GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 11 - MAYO 2019
 

PSICOANÁLISIS Y CRIMINOLOGÍA - Segundo ciclo de video conferencias
Ciudad de México, 4 de abril 2019

Práctica analítica en dispositivos de encierro
Irene Greiser (EOL)

Irene Greiser: El estado actual de la civilización produce una crisis de normas y confronta a los analistas a intervenir en lo que llamamos síntomas sociales, como pueden ser las patologías del acto, adicciones y también lo que llamamos pasajes al acto delictivos. Todo esto de algún modo fue advertido en un escrito precursor de Lacan, que es “Psicoanálisis y Criminología”.

Un poco lo que quiero transmitirles es lo que advierto en los analistas que trabajan en este tipo de dispositivos, en relación al monto de angustia que esta práctica en particular los confronta, una respuesta puede ser que queden encerrados en los muros identificados a la angustia del encierro, o que como defensa frente a la angustia se abroquelen en una posición burocrática cumpliendo su horario pero sin pensar en su práctica, otra es pensar esta práctica en particular, celebro entonces la iniciativa de Viviana para compartir este espacio junto a otros colegas de otras escuelas de la AMP y poder hacer un uso instrumental de esa angustia.

Voy a tomar la perspectiva, lo que ocurre en los dispositivos carcelarios desde una perspectiva de género pero pensada desde el psicoanálisis, ¿a qué me refiero con esto? Voy a tomar una clínica de lo que ocurre en cárceles de mujeres y cárceles de hombres, y otra vertiente que me interesa también qué lugar tiene ahí el discurso religioso.

De algún modo armé una casuística, ¿Cómo se arma una casuística?, se arma extrayendo un rasgo y con una repetición de casos, con un solo caso no podemos armar ninguna casuística, entonces hay algunas cuestiones que voy a situar, una es desde la perspectiva del uso del cuerpo en las cárceles de hombres, en las cárceles de mujeres, y por qué tipo de delitos por lo general caen detenidos.

En la Argentina, por lo general, existen en los servicios penitenciarios, dos tipos de dispositivos, uno es de clasificación, y allí estos se ocupan de traslados a otras unidades penitenciarias, o el traslado de los reclusos a otros pabellones, y también un dispositivo asistencial que es cuando el recluso pide ser escuchado; el tema es que este pedido de escucha puede estar ocupado por un psi creyente en los ideales de resocialización, y también se ofrecen sacerdotes, por eso me interesa introducir la cuestión de cuál es el valor que puede tener lo religioso dentro del penal.

 

Voy a tomar primero la cárcel de hombres.

De cierta forma el Siglo XXI nos confronta con una clínica que responde a un nuevo ordenamiento, tanto de lo simbólico como de lo real, hay un declive del orden simbólico que afecta al cuerpo. Miller para el Congreso de 2016, propone a través de Joyce el Sinthoma, la sustitución del inconsciente freudiano por el neologismo del parlêtre. De alguna manera, el cuerpo que en un primer momento era tomado desde la perspectiva de lo imaginario, pasa a ser tomado desde la vertiente de la consistencia corporal. Me interesa situar esto por ciertos usos que se hacen del cuerpo en situación de encierro, digamos, una casuística que se repite a menudo. Hay una cierta dificultad para atravesar el muro del lenguaje, entonces esto plantea dos cuestiones: por un lado nos encontramos con una casuística donde la mayoría son casos de homicidios, y las demandas al otro que pueden ser los médicos, el juez, los trabajadores sociales, el guardia cárcel también, en general no son demandas articuladas a la palabra y hacen uso del cuerpo de un modo totalmente torturante, se manifiesta el pasaje al acto como una modalidad preponderante para dirigirse al Otro, no se trata allí de un cuerpo metafórico, tampoco es un cuerpo que funcione como caja de resonancia, sino que esos cuerpos marcados en lo real, que están cortados por navajas, que están cosidos por alambres de púas, hacen un uso totalmente tortuoso del cuerpo, por eso es importante la referencia de Joyce, el Sinthoma, porque Lacan nos advierte que cuando un cuerpo se lo tiene, a ese cuerpo se lo adora. Entonces lo que verificamos es que ahí lejos de hablar de una relación de adoración al cuerpo cuando se tragan tenedores, se cosen la boca con alambres oxidados, muchas veces se queman el cuerpo. Si bien los dispositivos de encierro son medios totalmente inhumanos la intervención de un analista puede ayudar a que ese sujeto pueda cuidar su cuerpo.

