GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 11 - MAYO 2019
 

I COLOQUIO-SEMINARIO INTERNACIONAL DEL CAMPO FREUDIANO 2019: “El triunfo de la religión”
DISCIPLINA DEL COMENTARIO

Ciudad de México, 23 de marzo de 2019

Una perspectiva sobre el síntoma [1]
Silvana Di Rienzo

En la conferencia de prensa que da Lacan en octubre de 1974, cuando le preguntan si el psicoanálisis se volverá una religión, la respuesta es: “No. Por lo menos, es lo que espero”, y agrega: “El psicoanálisis es un síntoma. Solo falta comprender de qué”. Interrogar esta afirmación me llevó a tomar el concepto de síntoma en perspectiva para intentar pensar por qué Lacan dice esto y las implicancias que se derivan.

Desde los distintos discursos que se ocupan del padecimiento subjetivo el  concepto de síntoma y su tratamiento comportan enormes diferencias. Desde la tradición psiquiátrica clásica el síntoma puede ser entendido como parte de una enfermedad que habrá que eliminar, mediante el uso de fármacos por ejemplo,  para restablecer cierto equilibrio perdido excluyendo la existencia de motivos singulares en sus causas, como ya había sido observado por Freud. Desde una perspectiva más “psi” encontramos que el síntoma es pensado en muchas corrientes como cierta disfuncionalidad del yo para adaptarse al mundo que lo rodea y la terapéutica se orientará en ese sentido. Podríamos ubicar como común denominador el ofrecer una respuesta a partir de un “para todos” con la finalidad de suprimir esto ajeno, extraño, que irrumpe y que se presenta como disfuncional en la vida del sujeto, eliminando esta especie de anomalía para recuperar cierta “normalidad”. Intento de normativización para que cada sujeto pueda estar en el mundo, establecer lazos, para que la cosa ande, de acuerdo al discurso amo de cada época. 

La consideración del síntoma desde el psicoanálisis fue novedosa desde sus inicios y marcó un quiebre con los discursos de la época. Sin embargo lo que entendemos como síntoma ha ido mutando, y  esto a partir de los interrogantes y los escollos que se presentaban en la clínica, y éste no es un dato menor.

Como sabemos Freud al inicio partió de los síntomas histéricos, con la premisa de que éstos desaparecerían una vez interpretados. Es decir, los síntomas tienen un sentido oculto, interpretable, que estaría en relación con algo de carácter sexual, motivo por el cual encierran una satisfacción sexual oscura. El exceso de satisfacción vivenciada por el sujeto provoca la represión, y la fijación al trauma hace que el núcleo del síntoma sea de carácter inconsciente, siendo ésta la condición para que se produzca. También Freud habla de los síntomas como “soluciones de compromiso”, formaciones sustitutivas para hacer posible una satisfacción pulsional cuyo sentido está reprimido, a expensas del yo. La neurosis sería entonces la consecuencia de un no saber respecto de lo más íntimo que es a la vez lo más desconocido, es decir, la satisfacción pulsional en juego. Un modo de resolver el conflicto de fuerzas opuestas entre las instancias del aparato psíquico y la vida pulsional. Sin embargo Freud mismo se encuentra con la dificultad de que no siempre los síntomas desaparecían por obra de la interpretación analítica, lo que lo llevó a la elaboración de los conceptos de reacción terapéutica negativa, pulsión de muerte, masoquismo. Encontramos en el síntoma freudiano un funcionamiento que comporta una satisfacción pero que va en contra del principio del placer.

Luego con Lacan, el síntoma verdad es la dimensión del síntoma articulada al sentido, en tanto el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Sin embargo con el avance de su enseñanza Lacan da cuenta también de esto que resiste en el síntoma, su costado opaco, la dimensión del goce que excede al sentido.

Para poner en contexto el momento de la enseñanza de Lacan cuando ofrece esta conferencia de prensa en la que dice que el psicoanálisis es un síntoma, ésta se da en el marco del VII Congreso de la EFP en Roma, donde Lacan tiene una intervención, que es texto que conocemos con el título “La tercera”. Seguido al Congreso Lacan comienza su curso 1974-1975 ,“RSI”. Estamos en el inicio de su ultima enseñanza, ¿cómo pensar el síntoma?

Dice Lacan que es lo más real que existe, lo que no anda, sin embargo no es aún verdaderamente lo real, sino que es la manifestación de lo real en nuestro nivel de seres vivos, “estamos carcomidos, mordidos por el síntoma”. Lo real es justamente lo que nos falta por completo, es lo que insiste, lo imposible, ¿qué es lo imposible?, “nunca llegaremos a dominar la relación entre esos parlêtres que sexuamos como varón y esos parlêtres que sexuamos como mujer. En este punto no hay ninguna oportunidad de lograr una fórmula, algo que se escriba. De allí la proliferación de síntomas, porque todo se aferra ahí.”
Lacan en “La tercera” retoma lo dicho en la conferencia en forma de pregunta, ¿es el psicoanálisis un síntoma? Y dice “llamo síntoma a lo que viene de lo real. Esto significa que se presenta como un pececito cuya boca voraz solo se cierra si le dan de comer sentido. Entonces una de dos: o con eso prolifera… o revienta”. Preciosa indicación que da cuenta de que alimentar al síntoma con sentido, al modo del S1-S2 de la cadena significante, solo hace que se reproduzca. Pero Lacan continúa, “El sentido del síntoma, no aquel con que se lo nutre para su proliferación o extinción, el sentido del síntoma es lo real”.
Si lo real es lo que nos falta por completo, ya que no existe relación sexual, y el síntoma es lo más real que existe, el psicoanálisis tiene que fracasar en intentar liberar al parlêtre de lo real y del síntoma, si triunfa ahí postulándose como verdad sería su perdición, su extinción, porque como sabemos, lo real insiste, itera.

Ya lo había dicho Freud, el psicoanalista se encuentra en una posición insostenible. Analizar, gobernar y educar son posiciones imposibles. Lacan agrega la ciencia a esta serie. Sin embargo, la posición del psicoanalista es aún más imposible que las otras en tanto se ocupa de lo que no anda, de lo real, de lo que hace que el “mundo sea inmundo”, a diferencia del discurso del amo cuyo fin es que las cosas marchen, el analista está advertido de eso que no marcha, “es lo que anda mal… lo que no deja nunca de repetirse para estorbar ese andar”. Y con eso habrá que arreglarse, uno por uno.

En los discursos Lacan da cuenta de esto, “el psicoanálisis, socialmente, tiene una consistencia distinta a los demás discursos. Es un lazo de a dos. En tanto está en el lugar de la falta de relación sexual”, como el síntoma, opera desde eso que no hay.

Bibliografía

  • Freud, Sigmund,  Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III), Conferencia 17: El sentido de los síntomas, tomo XVI, Obras Completas, Amorrortu, Argentina, 1991.
  • Freud, Sigmund,  Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III), Conferencia 18: La fijación al trauma, lo inconsciente, tomo XVI, Obras Completas, Amorrortu, Argentina, 1991.
  • Freud, Sigmund, Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III), Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntomaObras completas, Amorrortu, Argentina, 1991.
  • J. Lacan, El triunfo de la religión. Precedido de discurso a los católicos, Paidós, Buenos Aires, 2005.
  • J. Lacan, “Intervenciones y textos 2”, La tercera, Manantial, Argentina, 1988.