GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 11 - MAYO 2019
 

CONFERENCIA PROGRAMA PRESENTACIÓN DE ENFERMOS
NEL-CDMX, 21 de marzo de 2019

Palabras y cuerpos “in vivo”: la presentación de enfermos [1]
Jean-Daniel Matet

Jean Daniel Matet: En el año 1986 fui responsable del servicio psiquiátrico “Unidad Jacques Lacan”, en donde establecí (renunciando a practicar estas entrevistas en relación a mis actividades en el servicio) la presentación de enfermos que fue sostenida por Marie-Hélène Brousse y Herbert Wachsberger, dos colegas de la ECF. Ya en el 80 había tenido la oportunidad de hacer una presentación clínica junto a Dominique y Gerard Miller en el Hospital Esquirol de París y desde entonces he participado en muchas otras: en España, Rusia, Bielorrusia y Francia. Estoy convencido de que ninguna otra práctica puede sustituir estas entrevistas en donde los cuerpos se reúnen para garantizar la mejor transmisión clínica posible.

En realidad, las entrevistas con un psicoanalista, frente a un público elegido de profesionales en formación, siguen siendo un modo de transmisión de la clínica especialmente adaptado al psicoanálisis ya que conserva las cualidades de la entrevista particular y el encuentro de los cuerpos, condiciones mínimas de la experiencia clínica. El analizante se mueve para encontrarse con su analista. El analista que quiera escuchar un sujeto llevado a un lugar de cuidado, a enseñarse a sí mismo, irá a su encuentro. Esta práctica que, más que la presentación de un caso, veremos qué podemos decir del caso al final, porque es una palabra constante en la enseñanza de Lacan, esta práctica que más que la presentación de un caso es una conversación, es la oportunidad para resaltar los efectos-sujeto en el relato de una historia individual.

Así que empecé la práctica de presentación en un momento y en una región donde ella estaba muy despreciada en las instituciones psiquiátricas francesas. Incluso los defensores de la psicoterapia institucional desafiaron a Lacan, como señala Jacques-Alain Miller hablando de la posición de Maud Mannoni. Pero, el vínculo entre el psicoanálisis y la psiquiatría no es suficiente para justificar las razones de la presentación de enfermos de Lacan. ¿Cómo puede éste ejercicio tener el valor de enseñanza para formarse en una clínica orientada por el psicoanálisis?

Si, como ha dicho Lacan, "la clínica es lo real como lo imposible de soportar", lo imposible de soportar puede que lo sea también para el equipo de atención que, al proponer un paciente para la presentación, está pidiendo una orientación, y más aún si no está acostumbrado con la disciplina. Descubre así los distintos matices de una clínica diferencial que busca ubicarse en la estructura y no sólo se da cuenta de que es una práctica mucho más exigente que la reunión de equipo, sino también de la necesidad de orientarse por los dichos del sujeto para estar atento y poder acompañarlo en sus mínimas invenciones para tratar lo insoportable.

En general, los que han asistido a una presentación de enfermos, reconocen no haber salido de ella sin ser afectados. El propio dispositivo produce efectos que operan en varias direcciones con el paciente, los equipos del servicio, los presentadores y el público. Cada uno puede comprender el modo de “des-completitud” que opera. Incluir un dispositivo de este tipo en un servicio es aceptar los efectos del desplazamiento que irán más allá del único momento de la presentación, como lo he experimentado.

Con el caso de su tesis, Aimée, Lacan se vuelve freudiano y demuestra su dominio de la construcción sistemática de un caso. La presentación que sostuvo a lo largo de su vida en el Hospital Henri Rousselleen Sainte Anne, demuestra su concepción del caso implicándose hasta visitar a los pacientes en los días que siguieron a la presentación. Cómo no sentirse impresionado por el hecho de que en el texto "Prefacio a la edición inglesa de los Escritos", "colofón" de su obra, como lo indica Jacques-Alain Miller (sello del editor del final de un libro para decir que la obra está terminada), Lacan vuelve a la fuente de su compromiso con el psicoanálisis freudiano subrayando la especificidad de este caso principal, Aimée. Su pseudónimo mismo enfatiza el alcance del amor en el caso y en la transferencia con este sujeto, sin embargo, es un caso de psicosis que abre a una clínica a la que no dejará de recurrir, así como Freud nunca dejó de recurrir a sus casos de histeria. 