Hay otra cuestión que es interesante que acá nosotros en Argentina se llama el lenguaje “tumbero” o sea, ellos mismos inventan una propia jerga; hay una jerga muy común que ellos usan que es “hacerse cabida”, o sea, ellos la usan como expresión que da cuenta de cómo llegar al Otro, para eso se valen muchas veces del cuerpo para llegar al otro, esto que yo les contaba de coserse con alambre de púas; otra expresión muy común es “me voy a buzones”, buzones es quedar aislado, se observa una clínica de mucha violencia y a veces ellos mismos se mandan a buzones, o sea buzones es donde quedan totalmente aislados del resto de los reclusos.

¿Qué ocurre con la relación al Otro? Son sujetos que mantienen con el Otro, fundamentalmente con el Otro materno, una relación de veneración o de un intenso odio, pero lo que es claro es que desde el Otro materno se le traza un destino que como tal, no articula de algún modo la castración, en el sentido de poner un límite al desenfreno pulsional, entonces se verifica una casuística donde un ordenamiento es sustituido por otro que Lacan denominó “orden de hierro”, lo denominó así en el Seminario 21, allí refiere que ese ordenamiento es el signo de una degeneración catastrófica y que ese orden de hierro viene trazado desde el Otro materno y lo asume lo social. Por ejemplo, digamos que son nombrados para el mal, como los “pibes chorros”, “nenes malos”, estos jóvenes muchas veces son capaces de dar la vida con tal de que a la madre no le falte nada, son capaces de inmolarse por ella, con tal de satifacerla, cumplen a rajatabla un mandato materno, uno podría decir que sus cuerpos no han sido falicizados por el Otro materno. La relación con el Otro materno se verifica en una casuística que se repite, invadida de odio, de rencor, de bronca, es como que el Otro ha tomado para estos sujetos la forma del Otro malvado. Entonces la escucha analítica puede funcionar como un antídoto a ese imperativo de goce que lo lleva a autolesionar el propio cuerpo, o aunque las cárceles también sean totalmente inhumanas, se verifica muchas veces que el pasaje al acto suicida se da cuando están por obtener la libertad y a veces en las cárceles es el único lugar donde quedan a salvo de ese dictado materno.

Me gustó mucho lo que citó Viviana en su texto introductorio haciendo de algún modo un deslizamiento semántico “Hablo a las paredes” a Hablar desde las paredes. Miller dice que para franquear el muro del lenguaje se requiere de un amuro, o sea, introducir una palabra agalmática, esto puede ser la oportunidad de ayudar a un sujeto a franquear ese muro del lenguaje.

Voy a tomar dos viñetas muy pequeñas dado que muchas veces se trata de un solo encuentro. Un ejemplo de ello lo podemos ver en un recluso que llega con la boca cosida y a pedido de las autoridades de la cárcel, le pide a la psicóloga que atiende ahí que por favor lo discipline, y qué consiga que se descosa. Entonces, lo que ella le dice es “de ese modo no puedo escucharte”, es importante el lugar que tiene el psicólogo que puede estar ahí, porque ellos saben de alguna manera que es un lugar donde son escuchados de algún modo, cuando ella le dice “de ese modo no puedo escucharte”, el sujeto se descose. Podemos decir que fue un efecto que vino por añadidura. Muchas veces se presentan como cadáver frente al otro para obtener algún beneficio. La intervención de la psicóloga no fue disciplinarlo para que abandone la medida de protesta sino tan solo escucharlo. Por eso mismo podemos decir que si hubo un efecto terapéutico lo fue por añadidura.

Hay otra viñeta de un recluso que es portador de HIV que es entrevistado por la analista a pedido de las autoridades de la cárcel, el recluso consume cocaína y se inyecta desde los 12 años cualquier sustancia en el cuerpo, no hay nada que funcione como un freno a lo que él se inyecta en el cuerpo, cuando se va de la analista, ésta le dice “cuidate”; es casi como un efecto que podríamos decir del orden de lo sugestivo, viene a la próxima entrevista y le dice que se empezó a cuidar, es importante lo que dice el sujeto y la resonancia que tuvo esa palabra en él “mi mamá nunca me dijo cuidate”, o sea, hubo una palabra agalmática que resonó en su cuerpo y tampoco fue una intervención calculada.

Hay algo que empezó a funcionar en las cárceles de Argentina a partir de la introducción de una ley que permite lo que se llama las visitas higienicas. Antes sucedía que había uno dentro de las cárceles que violaba a los demás, ahora en las cárceles ellos tienen su chat, existe un chat donde ellos se comunican con las cárceles de mujeres, tambien hay mujeres que sin estar detenidas se prestan para ir a las cárceles para tener la visita íntima con los reclusos. También son visitados por sus parejas.

