GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 11 - MAYO 2019
 

NOCHE DE ESCUELA ¿CÓMO HABITAMOS LA ESCUELA?
UNA ORIENTACIÓN POR EL SÍNTOMA
Ciudad de México, 20 de febrero de 2019

Habitar una Escuela
Paula Del Cioppo

¿Cómo habitamos la escuela? No cabe duda que con los síntomas y fantasma de cada uno de sus miembros. Por ello estar en la Escuela comporta una satisfacción paradójica, una alegría no exenta de dolores de cabeza.

Dos significantes marcaron mi ingreso a la NEL-Ciudad de México: “al menos un lugar…” y “los inclasificables de la clínica”.  Este comienzo instaló un contrasentido respecto de estar desubicada, un síntoma que me habitaba, y de coquetear con diferentes espacios y discursos. Entonces el primer paso hacia un grupo de psicoanálisis cortocircuitaba el empuje a “cualquier cosa me viene bien”. ¿Al menos un lugar para lo inclasificable? Ciertamente lo singular no es cualquier cosa,  ni da lo mismo,  ni puede ser  alojado en cualquier lugar.

Al principio la Escuela era un refugio. No me protegía del “cualquier cosa”,  porque seguía circulando en múltiples espacios  -de trabajo, de interés, no analíticos. Sin embargo había algo que me anclaba. Me dejaba llevar por las interpretaciones y advertía sus efectos, por ejemplo, en la decisión de constituir un cartel. Entre tanto, mientras consentía a la lógica analítica, hacía un camino propio. La Escuela me invitaba a dejar de esperar y ponerme manos a la obra. Honestamente no entendía qué me orientaba, no obstante, tenía confianza  y ese sentimiento me alegraba. Pude captar que habitar la Escuela era una experiencia libidinal: consentía, rechazaba y  no sabía por qué.

Posteriormente empecé a ser más activa pero lo vivía, como relata  Xavier Esqué[1], como una demanda del Otro que tenía responder, porque ponía en marcha mi deseo, pero sentía un gran peso. Sufría, me sobrecargaba, y eso no ha cambiado del todo. Hay pequeños desplazamientos respecto de la posición inicial que fui verificando, por ejemplo, en algunos espacios que coordino. La invitación a responsabilizarme del Observatorio de Autismo en la sede Ciudad de México la leí como una interpretación que resultó fructífera, porque en ese lugar pude pasar de la exigencia al disfrute, y la transferencia de trabajo tomó otra forma.

Ahora transito un momento que podría describir como “de la dispersión a la práctica y de la práctica a la Escuela”. Esta transición es costosa, me contraría, me marea. Por momentos me siento  animada, “esto a penas empieza”,  “lo mejor está por llegar”, me digo, para tranquilizarme. No sé en qué va a acabar esta etapa, pero igual que al comienzo, aunque no me reconozco en este estado, confío en que si mi relación a la Escuela se ordena, lo demás también se acomodará. No puedo decir mucho más. “Confiar en la debilidad e ir hasta el fondo; ser intransigente y radical”[2], son frases que se hacen presentes y me orientan.

Para Xavier Esqué, el recorrido en la institución-Escuela fue más o menos como sigue: primero, el deseo se movilizó por las insignias y la identificación al ideal, es decir, por pertenecer a un conjunto; segundo, “responder a la demanda del Otro” era al precio de un gran esfuerzo y angustia. Se “obsesionaba” pensando en poder hablar en público sin fallas. Pero finalmente se dio cuenta de que tomar la palabra y aprender a hablar no es equivalente a “bien decir”. Por eso tuvo que trabajar el equívoco en análisis. ¿Cuál era el obstáculo? Para hablar bien en público se puede tomar un curso de oratoria y así, probablemente, se alcance el objetivo.  Pero “decir bien” es una bendición de otra naturaleza, la de hacer productivo el fallido y sacar fuerzas de él. Esto lleva cierto recorrido, el que se puede realizar en análisis. “Quería eliminar a toda costa lo fallido del decir, cuando, precisamente, el bien decir tiene que ver con el tratamiento de ese fallido, porque está en relación con lo que no se puede decir. Se trata entonces de consentir a ese fallido estructural, consentir al agujero del saber, a la barra sobre el Otro, y hacerse responsable de ello”[3]..