Los casos de urgencia de Lacan (p. 610 Otros Escritos), de los que habla en este texto, son los analistas de la era parlêtre. Lacan habla de ello de esta manera al darnos una luz sobre su elaboración y su práctica. ¿Cómo no ser sensible al hecho de que el término “caso” recogido de la clínica freudiana, caracteriza tanto a Aimée, como a los analizantes de Lacan en una época avanzada de su vida, cuando la elaboración del pase fue el más avanzado y beneficio de este nuevo abordaje de la psicosis de Joyce?

Con respecto a las referencias a la presentación clínica de Jacques Lacan, contaré con las diversas contribuciones de François Leguil sobre esta presentación, que fue con Catherine Lazarus un testigo privilegiado. Pero también, en el texto de Jaques-Alain Miller, que salió en el número 10 de Ornicar?, titulado "Enseñanzas de la presentación de enfermos de Lacan", donde se extrae una nueva organización de la clínica de la enseñanza de Lacan. La normalidad, la enfermedad de la mentalidad, la paranoia, se reexaminan, no a partir de diagnósticos planteados por Lacan, sino en lo que se dedujo de su breve comentario y, especialmente, de lo que le había permitido al paciente decir; "Lo que aprendemos, lo captamos de la boca de uno u otro, y nunca estamos muy seguros de tener algo en nuestras manos."

Al comienzo de su Seminario sobre Las psicosis, Lacan insiste en el mecanismo de la formación de los síntomas apoyándose en una presentación clínica en el Sainte-Anne. El ejemplo que se conoce es el de la mujer alucinada que susurra: "Vengo del fiambrero" y en respuesta escucha insultada: "Marrana". En sus Escritos, Lacan describió la actitud que este tipo de ejercicio, la presentación, refiere: “Ilustraremos lo que acaba de enunciarse con un fenómeno desgajado de una de nuestras presentaciones clínicas del año 1955-56”, o sea el año mismo del seminario cuyo trabajo evocamos aquí. Digamos que semejante hallazgo no puede ser sino el precio de “una sumisión completa, aun cuando sea enterada, a las posiciones propiamente subjetivas del enfermo, posiciones que son demasiado a menudo forzadas al reducirlas en el diálogo al proceso mórbido, reforzando entonces la dificultad de penetrarlas con una reticencia provocada no sin fundamento en el sujeto” (Escritos p. 515-516).

Leguil señala : "Si penetrar en una posición subjetiva, acompañando su esfuerzo con una teoría errónea (aquí la del proceso mórbido) en el plano causal, provoca reticencia, el rechazo del paciente no es que su intimidad esté expuesta al público, el rechazo del paciente no se debe a que su intimidad esté expuesta al público, sino al hecho de que el médico carece de la verdad por la interposición de una concepción defectuosa que iza al clínico y lo coloca en una situación de fortaleza del lado del conocimiento”. Lacan renueva la proposición formulada en el primer año de su Seminario: la resistencia del analizante es la resistencia del analista y la reticencia del delirio responde a la actitud del examinador cuando cree que sabe, es decir, cuando dice comprender, se puede citar el comentario más desarrollado emitido en una lección de diciembre de 1955: "Si comprenden, mucho mejor, pero guárdenselo, lo importante no es comprender, sino alcanzar lo verdadero. Pero si lo alcanzan por azar, incluso si comprenden, no comprenden (…) [la paciente] quería que comprendiese. Era también quizá, lo que quería que comprendiese. Solo que es precisamente lo que no hay que hacer. Lo que debe interesarnos es saber por qué, justamente, quería que el otro comprendiera eso, y por qué no se lo decía claramente sino por alusión. Si comprendo, paso, no me detengo en eso, porque ya comprendí. Esto les pone de manifiesto que es entrar en el juego del paciente: es colaborar con su resistencia. La resistencia del paciente es siempre la de uno, y cuando una resistencia tiene éxito, es porque están metidos en ella hasta el cuello, porque comprenden. ¿Comprenden? Hacen mal. El asunto es precisamente comprender, por qué se da algo a comprender. ¿Por qué dijo Vengo del fiambrero, y no cochino?" (p. 75-76 del Seminario 3).