Existen distintos pabellones, no me voy a referir a cada uno, pero existen pabellones evangelistas, pabellones de transexuales, es todo un ámbito para investigar realmente inclusos las transas carcelarias a las cuales me referí en otra oportunidad.

 

La clínica en la cárcel con mujeres

En general los delitos por los cuales se encuentran detenidas obedece a causas diferentes que en las cárceles de hombres, no es que no existan casos de infanticidios o femicidios, pero por lo general se verifica una casuística en la donde quedan detenidas por la ley de estupefacientes y no tanto por pasajes al acto criminal.

Son mujeres usadas como mulas, lo cual confirma una clínica de pasiones desenfrenadas, hay veces que no hay un freno en las concesiones que una mujer puede hacer por el narcotraficante. Se verifica de algún modo la clínica que Lacan señaló respecto de la posición femenina, como una clínica del descontrol a las pasiones.

En general, no se verifica tanto ser ellas las consumidoras, pero sí cómo son usadas, a veces es su medio de vida y muchas veces se las confunde con que ellas consumen, pero en su mayoría hay una relación estragante con el narcotraficante. Se verifica entre ellas más camaradería que en los penales de hombres, y no es tan frecuente la violencia.

 

El cuerpo

Me quiero referir un poco al uso que hacen del cuerpo que es totalmente diferente al penal de hombres. El cuerpo no es utilizado como un instrumento para llegar al otro sino que hay un anudamiento entre cuerpo y palabra. Nos encontramos más con una clínica semejante al internado descripto por Freud y se verifica una cierta camaradería entre ellas, por ejemplo, hay un taller de uñas esculpidas, un taller de costura, hay un taller de peluquería y si una logra salir con el novio, todas están alrededor arreglándola para el día de esa salida. También hay un lenguaje especial entre ellas, suelen decir “chongo” del que hace de hombre; “ma” es la mujer grande, “doña” es la que regentea y a la que se le tiene cierto respeto. Respecto al uso del cuerpo hay una jerga que ellas usan, “periquear”, que quiere decir introducir objetos que puede ser droga o pastillas dentro de la vagina, hasta celulares, pero no se observa una clínica donde se introduzcan objetos cortantes en el cuerpo. Hay una clínica del sufrimiento por amor, una reclusa decía “yo me trago todo”, tragarse el sufrimiento es un uso metafórico del cuerpo no es lo mismo que tragarse un tenedor, una cosa es la mortificación significante en el cuerpo y otra es la mortificación real y tragarse en lo real un tenedor. Por eso es interesante poder hacer una lectura desde el psicoanálisis desde la sexuación y cómo podemos pensar la cuestión de la consistencia corporal que Lacan desarrolla a partir de su última enseñanza. La homosexualidad por lo general es transitoria. En el lenguaje tumbero chongo es la que se trasviste de hombre y son las que regulan las normas en los pabellones, Ma, diminutivo de madre Doña.

 

La religión en los penales

Hay otro punto aparte que no da tiempo de desarrollar que son los pabellones de transexuales.

Y una cuestión que me parece interesante tomar en relación a la cuestión de lo religioso en los penales, porque también existen los sacerdotes.

Hay un texto de Eric Laurent que se llama “De la locura de la horda al triunfo de las religiones”, dice ahí Laurent que ese declive de la autoridad paterna conlleva de algún modo a la horda de los hermanos, el pastor evangelista a diferencia del capellán o del rabino de algún modo, pienso que esto es interesante para hablar del triunfo del sentimiento del religioso, cómo el psicoanálisis piensa esta cuestión y ver cómo va a sobrevivir ¿Cuál es nuestra tarea para que sobreviva el psicoanálisis?

El pastor evangelista es un hermano, muchas veces hay pastores evangelistas que son ex-adictos, que ellos prestan su cuerpo y predican con el ejemplo, ¡Ojo! también pueden predicar con la tolerancia cero. El pastor pastorea las ovejas las conduce.

Hay un texto de Miller que a mí me parece realmente una joya, es “En dirección a la adolescencia”, voy a tomar una partecita de ese texto, dice Miller que el declive del patriarcado y el triunfo más que la religión precisó que se trataba del Nombre del Padre según la tradición, pero la tradición cristiana, entonces hace una referencia al islam, y dice así “el islam sabe qué hay que hacer para ser una mujer, para ser un hombre, para ser un padre, para ser una madre digna de ese nombre” y ahí es donde los curas y los rabinos vacilan, y ni hablemos de los profesores laicos, ahí de algún modo tiene una respuesta a la no relación sexual, y prescribe una estricta separación entre los sexos y hace de la no relación sexual un imperativo.

