necesidad virtud, podemos decir adopta en su vida el lema "nadie pagará por mi", es una decisión del tipo "al mal tiempo buena cara", puesto que me tocó lo tomo como mío, es decir, que éste era su modo de asumir lo que le había ocurrido en sus primeros días, lo que había empezado incluso antes de su nacimiento, que su papá no había pagado por ella, su papá se desafanó como dicen ustedes en México, y esto lleva a esta mujer a cierta errancia en su vida, cambiaba de lugar, iba de un lugar a otro, iba un poco con su casa a cuestas, era una especie de tortuga con la casa a cuestas, siempre de un lado para otro, pero llega un día en que ella encuentra a un hombre y se queda con él, se casan, tiene hijos con este hombre y cuál es el tipo de hombre que encuentra esta mujer, precisamente el tipo de hombre que ella encuentra es el tipo de hombre que no quiere pagar nada por una mujer. Evidentemente eso a ella le conviene, le conviene inconscientemente, claro, parece que ella ya tenía muy asumido que las cosas serían así para ella, luego encontró el hombre adecuado a su síntoma, el hombre que no estaba dispuesto a pagar el precio por su mujer. Se trataba de un homosexual, ¡nadie es perfecto! Los dos se aman, están juntos, y la base de la pareja es que ninguno pagará por el otro, han llegado a este acuerdo. Pero un día, algo le pasa a esta mujer, tiene un malestar y entonces va a ver a un analista, ya sabemos que el análisis puede ser causa de divorcio, de hecho cuando alguien empieza a analizarse su pareja comienza a inquietarse muchas veces, en el análisis de esta mujer, le surge un deseo que ella antes no tenía , el deseo de que el otro pague por ella, tiene un sueño, sueña con una tienda en donde cuando ella era pequeña iba a comprar chucherías y cada vez que iba a comprar caramelos, compraba algo y decía "papá pagará", refiriéndose al padre sustituto que había tenido, y a partir de ahí surge un deseo nuevo en su análisis, y empieza a desear que el padre de sus hijos pague por ella, no quiere ser más la tortuga que lleva la casa a cuestas. Él, fiel al contrato inicial no entiende nada, ella empieza a detestarlo, empieza a no gustarle, empieza a preguntarse si quiere o no quiere seguir con él, piensa en dejarlo, prepara su partida, esto a él no lo conmueve, él no da nada, el cofre está cerrado. Ella empieza a presentarle facturas y un día ella le presenta un exceso de facturas, una factura demás de gas y de electricidad, eso, termina volviéndose intolerable para él, entonces recoge sus trastos y después de 20 años de matrimonio pide el divorcio, por supuesto después de avisar a la compañía de gas que no le mande más facturas porque no piensa pagar ninguna. Bueno, el divorcio es doloroso para esta mujer, pero ella, se da cuenta de que lo que la unía a este hombre era precisamente este síntoma, este síntoma que se había fijado en su infancia, seguramente a través de lo que le habían contado de su padre y de la manera en la que ella asumió eso. A partir de ahí, no sabemos cómo sigue, pero podemos suponer que a partir de ahí ella va a poder hacer otra elección, pero en cualquier caso vemos que lo que el análisis desveló es que esta pareja estaba basada en el síntoma.

 

Los hombres y las mujeres aman según su manera de gozar

Empezando su distinta relación al falo. Lacan, antes de plantear las diferencias a partir de la distinta manera de gozar, plantea una dialéctica alrededor de "ser" y "tener" el falo como modo de formalizar las diferencias sexuales. En este contexto podemos situar su famosa definición del amor: "Amar es dar lo que no se tiene".

"Dar lo que no se tiene" significa confesar su falta, el amor está articulado a la falta, sólo quienes experimentan su falta pueden amar, aquellos que se quieren completos no tiene posibilidad de amar.

En esto el amor se distingue de la generosidad que es dar lo que se tiene.