La oposición entre la comprensión y la sumisión a las posiciones subjetivas da la idea de un desafío inmediato en el encuentro: no aceptar responder a la demanda implícita de ser comprendida, es una manera de no interponer un conocimiento sobre la causalidad que se cree tener a disposición. El poder discrecional del auditor que evoca a Lacan en otro escrito no está aquí del único lado del médico, ya que debe borrarse para que el verdadero núcleo tenga algunas posibilidades de estar rodeado. Hay que destacar el contexto de este ejemplo que Lacan nos da —la paciente está hospitalizada con su madre en contra de su voluntad. Probablemente se le imponga la repetición de este ejercicio público y todo esto en el momento justo antes de las grandes modificaciones introducidas por los efectos de la quimioterapia: "Algo me hace pensar que había sido examinada y presentada antes de ocuparme yo de ella, y dada la función que cumplen los enfermos en un servicio docente, al menos una buena docena de veces. Por más delirante que uno sea, rápidamente se fastidia de este tipo de prácticas, y la paciente no estaba muy bien dispuesta” (página 74 Seminario 3).

Esto nos lleva de nuevo a la pregunta que mencioné anteriormente: ¿de qué manera la práctica de la presentación clínica con fines docentes es permisible para un analista que mide el carácter casi inhumano? Hay que decir que estamos en los años 55 de Lacan, en un servicio con una función docente importante en París, y que los únicos servicios que tenían los médicos y los psicólogos que trabajaban en este servicio, era hablar con los pacientes y de la presentación, en estos momentos de los psiquiatras eran un ejercicio de amo y la  presentación la hace de otra manera, se ve que los testimonios que tenemos de sus pacientes, es que la presentación de enfermos de Lacan, produjo otros efectos que no han producido los otros, por eso Lacan continuó haciéndola aunque ya no trabajaba en el servicio de psiquiatría.

La respuesta la da Lacan, quien fue al hospital psiquiátrico dos veces al mes para realizar este ejercicio tan criticado. En el homenaje que hace al comienzo de uno de sus últimos escritos, El Atolondradicho, al doctor Daumezon, director médico del Hospital Henri Rousselle, Lacan admitió haber heredado esta práctica de los alienistas que lo formaron y acepta sin justificación esta tradición clásica rindiéndoles homenaje. "Por el favor que los míos y yo allí recibimos en un trabajo, del cual indicaré que sabía hacer, es decir, pasar la presentación” (p. 473, Otros Escritos). La presentación clínica de Lacan fue uno de los principales testimonios de su rigor científico, pero también de su modestia. ¿Por qué Jacques Lacan realmente asumió una práctica que habría quedado obsoleta? Los testigos directos de esta presentación destacan su atención -o buena disposición- para con los jóvenes que hablaban con él sobre los casos que deseaban darle a conocer, por la observación de que Lacan acudió al hospital si siempre hubiera ido.

Había un ceremonial un poco angustioso para los estudiantes y los médicos jóvenes, porque había que presentar el caso antes de la entrevista, las grandes líneas del caso con Lacan.  Hablando después de la guerra en Bonneval con sus antiguos colegas reunidos con su amigo Henri Ey, evoca incluso su gusto: "Porque la auténtica dialéctica en que comprometéis vuestros términos y que confiere su estilo a vuestra joven Academia es suficiente para garantizar el rigor de vuestro progreso. También yo me apoyo en ella y me siento en ella mucho más cómodo que en la idolatría de las palabras que vemos reinar en otros partes, especialmente en el serrallo psicoanalítico” (página 151 Escritos). También va a sostener la tesis de la importancia de la psiquiatría y de la psicosis con Lacan porque se formó con esto, y con su conocimiento de Freud, y también de su análisis.