Quiero contar un caso que discutimos en un grupo de discusión clínica, se trata de un sujeto que se anuda a partir de la religión, cae preso, la causa es por robo y violación, no es de una condición marginal, él dice que él nació de una buena familia, que el único problema fue que los padres no supieron ponerle un límite; estudió abogacía (en la cárcel) y él dice que cuando salga del penal va a poner un estudio jurídico -es bastante frecuente que en las cárceles estudien abogacía o psicología- con lo cual vamos a tener cuidado en qué estudio jurídico o psicólogo elegimos (risas). Este hombre dice que a él no le interesan las relaciones sexuales, es interesante la forma en que él relata las condiciones en que cae preso, él dice que se casó con una amiga, que ella quedó embarazada, se casó pero que el matrimonio no funcionó, se separó, y empieza a frecuentar boliches swingers y que él era “un barco a la deriva”, que veía orgías, que vendía su cuerpo, después de salir de uno de esos boliches sale a robar con un amigo, entran a una casa y él ve que el amigo se hace practicar sexo oral y él dice “no era una fantasía mía, pero como vi que él lo hacía, también lo quise hacer”, algo como del orden del mimetismo, “mi límite era no matar”, pero en relación al sexo no tenía límite. Él dice que antes de entrar a la cárcel nada lo conmovía, que no sentía el cuerpo y que tenía la conciencia cauterizada, incluso el analista le pregunta qué quiere decir esto, pero no da demasiadas asociaciones ni significaciones de esto de tener la conciencia cauterizada, decía “nada me excitaba”, y la cárcel lo estabiliza, él conoce en la cárcel un testigo de Jehová, que es otra congregación que tiene bastantes adeptos, tiene un auditorio más grande que cualquier universidad de acá; él dice “asumí mi culpa”, pero en realidad no hay una posición de responsabilidad, solo dice que está mal lo que hizo, pero dice que “a través de la cárcel y el testigo de Jehová me puse un freno”, él dice que antes él elegía mujeres lindas y ahora está en pareja con una fea, que es curioso porque se pone en pareja con la coordinadora de la cárcel, estudia derecho en la cárcel y es interesante lo que dice, porque él tenía una psicóloga particular y dice que la religión lo ayudó más que la psicología, dice “cambió mi paradigma“, “cuanto menos deseas, más libre sos”, despojarse de las relaciones carnales, “eso lo aprendí a través de este padre”. Los testigos de Jehová lo que hacen es leer la biblia fundamentalmente, y dice que lo que lo salvó fue someterse a la voluntad divina pero a través de ser “testigo de Dios”, entonces creo que textos tales como Introducción del psicoanálisis en la Criminología y el Triunfo de la religión, son dos textos precursores que los psicoanalistas tenemos que estar atentos en este momento, por eso Lacan dijo que se trata de cómo hacer que sobreviva el psicoanálisis frente a la base del sentimiento religioso, porque si fue premonitorio, ese texto lo fue en el sentido que tanto Introducción del psicoanálisis en Criminología como el Triunfo de la religión fuero textos en los cuales Lacan advierte el porvenir, son profesías lacanianas. Por eso quise trasmitirles a través de esta viñeta la proliferación de las religiones dentro de penales, por lo general no son sacerdotes ni rabinos sino evangelistas o en este caso Testigo de Jehová.

Si les parece dejamos acá y abrimos un espacio para las preguntas.