Confesar su falta, decirle al amado que le echamos de menos es lo que Freud llamó asumir la castración. El amante confiesa su falta al amado, cuando le dice: "no puedo vivir sin ti", lo que no quita para que su confesión apunte a conseguir que se produzca la metáfora del amor y a convertirse el en el amado. Sabemos que amar es en el fondo querer ser amado. Esta definición del amor, dar lo que no se tiene, confesar que a uno le falta algo, es una definición del amor solidaria con la posición femenina. Es importante subrayar que se trata de posiciones puesto que no todas las mujeres están en posición femenina ni todos los hombres en posición masculina.

Para una mujer es más fácil, si está en posición femenina, reconocer su falta, es más fácil que para la posición masculina estrechamente articulada al tener fálico. Para el hombre su identidad como hombre se juega en el terreno del tener fálico, es algo que constatamos desde la infancia, incluso antes de entra en juego el órgano fálico en la sexualidad, vemos que los niños juegan a ver quién orina más lejos, la rivalidad fálica es consustancial a la posición masculina. Se puede decir incluso que la significación fálica de la sexualidad es la que permite que el goce del órgano y la identidad masculina vayan a la par. Para un hombre no hay contradicción entre el goce fálico en el cual está por completo y su identidad como hombre.

La relación de una mujer con el falo es distinta, ella está del lado de "ser el falo", pero para "ser el falo" necesita el amor, una mujer consigue "ser el falo" en el amor, cuando es amada tiene un valor fálico, una equivalencia que ya fue reconocida por Freud. "Ser amada" equivale para una mujer a "ser el falo" y a su vez para amar hay que poner en juego la falta, es decir que, una mujer puede, "ser el falo" sin que eso le impida a su vez amar y mostrar su falta.

Estas diferencias inciden en su distinta manera de amar, no cabe duda de que para las mujeres el amor tiene un lugar fundamental y que para los hombres hay ciertas dificultades que no les impiden amar pero que deben sobrepasar para poder hacerlo, pues como dice Lacan, amar se hace siempre desde una posición femenina, incluso si se es un hombre. Amar feminiza, y por eso a un hombre puede poner reparos al amor, puede enamorarse, por supuesto, pero el retorno del orgullo fálico puede sobrevenirle y mostrase agresivo con el objeto de su amor.

Como dice Jacques Alain Miller, hay algo cómico en un hombre enamorado, y él mismo puede tener cierto sentimiento de ridículo por eso rechazar el amor, alejarse de eso o no querer amar para querer evitar esta situación, pero tal paso atrás sólo sería el índice de que este hombre no está muy seguro de su virilidad. La dificultad de algunos hombres en el amor da lugar a la degradación clásica de la vida amorosa, unas mujeres para el amor, otras para el deseo. Para algunos hombres resulta más fácil buscar relaciones con mujeres a las que desean pero no aman, con las que se sienten más cómodos, el deseo al final y al cabo tiene relación con el sentido y con el apresamiento mientras que el amor es una significación vacía.

Los grandes guerreros de la antigüedad griega eran capaces de tener posiciones femeninas en el amor y eso no menoscababa en nada su virilidad de guerreros. Hay hombres que piensan que amar es humillarse, otros que amar siempre es un riesgo, a otros que les resulta impensable que una mujer les pueda dar calabazas y también hay quienes desconocen por completo el amor, quienes no quieren saber nada del amor. El cine, a veces, nos presenta personajes de este tipo, no sé si habrán visto una película que se llama Shame, es la historia de un alto ejecutivo neoyorquino, un tipo que va por la vida tomando su plus de goce en los encuentros puntuales con mujeres con las que sólo se trata de gozar, su mundo, incluido el trabajo es un mundo donde primal a competencia fálica. Es un mundo frio donde se repite lo mismo. Encuentro con una mujer, cogen y se separan, tampoco parece tener amigos y del amor no sabe ni quiere saber nada. Pero este hombre tiene una hermana extraviada por el amor, una hermana que le pide que la trate con afecto, ella se instala en su casa viniendo a interrumpir la repetición aséptica en la que él vive, ella le dice que es un cínico y que no quiere a nadie. Con la hermana y su desamor se introduce otra cosa en su vida, ella intenta suicidarse en su casa, él la encuentra desangrada y a lleva al hospital, pero el desamparo de esta hermana no lo conmueve. Al mismo tiempo se tropieza, por primera, vez con una mujer que le interesa pero que no se presta al uso que él suele hacer de ellas, con ella está más interesado de lo habitual, pero esta vez, ¡oh! ¡sorpresa!, el órgano no le responde, no responde precisamente cuando no son solo las coordenadas del goce lo que está en juego. La historia con esta mujer no continua a pesar de que ella no le hadado importancia a lo sucedido o mejor dicho a lo que no ha sucedido. El encuentro con ella y la aparición de su hermana no lo han dejado indemne, el pretende seguir su vida como si nada pero algo se ha desarreglado en él y eso incide en una búsqueda, en un empuje al goce que parece no augurar nada bueno.