Tomando en cuenta lo anterior, subrayo que no basta con advertir, con un instante de ver o que caigan los “veintes”. Ese es un primer paso lógico que delinea dos espacios significantes. Luego, se trata de actuar en consecuencia, dar un paso más.

¿Qué significa, entonces, hacerse responsable de lo que se toca en un análisis?  En este punto, quisiera retomar las palabras de Marcela Almanza a propósito de la  posición analizante, “es aquella que permite poner en el horizonte un anudamiento posible entre trabajo de la transferencia y transferencia de trabajo, puesto que estar advertidos de nuestros síntomas, de los significantes amo a los que estamos fijados, del modo en que cada uno vive la pulsión en su fantasma, en fin, estar advertidos de la extimidad que nos habita, eso nos permite tomar cierta distancia para encontrar una salida conveniente frente a los efectos de grupo, los cortocircuitos imaginarios, la sensación de aburrimiento y la segregación (…)[4]”.

Para concluir mi exposición, tomaré algunos aspectos del texto “La doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela”[5], donde Miller se pregunta cómo pensar la institución analítica. Al respecto, señala que si Escuela fuera un significante amo (S1), esto significaría que “se marcha a paso”, como los soldados detrás de los ideales y las insignias. Por otra parte, si la Escuela se redujera a un lugar de exposición de conocimientos (S2) ya adquiridos, el objetivo sería enseñar, algo que se hace habitualmente en las escuelas, pero que no define la naturaleza de la experiencia analítica, porque en ésta se trata de la transmisión de un saber supuesto, por lo que es necesario que algunos encarnen esa función. Lacan pensó que los Analistas de la Escuela (AE) se inscribirían en ese lugar, entre el saber supuesto y la vida que soporta una transmisión. Un lugar ocupado por algunos que creen radicalmente en el inconsciente y testimonian de éste a través de sus casos.

Finalmente, la pregunta de fondo para cada uno de los que componen la Escuela, es cómo ser cada vez más analíticos, en cada acción que concierne a la institución. Ante los efectos alienantes del discurso contemporáneo, la posición más “prudente”, según J.–A. Miller, es llevar hasta las últimas consecuencias  lo inclasificable de la “clínica” psicoanalítica, los aspectos incurables de la subjetividad que se aíslan en la práctica que realizamos, orientación que guía el andar de nuestra comunidad.   

 

  1. Esqué, Xavier, “El síntoma en la experiencia analítica: principio y fin”, Radar No 71, Agosto 2011, Recuperado 1 de mayo 2019: http://www.nelmexico.org/articulos/seccion/radar/edicion/71/403/El-sintoma-en-la-experiencia-analitica-principio-y-fin
  2. Miller, J.-A., “La doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela”, Bitácora Lacaniana. Revista de Psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana-NEL, Núm. 7, Octubre, 2018, pp. 13-18.
  3. Esqué, Xavier, “El síntoma en la experiencia analítica: principio y fin”, Radar No 71, Agosto 2011, Recuperado 1 de mayo 2019: http://www.nel-mexico.org/articulos/seccion/radar/edicion/71/403/El-sintoma-en-la-experiencia-analitica-principio-y-fin
  4. Almanza, Marcela, “Consentir a la experiencia de Escuela”, Bitácora Lacaniana. Revista de Psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana-NEL, Núm. 7, Octubre, 2018, pp. 49-53
  5. Miller, J.-A., “La doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela”, Bitácora Lacaniana. Revista de Psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana-NEL, Núm. 7, Octubre, 2018, pp. 13-18.