Viviana Berger: Muchísimas gracias Irene. Nos has alentado con las viñetas que has transmitido y los desarrollos que has planteado para que tengamos una conversación a partir del intercambio de lo que es nuestra experiencia en las cárceles de hombres y mujeres, que tienen algunos puntos en común y algunos puntos que podrían quizá confrontarse. En un texto del Director de Psicología de la cárcel de hombres, él aborda el tema del cuerpo en la cárcel, y entonces lo que ubica del lado de la cárcel de los hombres es que la institución carcelaria hace una intervención sobre el cuerpo sumamente drástica, no sólo porque lo encierra, sino porque además ese cuerpo pierde toda intimidad, parece ser que hay un contacto muy próximo entre los cuerpos, obviamente no tenemos habitaciones single, sino que son pabellones donde se comparte casi todo y se está a la vista del otro, lo que él transmite es que al tener el cuerpo desnudo del otro tan próximo, esto tiene un efecto muy fuerte y que valdría la pena interrogar sus alcances. Tú lo planteas más del lado del hacerse mal, de eso que retorna con una violencia sobre el cuerpo propio como coserse la boca, el alambre de púas, las violaciones, ejercer violencia sobre el cuerpo del próximo, y cómo en las mujeres al contar con el semblante produce una mediación o una preservación de la intimidad del cuerpo, porque vía la costura, las uñas, el maquillaje, tenemos todos elementos del semblante que permiten preservar o velar esto que en el caso de lo que se cuenta de la cárcel de los hombres queda muy al descubierto, digamos no tiene mediación del semblante ahí -la primera cosa que se me ocurrió pensar para abrir esta conversación. Sobre todo lo que veíamos en la cárcel de los hombres es la presencia más descarnada de la pulsión de muerte, quizá también porque no está este recurso del semblante, no lo sé, pero hay una cuestión delicada allí, porque aunque también hay suicidios en las cárceles de mujeres, tú decías que en la cárcel de mujeres no se veía la misma violencia que en la cárcel de los hombres, los casos que nosotros escuchamos en la cárcel de hombres son como montados sobre escenas fantasmáticas que a veces no son fantasmas, que son delirantes, muy ominosas, como si hubiera un goce perverso funcionando de una manera más cruda. El dato de estos nombres para el mal que llegan vía la palabra materna, eso me interesó mucho, nombrados para el mal. Había un caso que vimos recientemente de un recluso que decía “soy una alimaña”, estaba fijado en ese S1 alimaña, que sostenía una cuestión melancólica, pero a la vez perversa de hacerle mal a los otros, de montar escenas para todos aquellos que lo ayudaban, porque parecía que era una persona en su imagen que invitaba a ser ayudada, y finalmente los terminaba traicionando y haciéndolos sufrir de “el ser alimaña”. Me parece que hay que pescar cuáles son esos S1 que nombran el destino y el origen a la vez, lo que les da el origen y destino y en lo que en realidad están presos y terminan presos en una institución que lo que hace es tratar de contener este mal que se desparrama con sus actos.

I.G.: Por lo general, lo que se verifica en las cárceles de hombres en su gran mayoría son psicosis, cosa que no se verifica tanto en los penales de mujeres, por eso yo hice esta distinción que vos apelaste bien a que hay un uso de semblante, más metafórico, creo que esta cuestión para mí cuando Lacan dice que se sustituye un ordenamiento por otro en el Seminario 21, él lo llama “el orden de hierro”, es un ordenamiento que no articula un No, no articula un límite y Lacan lo llama que es el signo de una degeneración catastrófica, se les traza un destino y ahí no hay un límite a este destino mortífero que es trazado desde la madre, en este caso que nos contás Viviana creo que das cuenta de eso. Recuerdo otro que trajeron donde decía “mi mamá me dice El Cortocircuito” y entró al penal y metió los dedos en el enchufe, se quiso electrocutar; certifica una clínica donde hay mucha psicosis realmente. Por eso digo que es una casuística que se construye alrededor de muchos casos, porque con un solo caso no podemos armar una casuística, sí cuando hay varios casos y se van repitiendo, ahí podemos armar una casuística que no es válida para todos, pero si hay un rasgo que se repite.

Cinthya Estrada: Primero pues, muchas gracias por esta referencia, realmente muy interesante como dice Viviana, tenemos puntos que coinciden, algunos que hemos estado problematizando. Yo tengo dos preguntas, una es cómo es el dispositivo o la manera en cómo ustedes inciden en estos centros, que es una cuestión más pragmática, ¿cómo están ahí?, otra en relación a esto de la violencia y del género, digamos que es una cuestión para mí muy problemática porque para nosotros en la cárcel de mujeres donde vamos, es un psiquiátrico, entonces se ven casos de psicosis, y esta cuestión del movimiento al semblante no se ve tan presente en muchos de los casos que hemos alcanzado a escuchar, hay también una violencia muy fuerte pero sí vemos con otras tonalidades pero igual muy presente, pero quizá la diferencia que hemos observado es que no hay, no se ve en todo caso esos casos perversos, como de describir el pasaje al acto que los llevó ahí, en muchos de los casos con violencia extrema, entonces quisiera ver si se puede problematizar esta cuestión de género y violencia, y si es posible también abordar un poco sobre el pabellón de transgénero que es un tema que nos podrías ayudar a problematizar.