Jacques Alain Miller, en su artículo Semblantes en la relación entre los sexos dice que en el punto de partida el hombre es miedoso y que si el hombre va a la guerra es para huir de las mujeres, para huir del agujero.

Un hombre puede servirse del psicoanálisis para curarse de sus miedos y del odio que puede sentir por las mujeres y su goce sin límite, ese goce irrepresentable que produce angustia.

En nuestro medio hay hombres, colegas, algunos han sido AE, que se han tomado muy en serio este tema, pienso en el trabajo realizado por Patrick Monribot sobre como la relación de un hombre con una mujer determina su relación con la Escuela, es ejemplar, en este sentido

Lacan da las razones del odio anti mujer en La Etica, cuando dice que el sexo femenino es inaprensible, ilimitado, que no puede ser captado de ninguna manera, que no está causado por ningún objeto plus de goce de los que hay a la mano, que por su semejanza con lo real este goce produce odio, horror, rechazo, y que el goce femenino estaría en el origen de todas las segregaciones.

Otros AE han hablado también de su manera particular de poder llegar a confrontarse con lo heterogéneo del goce femenino. Mauricio Tarrab, en su texto, El soplo se vuelve signo, publicado en la revista Freudiana nº48, muestra muy bien como para un hombre es necesario el atravesamiento del fantasma para poder ir más allá del fetiche y apreciar la heterogeidad del goce femenino, la otredad que hay en una mujer.

Un hombre busca siempre en una mujer un plus de goce, un objeto de goce que es él mismo que habita su fantasma. Entonces, una mujer como persona sólo sería el envoltorio de ese plus de goce y precisamente porque es el plus de goce de lo que se trata en el goce, es por lo que un hombre puede pasar de hablar mientras hace el amor, para él puede ser suficiente con el goce que obtiene del acto sexual, mientras que para una mujer las cosas suceden de otra manera, una mujer necesita que el hombre le hable. Una mujer se aflige si el hombre no le habla, hay un diálogo que siempre es recurrente donde ella le dice, no me dices nada, y él le responde ¿qué quieres que te diga? Para una mujer la palabra de amor es muy importante, ella busca en la palabra de amor un lugar donde alojarse como agalma para él, eso le permitirá a ella, no solo tener un valor fálico, sino también poder tapar con ese objeto el agujero del Otro al cual siempre está confrontada una mujer. Para él las cosas son distintas porque su goce se adecúa perfectamente al goce fálico y no necesita el amor como medio para tener una identidad de hombre.

Del lado femenino de las fórmulas de la sexuación, con las que Lacan formaliza la diferencia de los sexos a partir de a diferencia de los goces, vemos que una mujer está dividida entre dos tipos de goce; por un lado tiene relación al goce fálico, el goce que le está permitido, ese goce puede estar encarnado en un hijo, pero también en sus logros profesionales, o en ambas cosas a la vez.

Hoy nos encontramos cada vez más mujeres que no tienen hijos y que tienen profesiones impresionantes, ellas sin duda, en este terreno pueden hacerlo tan bien como los hombres, el problema para ellas es que esto no resuelve su identidad como mujeres. Hay una nueva patología, la de las mujeres exitosas en sus carreras profesionales que sienten que su vida en tanto que mujeres anda un poco coja y son las que vienen a la consulta.

Precisamente, porque tienen acceso al mundo del trabajo ya los lugares donde se juega la rivalidad y el poder fálico las mujeres de hoy se angustian más porque la angustia está en juego en relación al goce del poder y del temor a perderlo.