La pregunta que luego le hizo al médico fue simple y vigorosa. "¿La originalidad de nuestro objeto es, acaso, de práctica (social), o de razón (científica)? o más allá “¿En qué distingue a ese enfermo de un loco? (p. 145 y 147 Escritos). En los años 60 y 70, Lacan ya no les ofreció lo que él decía que era su ambición en 1946, a saber, "… poner en ecuaciones estructuras delirantes y métodos terapéuticos aplicados a las psicosis… hasta la catarsis narcisista del análisis” (página 182, Escritos), pero sin embargo, nunca se asustó, cuando se le advirtió que tal medida administrativa beneficiaba más a la protección de los bienes y personas que al perfeccionamiento de la atención. No escatimó sus críticas contra la única opción propuesta: un tratamiento químico o electrochoque. Obviamente, ya no venía al hospital para juzgar la medicina, sino para mejorar la operatividad o pulir una conceptualización. Fue al hospital porque, al igual que Freud, a quien una vez llamó "ese clínico ligado a la cotidianidad del sufrimiento” (página 622, Escritos), consideró que era necesario asumir la misión abandonada por sus antiguos colegas reagrupados con él en los años 30 en la revista Evolución psiquiátrica. Estaba claro que ya no esperaba que los recursos científicos que habían mostrado, ahora encontraran algo que establezca la ley con la cual se regule nuestra eficiencia y pudiera responder a su pregunta, “¿cuál es la materia psíquica?” (p. 152, Escritos), Jacques-Alain Miller señala: "Si hay una enseñanza de la presentación de pacientes, es esta: buscar la certeza. Imaginamos que Lacan fue a buscar conocimiento y certeza en Descartes y Hegel, también es verdad, aunque provienen de la experiencia la más concreta."

En El pequeño discurso a los psiquiatras en 1967 en Sainte Anne  dice "Ahora bien, a ese loco es verdad que no se lo comprende y se viene a buscar al psicoanalista, declarándole que ... es la esperanza, en fin, la ... la certidumbre, porque es un rumor que se ha difundido que el psicoanálisis ayuda a comprender, y es así que se entra rápidamente en este camino del psicoanálisis; de ahí sin embargo a comprender al loco, está claro qué se puede esperar, en razón de que es completamente errado creer que sea en ese registro de la comprensión que debe jugar el análisis. Quiero decir que del análisis, lo que puede influir sobre el loco, por supuesto que eso va de suyo, pero incluso en sí mismo, el psicoanálisis no es en absoluto una técnica cuya esencia sea prodigar la comprensión o establecer entre el analizado y el analista sea lo que fuere, que fuese de este orden, si damos a la palabra “comprensión” un sentido, el sentido jasperiano por ejemplo; esta comunidad de registro, ese algo que va a arraigar en una suerte de Einfühlung, de empatía, que haría que el otro se nos volviese transparente a la manera ingenua en la que nos creemos transparentes a nosotros mismos, aunque más no fuera porque ¡justamente el psicoanálisis consiste en descubrir que no somos transparentes a nosotros mismos! Entonces, ¿por qué es que los otros nos lo devendrían?”