I.G.: No tomé esa perspectiva, pero hay pabellones que son de transexuales, no tomé esa casuística, pero esto también existe y es un problema, porque no los quieren las mujeres ni los hombres, hay pabellones de transexuales; lo que pasa también es que existe el hospital psiquiátrico, hay muchos casos de mujeres que están alojadas en lo que son los hospitales psiquiátricos, es una clínica compleja, y hoy en día con toda esta cuestión de la violencia de género, por ejemplo, el tema de las drogas que la mayoría de las mujeres están detenidas por la ley de estupefacientes; hubo un caso y a mí me parece interesante cómo lo podemos pensar desde el psicoanálisis, hay muchos dispositivos que de pronto quienes organizan todo lo que son los programas penitenciarios no están atravesados por el pensamiento psicoanalítico y entonces utilizan ciertos protocolos que no son los que estamos acostumbrados a manejar nosotros; por ejemplo, piden indicadores de reincidencia, si hay arrepentimiento o no, los jueces muchas veces están en una situación sumamente difícil porque están en una situación en la cual deben aplicar la ley y en función de ello le tienen que dar salida porque la ley así lo prescribe aunque el sujeto vuelve a reincidir, es decir, hay que ver los límites que tiene el arrepentimiento y también los límites del perdón. Hubo un caso muy terrible donde una reclusa le puso droga en el ano al niño y a partir de eso prohibieron las visitas de los chicos adentro del penal. Digamos que la cuestión de las drogas, en general, las mujeres caen por este motivo; también está el hospital psiquiátrico, los analistas que supervisan conmigo esta clínica, trabajan y verifican esta clínica donde ellas caen por la ley de estupefacientes, y hay veces que la intervención lo que puede llegar a hacer, es que la mujer encuentre algún freno a ese estrago amoroso que tiene con el narcotraficante; esa puede ser una intervención ahí, no es que no haya violencia en las cárceles de mujeres pero no es la que hay en las cárceles de hombres, en las cárceles de hombres se verifica una psicosis brutal, un uso del cuerpo en donde no hay ninguna consistencia corporal, aunque el sujeto no delire nos tiene que hacer pensar en un cuadro psicótico, es como lo podemos pensar desde el psicoanálisis, y también estar advertidos del triunfo que tienen las falsas religiones, hay pabellones de evangelistas, y este caso que les contaba es el caso de un recluso que aun habiendo tenido tratamiento psicológico, él claramente dice que lo que lo ayudó a él fue el que funcionó como un padre, a través de leer la biblia y a través de los testigos de Jehová que él se anudó, y le puso un freno a lo pulsional.

José Ruíz: Muchísimas gracias Irene, realmente fue una conferencia muy iluminadora para nosotros, tocas temas con los que nos hemos estado topando, iluminando ciertos funcionamientos, por ejemplo el argot carcelario y cómo habla de la situación que están viviendo, me llamaba la atención lo que señalabas de la gente que interviene dentro de la propia cárcel, de los empleados por decir así, cómo se mueven estas fantasías de encierro, o cierta apatía, sobre todo al inicio nos topamos mucho con esto y tras un año de trabajo algo de esto se ha comenzado a conmover, cómo cierto cambio de la escucha, apuntar a qué podría ser particular o singular en un caso y eso es interesante. Justo de lo que Cinthya comentaba de la cárcel de mujeres, del pabellón psiquiátrico, vemos que la madre aparece sumamente problemática en muchos casos, como un detonador de acting out o pasajes al acto, pero también un delito que aparece con mucha frecuencia es el infanticidio, entonces vemos cómo la maternidad se vuelve muy problemática para ellas también. Algo que también se da mucho acá, es que entran por el delito de estupefacientes, sin ser usuarias, pero en la cárcel aprenden a serlo, es algo que han reportado mucho por acá. De esta cuestión del suicidio que se verifica más en hombres, también nos hemos encontrado acá cómo el suicidio afecta, mueve a la comunidad que se forma, lo que se puede estabilizar, y preguntarte en esta casuística, ¿qué han encontrado cuando ocurre el suicidio en las cárceles de mujeres, me parece que tiene unas coordenadas un tanto diferentes?

I.G.: La perspectiva del suicidio está tanto en un lado como en el otro; recuerdo que una vez una psiquiatra en un penal de máxima seguridad me vino a ver muy asustada, porque había sido sumareada. Ahí no había contacto entre los internos y se habían producido varios suicidios en el mismo momento, no tenían ningún contacto entre ellos, les pasaban la comida por debajo de las celdas, y las cosas fueron cambiando un poco.