Pero una mujer, también tiene acceso a otro goce que no es fálico, que no está causado ni por los hijos, ni por el trabajo, es decir por ningún objeto causa de deseo, que hace de las otras para sí mismas y que como goce no sólo no le da ninguna identidad como mujer si no que a menudo las sobrepasa. Al contrario de lo que ocurre con el goce fálico para los hombres, el Otro goce que es el goce propiamente femenino, por estar excluido del significante no permite ninguna identificación para una mujer y en ocasiones produce extravíos, esta facilidad para el extravío debida a la ausencia de límite propia del Otro goce le hace decir a Lacan Todas las mujeres son locas, pero no del todo sino más bien acomodaticias…no hay límites en las concesiones que pueden hacer al hombre al que aman de sus cuerpos, de sus almas , de sus bienes…pero pasado el linde está el límite. El límite es el acto sexual que no identifica sexualmente a una mujer. El límite es el fracaso en el acto sexual, , de la relación sexual, pues el acto no logra establecer una relación entre, el goce perverso de un lado, y el otro goce, del otro. El enfrentamiento a este impase, a esta imposibilidad en la que se define algo como real, es como se pone a prueba el amor, dice lacan en Aún.

El horror a la femineidad que afecta a los hombres tanto como a las mujeres no es simplemente un rechazo, un no querer saber nada de la falta, el horror a la femineidad implica no soportar que haya un goce más allá del goce sexual fálico, un goce sin límite y que ese goce no se pueda nombrar.

Debido a las características de este goce una mujer busca la identidad por la vía del amor, de ahí la gran importancia que tiene el amor para las mujeres y el descalabro que es para una mujer la pérdida del amor. Cuando una mujer pierde el amor, lo que le sucede es mucho más grave que lo que le pasa a un hombre. Ella busca en el amor una identificación que no encuentra del lado de su goce. Mientras que para el hombre el goce fálico le asiste dándole una identificación como hombre, para una mujer la experiencia del Otro goce Otro no sólo no la identifica, sino que al contrario, la extravía, y si mantiene con un hombre una relación orientada por ese goce ésta relación será para ella un estrago.

Lacan lo dice en el Seminario RSI para un hombre una mujer es un síntoma y un síntoma en este seminario es también algo en lo que se cree, pero para una mujer un hombre puede ser una aflicción, incluso un estrago, es decir que tomando en cuenta que el Otro goce es un goce ilimitado una mujer puede querer tener una relación con un hombre con las mismas características y que no haya límites en las concesiones que le hace a este hombre… Es una experiencia que vemos en la clínica, y es también en la experiencia psicoanalítica dónde una mujer puede encontrar el límite que le permita salir de este tipo de relaciones en las que ponen todo en manos del otro.

El Otro goce, la experiencia anonadante que conlleva empuja a la mujer a una absolutización del amor, a querer ser la única, a ser celosa, y en definitiva a darle una importancia y un lugar al amor que no tiene para el hombre, a través del amor ella trata de adquirir un amarre fálico que su goce no le da. De ahí, la tristeza, la depresión, el dolor que la invade cuando pierde el amor, y si vuelve a encontrarlo todos esos sentimientos depresivos desapareceran porque el amor cura la tristeza, es un tratamiento espontáneo de la tristeza.

El amor es un síntoma que permite anudar entre sí dos síntomas autistas, desanudados, permite que haya un lazo con el otro, permite salir de cierta soledad, no de toda. El amor nos permite relacionarnos con los otros.

Bueno, creo que ya es me he extendido suficiente, si les parece pasamos a conversar.

Viviana Berger: seguiríamos escuchándote Araceli, la verdad es que es un placer, ¿quieren hacer algún comentario, alguna pregunta?

Paula Del Cioppo: Hola Araceli, muchísimas gracias, he escuchado con mucho interés, y quería pedirte si pudieras ampliar un poco más esta cuestión de "no la identifica", en ese goce, se me ocurre, ese goce no le ayuda a localizar nada, o bueno, no sé, ¿cómo podríamos entender más? o desarrollar un poquito más este punto, porque me parece super importante, porque es algo que todo el tiempo aparece en la clínica, esta dificultad de situarse a partir de la preeminencia de ese goce.