Más tarde, hablando frente al público de los psiquiatras: “De hecho es muy sorprendente, que desde cierto número ... cierto tiempo que corresponde a esa treintena de años de la que acabo de hablarles, no hubo en el campo de la psiquiatría, en el campo de la relación con este objeto: el loco, ¡no hubo el menor, ni el menor descubrimiento! Ni la menor modificación del campo clínico, ni el menor aporte. … Ahora si ustedes van a buscar hasta la punta más extrema, ahí donde se vuelve completamente minúsculo, tomen este último retoque: mi tesis, la paranoia de autocastigo. Agrego una cosita al emprendimiento Kraepelin-Clérambault. ¡Bueno! ¿y después ¿qué... ? Ahora, como saben, la psiquiatría entra íntegramente en la dinámica farmacéutica. Evidentemente se producen ahí cosas nuevas: se obnubila, se atempera, se interfiere o modifica... Pero no se sabe para nada lo que se modifica, ni por otra parte adónde irán esas modificaciones, ni incluso el sentido que tienen, puesto que se trata de sentido.” Es una cosa estupenda porque cuando Lacan escribió eso, es una visión de la farmacéutica, de las posibilidades de la química que no estamos más allá ahora, hay nuevas formas, pero no sabemos un poco más de la dinámica de estas moléculas en el funcionamiento del cerebro, pero para el sujeto y la comprensión de la psicosis no. 

Por lo tanto, Lacan refuta la posibilidad de que el psicoanálisis pueda servir como herramienta de comprensión para una psiquiatría que ha perdido su orientación. En esos años, recibió con entusiasmo a Michel Foucault de la Historia de la locura en la época clásica, así como la del Nacimiento de la clínica. La tesis según la cual "la posición psiquiátrica está perfectamente definible históricamente" en esta "mutación esencial del tratamiento de la locura en los registros de lo sagrado y su enfoque humanitario, es decir del encierro". La práctica clínica de las presentaciones de Lacan se encaja en este contexto del declive definitivo de la psiquiatría de la observación en favor de una psiquiatría de intervención contemporánea y cómplice en el naufragio de las condiciones de desarrollo de su conocimiento.

El final de este período de psiquiatría, en el que se elaboró el conocimiento semiológico nosológico, antes de la Segunda Guerra Mundial, provocó la aparición de la figura del loco celebrado como el nuevo amo de la verdad. Aparece en la anti psiquiatría donde el secreto que guarda el paciente es ahogado de mala gana por el poder de la conformidad. Pero también las corrientes institucionales de psiquiatría instalan al paciente en un marco encargado de promover el desafío de los avances de la sociedad técnica. Finalmente, el loco como amo de la verdad de un desorden de la razón, sería una reducción biológica, incluso con la ayuda del arsenal jurídico-administrativo.

Todas estas razones hacen que la presentación aparece en contradicción con una concepción de la locura en el ambiente de la época. Frente a este loco que debe ser silenciado, la presentación instalada en la encrucijada de esta psiquiatría se constituyó, la psiquiatría de la observación, lo que encontremos y pudimos transmitir, apareció solo como una ilustración de cuadros clínicos ya conocidos. Es el declive de la psiquiatría lo que ha privado la presentación de su virtud, y fue Lacan, contra al sentido común, quien preservó esta práctica para encontrar una relación específica e insustituible con la verdad en juego en la clínica. Por un cuestionamiento ininterrumpido de los conocimientos constituidos, una pasión por el descubrimiento humilde y prosaico, el encuentro de Lacan con los pacientes fue, sin embargo, cierto. Demostró, en el mismo lugar donde nació la clínica al convertirse en "un momento esencial para la coherencia científica", que ser psicoanalista hoy en día es ser un clínico, ya que hoy en día el clínico no es realmente un psiquiatra. Había ingresado como fenomenólogo en la nosología clásica a partir de la obra freudiana, y especificó al comienzo de sus lecciones clínicas que “Antes de hacer hablar de los hechos, es conveniente reconocer las condiciones de sentido que nos los dan por tales.” (p.153, Escritos). Estas condiciones de sentido tomadas más de 25 años después por Lacan, sin las cuales un hecho no es un hecho clínico, son las condiciones que permiten la identificación de una función-sujeto y, paradójicamente, sus condiciones de sentido son precisamente lo que en el sentido se impone como sin sentido. Poco antes del 1970, Lacan se dirige a los psiquiatras para estipular que "si hay algo que el psicoanálisis está hecho para revelar, ciertamente no es el sentido, al sentido en el que las cosas tienen sentido. Se cree que comunica un sentido, pero precisamente marcando en qué fundamentos radicales de no-sentido y en qué lugares existe el no-sentido decisivo en lo que se basa la existencia de un cierto número de cosas que se llaman los hechos subjetivos".