Trabajo mucho con jueces también, y hace poco me comentaba una jueza cómo ellos están en el banquillo de los acusados porque de pronto les tienen que dar la libertad y piden indicadores de prevención del delito, de reincidencia, como si uno fuera un gurú realmente, tampoco se puede prevenir el suicidio, yo creo que esto nos confronta de alguna manera; por eso la inserción social del psicoanálisis son dos cuestiones distintas, uno lo que puede escuchar ahí es el sufrimiento de un sujeto, la jueza por ejemplo me decía “los jueces no tienen la culpa del malestar en la cultura”, bastante atravesada por el psicoanálisis, pero el suicidio es bastante corriente, pero en lo que yo, aunque no quiero generalizar, hablando de mi práctica es más común en hombres que en mujeres, porque a las mujeres las pasan al hospital psiquiátrico. Me acuerdo de un caso de una mujer que era muy interesante en relación de que realmente había un arrepentimiento, ella era peruana y cae detenida en Argentina por tráfico de drogas, ella dice que está arrepentida de lo que hizo porque quedó separada de sus hijos y realmente el precio que ella estaba pagando por el delito cometido más allá del encierro carcelario era con los hijos, es decir, hay que ver uno por uno cómo el sujeto paga, con qué paga con su delito más allá del encierro; en ese sentido, la función social del psicoanálisis es uno por uno, y hay un punto que desde lo social a lo que se apunta es al bien común, y nosotros no creemos en el bien común, sabemos de los límites del perdón y que este no puede ser colectivo , de los límites del progreso, entonces si bien creo que es importante que haya psicólogos, es fundamental con una orientación psicoanalítica dentro de los dispositivos de encierro, por lo que me parece brillante esta convocatoria tuya Viviana, es útil y es interesante poder tener este intercambio para saber lo que pasa en otros países, no en todos es lo mismo. La otra vez un sociólogo decía que tendrían que ver qué pasa en los institutos de menores, que son otros dispositivos de encierro y advertirles a todos los gurúes de la resocialización, la readaptación, todos estos “re” que hay, que también hay límite para el perdón, es importante, nadie se puede arrogar, la cuestión del perdón no es colectiva, también es uno por uno, de a poquitito podemos ir poniendo un granito de arena, unos nos escuchan, otros no.

Jader Flores (Colombia): Participo en el CID de la Nel-Medellín, llevo dos años y medio trabajando en un Centro de Atención Especializado precisamente con menores infractores de la ley, quería hacer un comentario respecto a la casuística que coincide con lo que expones, es que también en los adolescentes hombres es común el tratamiento de la angustia vía pasaje al acto, y también el cuerpo es cortado, ellos lo llaman acá “puñaladas”, que a veces son muestras de trofeo, un cuerpo que ha estado en la guerra; también la nominación tiene cierta función en los grupos, acá les decimos “parlache”, por ejemplo, cuando tú decías “hacerse cabida”, los adolescentes cuando el otro no les da la cabida es común que digan “menosprecio”, “me está menospreciando”, cuando se aíslan, ellos le dicen “maquineando” o “encausado”; de las mujeres acá les dicen “la marimacho”, a la droga le dicen “la dura” y “periquear” le dicen “la bodega”, como que hay que guardar esos objetos; en el imaginario hay nominaciones que utilizan mucho sobre el cuerpo; hay muchas desde lo simbólico que es a partir del apellido, o por localidades; y también ciertas nominaciones desde lo real, es decir, ellos dicen algo que singulariza el goce del Otro, entonces “martillo”, o los que entran por delitos sexuales le dicen “el violo”, como el abusador. Otro con respecto a la madre, en los adolescentes, hay una toda madre, no se ve la posibilidad de la mujer que hay en esa madre, y que en algunos casos los muros como algo real si logran separar, y siguen con la orden de hierro, “todo por ella, se hace remachar”, es decir, se hacen matar por la madre. Son adolescentes que le dejan el producto de sus actos criminales, es decir, el dinero a sus madres y en cuanto a las religiones es como la virgen de los sicarios, como esa madre santa, como inmaculada; quería hacer el comentario de algunas cosas que de pronto coinciden en los adolescentes, y algo que tienes en tu texto de “Psicoanálisis sin diván”, que te preguntas de la creación de un dispositivo analítico en las Instituciones, a mí me ha orientado mucho en el trabajo, cuando empecé no sabía por dónde, me sugirieron tu texto y por ejemplo esta parte de ubicar al sujeto, que nosotros apelamos a no mirar el crimen del sujeto sino el sujeto del crimen, como lo particular, rescatar la singularidad, y también tú decías que otro paso es cuidar esa singularidad en los informes que se envían a los jueces, acá también es común, y la otra parte que decía Lacan de la paridad del analista, esto del trabajo de transferencia a través del control, hemos encontrado con la NEL, incluso con un cartel, hemos estado haciendo estudios de casos con miembros de la NEL-Medellín y seminarios, es como una forma de Acción Lacaniana, no sé si esté bien nombrada.

I.G.: Coincido plenamente.

J.F.: Que ha permitido una política del síntoma, de rescatar la particularidad del sujeto. Muchas gracias.