Araceli Fuentes: gracias por la pregunta, hay una razón que es pura lógica, si se trata de un goce que escapa a las palabras, escapa a la posibilidad de la identificación. Dado que se trata de un goce que solamente se puede experimentar, pero no se puede decir, una mujer no se puede identificar a partir de algo que solo se experimenta, pero que no se dice, para poder identificarse a algo es necesario que ese algo tenga algún tipo de inscripción simbólica o imaginaria pero aquí se trata de lo real ...¿por qué puede el hombre identificarse al goce fálico y la mujer no puede identificarse al Otro goce que es específico de la femineidad? -Si el hombre se puede identificar con el goce fálico es porque el goce fálico está articulado al lenguaje. El goce fálico está articulado al lenguaje, la función fálica es la función castración, es decir que se trata de un goce tratado por el lenguaje, un goce con medida, valga la redundancia, mientras que del lado femenino hay un goce irrepresentable del que nada se puede decir porque está por fuera de las palabras, por fuera del significante y por lo tanto no hay posibilidad de identificarse con él, las experiencias del Otro goce, tal como las cuenta Santa Teresa, por poner un ejemplo son algo del orden del arrebato , hay algo del perderse allí en lo que tiene de ilimitada esa experiencia.

La operación del lenguaje sobre el goce implica la castración, Lacan hace de la castración una función y hay dos maneras de situarse en esa función, estar todo allí o estar no-toda allí. Para el que se inscribe estando todo allí hay un goce que permite la identificación y también la contabilidad, es un goce con medida el goce fálico.

Para quienes no están del todo allí, hay un acceso al goce fálico lo mismo que el hombre pero como ella no está del todo allí tienen acceso a Otro goce que por estar fuera del lenguaje es un goce

Santa Teresa en sus éxtasis y en sus arrebatos no está como sujeto, esta experiencia hace una mujer otra para sí misma, hay algo en cada mujer que la hace extraña a sí misma, ella está dividida entre estas dos experiencias de goce, uno fálico con medida, Otro envuelto en su propia contigüidad.

El Otro goce no está causado por ningún objeto a, lo promueve la infinitud, dirá Lacan. La experiencia de ese goce hace que una mujer esté ausente, es un goce de la ausencia pero no en el sentido de la ensoñación bovarista, no en el sentido del fantasma, sino que implica un más allá.

Hay una película de Kubrick, Eyes wide shut, en el que la protagonista, Nicole Kidman; le dice a su exitoso marido que cree conocerla bien, que un día estando con él en un restaurante se cruzó con un hombre que la miró de una manera que no puede describir pero que si ese hombre le hubiera pedido que abandonara todo, su vida de burguesa rica, a él, a su hijita a la que tanto quiere, lo hubiera dejado todo y le hubiera seguido. Creo que lo que la protagonista vislumbra en este encuentro es precisamente la posibilidad de un goce que está más allá del goce fálico. Hay una hermosa película polaca Ida que también trata de este tema y en la literatura tenemos la obra del escritor francés Claudel, Partage de midi, cuya protagonista, Ysé le pide al marido al comienzo de la obra, es una obra de teatro, le ruega que no se vaya, porque si se va, como el marido sigue con sus propósitos ella insiste, le dice "no estés demasiado seguro de mí", él no la cree y ella tiene que precisar "No sé, siento en mí una tentación… y ruego que esta tentación no me llegue porque no hace falta…Ysé traiciona tres veces con tres hombres, su tentación es la tentación de un amor total ,tan absoluto como irrespirable…Más que un simple llamado al amor, ¿no hay algo más radical en su llamada, la tentación de la nada por excelencia? ¿Qué quiere Ysé? Lo que ella quiere se manifiesta como una tentación y no puede evocarlo sino como ese poder que barre todo, esa fascinación por el abismo, inhumano y emparentado con la muerte.. Lo que Ysé traiciona no es un objeto por otro, un hombre por otro, es más bien a todos los objetos que responden a la lógica del tener y de la falta, en provecho de ese goce abisal. Esto lo puedes leer en mi libro en el capítulo titulado "El goce que la femineidad sustrae".

