GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 11 - MAYO 2019
 

ENSEÑANZAS DEL PASE
Ciudad de México, 7 de abril de 2019

La impureza del acto
Viviana Berger

 

2016

Un miembro de la NEL sale del conjunto de los analizantes y es nombrado AE inscribiendo una disrupción que abre el hueco de lo no sabido: ¿Qué quiere decir que la Escuela de Lacan es la Escuela del pase? El Comité Ejecutivo y el Consejo quedan confrontados con la causa de hacer funcionar la Escuela en los términos de Otra para sí misma. Resuena en la comunidad la pregunta respecto de qué real en la cura de cada analizante, en el funcionamiento de la Escuela y en la formación del analista.

Un primer efecto es el pasaje del saber supuesto, propio del inconsciente simbólico del trabajo del sujeto analizante (quizás un tanto adormecedor), al saber expuesto (más inquietante): ya no solo se trata de hablar blablablá sino del sinthome, la perspectiva más pragmática, saber hacer allí. ¿Qué con eso que se satisface?

María Cristina lleva su resto al centro de la Escuela testimoniando cómo a partir del descompletamiento de la ferocidad de la mirada materna y la conmoción del goce fijado en el Martirio, se liberan las ataduras de la inhibición y cede “el escondite de la última fila”. Será, ahora, la tensión de soportar la exposición desde el banquillo: argumentar ante los otros cómo fue su pasaje de analizante a analista y demostrar en la Escuela su saber hacer, testimoniando sobre los problemas cruciales del psicoanálisis. Seguirán tres años de elaboración de ese resto obtenido del análisis, pero con este Otro S(A/), más allá de la versión superyoica del fantasma.

En la comunidad analítica la brújula señala hacia lo que está en el centro de la experiencia: el acto analítico (lo cual se espera de sus miembros, no sólo del AE -recordemos que el acto es lo único que puede sostener y garantizar que un analista se autorice de sí mismo y que se verifica por sus consecuencias, cada vez).

 

2018

Dos nombramientos más –ello habla en nuestra comunidad de experiencia analítica.

En los tiempos de Lacan, 1964 y 1967 inscribieron dos escansiones que marcaron acontecimiento en la creación de la Escuela Freudiana: el pasaje de la Escuela poblada por trabajadores decididos, todos iguales por el lazo a través del trabajo y su deseo por el psicoanálisis, a la aspiración de “darle a la Escuela su psicoanalista”. La diferencia del gradus introduce un estado de derecho, donde “se trata de tener psicoanalistas de derecho y no de hecho”. Así queda establecido que la Escuela pueda garantizar la relación del analista con la formación que ella dispensa”. Que el analista se decida a partir del fin de su cura instala, entonces, una topología con el trabajo analizante de aquellos que decidieron analizarse en el marco de una Escuela y su comunidad: entrarán los analistas que acepten creer en el inconsciente. Se descompleta así el mundo cerrado de la organización institucional atravesado por la vida del grupo y los efectos de sentido; se agujerea la inercia del bloque, y la garantía de autoridad será Otra que el populismo o la autorización que la masa de analizantes adjudica a su analista. Este movimiento interfiere la tendencia a la especularidad, el funcionamiento por la segregación, las jerarquías y los Ideales –lo cual ¡claro que no está garantizado! ni porque haya pase en la Escuela, ni porque después de uno, haya dos, ni tres Unos.

La tensión de sostener la máxima distancia entre I y a es un esfuerzo constante, que habrá que soportar en acto y que surge de la confrontación “con la porquería que le sirve (al sujeto) de soporte, el objeto a”, su relación a lo que no cambia, lo que se rechaza, el núcleo del goce, su determinación; esa distancia tiende a cerrarse, tiene implícita una memoria. Entonces, allí, la Escuela como espacio donde depurar el deseo del analista, la soledad del Uno, las vueltas y vueltas para serificarse cada cual en su propio a.

Puede sonar a Ideal, no obstante, el real analítico le hará síntoma - ¡justamente es la impureza del acto lo que hace al interés de la investigación! El pase demuestra que no es reductible a una experiencia de formalización de la cura, lo trascendente es el elemento pulsional, imposible de formalizar, y de decirse, pero finalmente, elemento de certidumbre. No es sin ambas vertientes: la lógica, que organiza el recorrido analítico, y la libidinal, que hace que por esas venas de la estructura, eso pase. Ese resto sobre el que adviene el deseo del analista, que como tal, ¡no es puro!, está hecho del síntoma privado del sujeto, mismo de su fantasma. Por supuesto, con la distancia del saber hacer con el goce opaco que conforma su sinthome, que, aunque despejado en la experiencia del análisis, “de ninguna manera implica ni esclarecimiento del sinthome, ni una evaporación del sinthome, y mucho menos una depuración del fantasma”.

Como no hay perfección, ni pase perfecto, ni deseo puro del analista, es que hay sucesión. Y es porque la experiencia de Escuela no está terminada, que hay el por-venir, hay más. Y ese es quizás el asunto, cómo cada quién soporta su propia ex-sistencia y transmite el psicoanálisis desde el saldo de su análisis.

 

REFERENCIAS

  1. Miller, Jacques-Alain, “Clase: La Escuela de Lacan”, El banquete de los analistas, Editorial Paidós.
  2. Ibidem.
  3. Lacan, Jacques, “La proposición del 9 de octubre”, Otros Escritos, Editorial Paidós.
  4. Lacan, Jacques, El Seminario Lbro 11 Los cuatro conceptos fundamentaels del psicoanálisis, Editorial Paidós.