I.G.: Agradezco a vos que hayas leído el libro, ese libro fue dirigido para los analistas que trabajan en estos dispositivos carcelarios o lo que pasa ahora con la Ley de Violencia de Género. Cuando Freud advierte de la posición impiadosa del analista, a partir de esa impiedad, de no considerar al sujeto como una víctima, podemos humanizar a ese sujeto Es la forma de humanidad que tenemos los psicoanalistas, diferente de la piedad religiosa.

V.B.: Nosotros también lo que hemos visto es que en las cárceles de mujeres se desarrolla el amor lésbico como otro recurso, además del que mencionas de una cierta camaradería, hay mucho amor homosexual, y no son mujeres que eran homosexuales, sino que se amarran de un lazo de amor, o el amor funciona quizá como antídoto al suicidio, a la soledad, al aislamiento, que también, por supuesto, está tomado por la violencia, el estrago, y demás y se lo termina tragando la pulsión de muerte en la mayoría de los casos. Son soluciones que los sujetos se inventan, no hemos escuchado esto en la cárcel de hombres, no hemos escuchado datos de desarrollo de un amor homosexual masculino. Lo que hemos visto en la cárcel de hombres, por lo menos, en esta cárcel, es el desarrollo de un programa para cuidar a las personas más vulnerables, entonces tal vez el lazo amoroso, no se da eróticamente, sino que se da de cuidar al desvalido, porque hay personas que son muy mayores, o que están muy enfermas, que no tienen autonomía para sus aseos y demás, entonces se genera una especie de monitor, el amor aparecería de esta forma, y muchas veces funciona como solución estabilizadora para algunos.

I.G.: Sí, tal cual se verifica, son como relaciones transitorias porque cuando salen siguen con sus parejas heterosexuales, acá también se verifica eso. Me parece que es interesante que podamos hacer una clínica que diferencie las cárceles de mujeres de las cárceles de hombres.

V.B.: Pensaba también si el amor no puede ser pensado como una solución al imperativo materno de nombrar para el mal, y quizás en la viñeta que cuentas donde aparece una interpretación amorosa, o si se puede decir calculada por la psicóloga que le dice “cuidáte”, resuena con lo que el sujeto trae luego es “mi mamá nunca me dijo cuidáte”. Vemos que tocó algo de la versión amorosa de la madre y no tanto del superyó materno, se me hace para pensar la cuestión de la madre en esos puntos.

J.R.: Algo que hemos encontrado mucho acá es en los talleres, que además de la fuerza de lo católico, hay una proliferación de religiones, pero además hay talleres que se les llevan de costura, joyería; lo que hemos encontrado de personas que se estabilizan del dispositivo carcelario de alguna manera, es que empiezan a aprender a servirse del dispositivo con ciertos límites, surgen proyectos para el futuro, no sabemos qué tan viables, pero sirven para esa función asintótica de dejar algo para después, “cuando salga seré costurera”, así haya o no las condiciones el efecto que tiene es apaciguador. A través de un oficio, darle cierto manejo al cuerpo y cierto futuro, se da un movimiento de apaciguamiento.

I.G.: Acá es muy común que los reclusos hagan carreras universitarias dentro del penal.

V.B.: Aquí también hay ofertas de estudios, cursos de inglés, matemáticas, etc.

I.G.: Acá casi todos estudian abogacía.

V.B.: Sí, fuerte el tema de la ley. Bueno, te agradecemos muchísimo, vamos a ir avanzando con la investigación y con los ejes que hemos compartido, ya tendremos oportunidad de reencontrarnos en algún espacio para continuar apoyándonos en la investigación. Rescato esto que decías, está la angustia de quien trabaja en estos dispositivos porque se ve confrontado con una clínica donde lo real está muy descarnado, y esto da entrada al psicoanálisis, y también nosotros mismos hacemos una especie de red para ponernos como investigadores, me parece que eso también rescata mucho de la angustia, del horror, del prejuicio, llama a la investigación esta clínica.

I.G.: Es muy importante además por el avance que hay de todos los protocolos, los psicólogos que trabajan ahí no pueden zafar del protocolo, están obligados a hacerlo pero siempre les digo que hay que descompletar el protocolo, de cada protocolo hay que poner alguna singularidad de ese sujeto para de algún modo transmitirles a todos los que colaboran en el protocolo que el sujeto siempre sale del protocolo, el protocolo le queda chico o grande. Que cada juez que lea un informe se encuentre con algún significante de un sujeto.

V.B.: Quizás el aporte, entre otros, es la presencia de un psicoanalista que recuerda ese punto, porque también, al que está muy tomado por lo administrativo, por el protocolo, se le pasa el sujeto, claro, se lo traga el protocolo. Irene, ¡muchas gracias!

Desgrabado por Vianney Cisneros