Para la mujer la castración no es lo esencial aunque esté afectada por ella, es también lo que vemos en el capricho femenino en el que una mujer antepone sus exigencias pulsionales a las interdicciones paternas.

Viviana Berger: me parecen muy interesante dos cosas, uno porque claro, la mujer ahí, pierde su identidad, porque es más bien objeto de su goce, es objeto del goce en su cuerpo, en este sentido se me hace interesante cómo es objeto, no es sujeto, hay algo de esto quizás en la pregunta que traía Paula, de que ahí no había identificación. Lo que me parecía también muy interesante y que té trabajas también en el libro y que mencionas es el punto de la tentación y cómo la mujer está tentada allí al vacío o a este abismo, hay algo de la mujer, y lo que tú dices es que hay como distintas soluciones, entiendo un poco así, por lo que traes ahora. Pedirle al marido que no se vaya para que entonces no sucumba a la tentación, o me parece que también lo ubicas como posibilidad de hacer algo con la tentación en el punto de la asunción, o sea, no tan dependiendo de que el marido no se vaya o sí se vaya, sino me parece que hay un punto en el que tú dices de condescender a la inexistencia de La mujer, condescender a la experiencia de la inexistencia del otro. Podrías ampliar este punto?

Araceli Fuentes: Bueno, lo intento. Esta última parte que traes tú, creo que está referida al problema de la mujer histérica, particularmente. El problema que tiene la mujer histérica con la feminidad, porque a pesar de la buena prensa que tenemos las histéricas en el psicoanálisis, tanta que parece que ninguna mujer en el psicoanálisis quisiera ser otra cosa que histérica, cosa que no es cierta porque hay mujeres obsesivas y hombre histéricos, pero en fin la histérica tiene un problema particular con la femineidad que se trata durante el análisis. La histérica, en las fórmulas de la sexuación se sitúa del lado masculino de las fórmulas, no hay que confundir el hecho de que ella se interese en el enigma de la femineidad con asumirlo. Se interesa por la mujer del hombre es decir que se interesa a través del hombre, desde la perspectiva masculina, ¿qué es es ser una mujer para el deseo de un hombre sería su pregunta por excelencia?, Y no es lo mismo interesarse que asumirla, lo fundamental de la posición histérica es el interés del sujeto histérico por el síntoma de otro. Es su pregunta, es la pregunta que encarna la neurosis, es el caso de Dora, la famosa paciente de Freud, Dora se interesa en la otra mujer, la Sra. K. amante de su padre. La pregunta que se pone en juego es ¿Qué es ser una mujer para el deseo de un hombre? Y como para el deseo de un hombre una mujer es siempre un objeto plus de gozar, la respuesta que se da Dora tiene que ver con el plus de gozar oral que prevalece en su fantasma. Para Dora la mujer es la que chupa, la que goza oralmente pues como decía Lacan, Dora no pudo separase de un primitivo objeto oral.

La pregunta por la femineidad se resuelve así por la vía del ser, la vía ontológica, una mujer es…

Cuando tratamos de responder a partir del fantasma la respuesta es que encontramos es la pulsión. Una definición de lo que lo femenino es a partir de la pulsión, el problema es que la pulsión no define el sexo, la pulsión es a-sexual y el goce propiamente femenino no es del orden del ser, no responde a la pregunta por el ser que en el caso del hablante es un ser que depende del lenguaje. Es el lenguaje el que dice lo que es y lo que no es, la definición de parlêtre significa que el ser que habla toma su ser del lenguaje, mientras que el goce femenino está, no del lado del ser sino del lado de la ex –sistencia, luego responder a la pregunta ¿Qué es una mujer? Diciendo la mujer es….nos conduce a un impase ontológico que nos aleja de la ex sistencia que está del lado de lo real, siendo su goce heterogéneo al ser.

En esto la histérica no se distingue del hombre quien también toma a la mujer como un plus de goce, el de su fantasma.

La respuesta de Dora es la de situar el objeto privilegiado para ella, el objeto oral en el agujero del Otro, en lugar de confrontarse a él, en ese sentido el fantasma es una defensa contra la femineidad tanto para un hombre como para una mujer. Sólo atravesando el fantasma hay la posibilidad de confrontarse con algo de lo heterogéneo del goce femenino.

En el caso de las mujeres obsesivas no hay un interés por la otra mujer como en la histeria sino que existe la tendencia, el empuje a hacer de aquello que se presenta como diferente un Uno, el sujeto obsesivo hace o intenta hacer del Otro un Uno, rechaza la otredad. Por esta razón se explica el odio que algunas mujeres obsesivas tienen a los hombres ya que éstos si pueden hacer Uno, es decir que les resulta más fácil que a las mujeres siempre expuestas de alguna manera al agujero del Otro. Para ellas, como para las histéricas el análisis puede permitirles atravesar el fantasma, descompletar al Otro, encontrarse con su inconsistencia y por esa vía acceder a ese lugar en donde falta el significante en el Otro. La falta de la que se trata no es lo que le falta al Todo, lógica masculina, sino la falta de la excepción que permite constituir un todo, del lado femenino no hay la excepción y por tanto es imposible fundar el todo de la mujer, por eso su goce está afectado por lo ilimitado. Esthela Solano en un libro que se llama, Finales de análisis, editado en Argentina, cuenta muy bien como en el momento en que la nombran AE, le invade la angustia obligándola a hacer un tramo de análisis que le permitirá situarse del lado femenino de las fórmulas, si están interesados en este tema les sugiero que lo lean.

Gabriel Roel: Sí Araceli, por eso tú lo indicas muy bien cuando hablas de la cuestión ontológica porque precisamente eso es lo que se omite y no cachamos en Lacan cuando dice que el ser no se puede decir, en tanto se podría decir, entonces hay una confusión, porque en realidad es un relampagueo el ser ahí, por eso está muy bien tu precisión cuando calificas lo ontológico ahí.

Araceli Fuentes Sí, en el fantasma hay es un plus de gozar, es un goce fálico, pulsional, y este es al que Lacan se refiere como ser de goce del sujeto y aunque dice que está siempre en otra parte refiriéndose a que el objeto a no está representado por el significante pues se sitúa en sus intervalos, sin embargo, se trata de un goce que el lenguaje ha podido domesticar, recortar, el del objeto a.

Lo que dice Lacan en Aún, es que el ser es un ser de palabra, que es la palabra la que dice soy esto o aquello, cuando queremos decir lo que es una mujer estamos en la ontología del ser, pero esa es una respuesta falsa porque el goce femenino no puede ser aprehendido por vía del ser sino de la ex -sistencia. Es decir, que como el goce femenino escapa a las palabras, escapa también al ser que está hecho de palabras.

Juan Citlaltémoc Gómez: El hombre está buscando siempre en esa masculinidad poder sostener un falo y de pronto en la mujer en un momento puede acceder a ser ese falo para ese hombre, pensando que esto puede ser momentáneo, ¿el hombre podría acceder a través de ese falo que es la mujer a ese otro goce femenino?

Araceli Fuentes: Bueno, creo que hay dos cuestiones en esta pregunta. Una es que dentro del tener fálico un hombre puede tener una mujer, como tiene un coche, es decir que para el hombre la lógica en la que se sitúa como hombre es la del tener, él está del todo en la función fálica.

Una mujer "es el falo" en el amor, pero eso no cambia el lugar que una mujer tiene en la económica libidinal de un hombre. Para un hombres una mujer es siempre un objeto plus de gozar o un síntoma en el que un hombre puede creer.

A través de una mujer un hombre no accede al goce femenino, lo que no quita para que un hombre, es el caso de San Juan de la Cruz, un místico, pueda situarse en la lógica femenina sin que eso haga de él un homosexual. La homosexualidad masculina se sitúa en la lógica fálica.

No es la anatomía lo determinante sino la posición que el sujeto elige respecto a la función fálica, estando del todo en ella (hombre) o no-toda en ella (mujer). Si nos atenemos a la lógica que Lacan despliega en Aún, se es hombre por haberse situado en la lógica del todo y la excepción independientemente del sexo biológico y mujer por haberse situado en la lógica no-toda fálica.

Viviana Berger: Una pregunta, ¿podíamos pensarlo que la lógica del no- todo, no en la vía del acceso al goce femenino, si no en la vía del amor del Seminario XX? , que le abriría a un hombre otra vía a amar de otra manera, un poco más allá del narcisismo,

Araceli Fuentes: Sí, creo que se puede esperar de un análisis que permita amar de otra manera , ¿qué sería amar de otra manera? Por haber discernido el real que le ha tocado a cada uno la soledad se vive de un modo diferente, más radical pero a la vez menos sufriente. Por otra parte, la demanda de amor como demanda de complemento pierde fuerza en el análisis al encontrarse con los imposibles de la estructura. Lo real opaco del síntoma permite desengañarse de los espejismos de la verdad y de las vanas esperanzas que esta genera, y el amor puesto a prueba de lo real tiene otras características pues no vela la inexistencia de la relación sexual, toma otras formas, menos parlanchinas, más sutiles, el misterio del amor no se reduce pero queda relacionado con el inconsciente porque este nuevo amor reconoce al Otro, la forma en que el Otro ha sido afectado por el saber no sabido de lalengua.

Para una mujer el amor tiene un lugar relevante por todo lo que hemos dicho relativo a su goce y a la necesidad de darse un amarre fálico por medio del amor, para soportar ser otra para sí misma.

El análisis también puede permitirle aceptar esa otredad, esa división, sin tener que recurrir a la absolutización del amor cuando se hace vecino de la muerte. El amor sigue guardando su misterio.

Viviana Berger: y que debe conservarse.

Araceli Fuentes: Lo interesante de la nueva manera que tiene Lacan de hablar del amor en el Seminario Aún es que permanece el misterio y por eso el reconocimiento del que habla es enigmático. Hay un reconocimiento del Otro pero es enigmático. La experiencia analítica nos permite conocer las determinaciones inconscientes de nuestra manera de amar pero no anula el azar de los encuentros y posibilita hacer elecciones nuevas, diferentes. Haber hecho en el análisis la experiencia de que no hay garantías en el Otro aligera nuestras relacionas de amor y de amistad

Viviana Berger: no sé si ¿alguien más quiere hacer alguna pregunta?

La verdad Araceli, nos has hecho una contribución para el marco epistémico de nuestras Jornadas enorme, creo que nos has dado los elementos claves que venimos trabajando sobre todo, particularmente con más fuerza, pero creo que tu aporte es realmente valioso para pensar esto que nosotros lo planteamos justamente del lado del problema "NI contigo ni sin ti" y tú nos estás diciendo cómo puede ser algo más pacífico. En ni contigo ni sin ti hay algo que rescaté y se lee muy bien en el libro que es este punto de la asunción de esta soledad, pero no con un resto resentido, digamos, porque me parece que eso da cuenta de que el Otro todavía existe, sino que a partir de eso la asunción de esa soledad y bueno entonces el amor, el amor a un Otro de otra manera, entonces, nos saca del ni contigo ni sin ti.

Araceli Fuentes: Por supuesto hace falta el tiempo del análisis, el tiempo necesario para cada uno para que el cambio que el psicoanálisis puede ofrecer se produzca, en cualquier caso se trata también de la ética de cada sujeto frente a lo real y de hasta dónde quiere llevar las cosas.

Viviana Berger: Entiendo que implica la asunción de que no hay Otro, entonces no es ni contigo ni sin ti, es No hay Otro.

Araceli Fuentes: gracias a vosotros por vuestra invitación. México tienen un lugar muy importante en el corazón de los españoles, ya que estamos hablando del amor, México fue tierra de acogida para los españoles que tuvieron que dejar nuestro país a causa de la guerra, también otros países de latino América con quien nos une el amor por la lengua. Bueno, muchas gracias por sus preguntas, para mí ha sido un placer estar esta mañana con ustedes.

Viviana Berger: Muchísimas gracias nuevamente.