Es otra figura de la filosofía hegeliana que Jacques-Alain Miller convoca con Lacan: "La ley del corazón", es una figura hegeliana de la Filosofía (fenomenología en francés) del espíritu. Contradiciendo en la posición del inconsciente "la ley del corazón, como hemos dicho, va más allá de la paranoia". Esto significa, según Jacques-Alain Miller, por ejemplo, que "captar cosas de la auto-infatuación en la dialéctica del sujeto es, en última instancia, un punto de vista clínico que supera la particular asunción de la psiquiatría en ese sentido, que conocemos como paranoia. Decimos paranoia para no notar que antes de lo paranoico es común tener un yo. Maud Mannoni predicó precisamente la identificación con el paciente al que se opuso el estilo de la presentación de Lacan, que obviamente se opone radicalmente, después de haber notado que la presentación del paciente hecha por Éric Laurent en Sainte-Anne estuvo más del lado de Lacan que de Maud Mannoni. Esta presentación suspende el uso de estas categorías psiquiátricas, incluso si el presentador está informado de ello, dice.

Jacques-Alain Miller insiste: "Las preguntas de Lacan están respaldadas en esta referencia, le da sentido al supuesto diagnóstico que ofreció. Pero curiosamente, en el momento en que se lo intenta capturar, el sentido se congela, se suspende, se convierte en una pregunta, se convierte en la referencia que la inspira, la desafía, la suspende. Cuando me doy cuenta, no puedo evitar pensar en lo que Roland Barthes escribió una vez sobre Brecht: que él sabía en el mismo movimiento cómo afirmar y suspender un sentido, ofrecerlo y decepcionarlo. Todas sus piezas, dijo, terminan implícitamente en una "búsqueda de la salida dirigida a los espectadores”.

Por lo tanto, la presentación, rara modalidad de transmisión de la clínica en el hospital, solo vale si el clínico por su capacidad puede escapar de la captura imaginaria en la entrevista. Escapar de la fascinación de la verdad como tal para unirse a la de la persona con quien conversa en una dirección sin dominio y paradójica, ya que también es sumisión, docilidad a las posiciones subjetivas del otro. Lacan nos recordó esto al mencionar en su tesis las condiciones en las que tuvo que hablar a tontas y a locas con Aimée, la forma de la entrevista prevaleció sobre las técnicas de interrogación y estuvo acompañada por la decisión de renunciar al cuadro clínico para privilegiar con Freud y Jaspers un caso clínico y una monografía, para preferir a la síntesis descriptiva la descripción completa de los vínculos etiológicos significativos por los cuales la psicosis depende estrechamente de la historia vivida por el sujeto, escribe Lacan en su tesis. Por lo tanto, en cada presentación se levanta el campo abandonado por los psiquiatras y el desafío lanzado por la psicosis en el trabajo de Freud. A lo que se decía que se refería al loco cuando les advirtió que la verdad de su encuentro con la psicosis pasaba inevitablemente por la ansiedad. El deber del psicoanalista es permitir responder de otra manera que no sea angustiado a la pregunta del objeto a en la psicosis que hace del psicótico que no lo demanda al otro, “un hombre libre”.

He intentado dar así con la presentación de Lacan lo que funciona en la presentación como la manera de estar con el paciente, porque cuando encontramos a los pacientes en el consultorio no podemos hacer lo mismo, porque hay la dimensión de la transferencia que es instalada rápidamente. En la presentación de enfermos quizá hay transferencia después, hay algunas historias que han contado de lo que pasaba después de la presentación de Lacan, pero en la presentación intentamos demostrar algo, el paciente sabe que es una demostración, que es una mostración y lo acepta porque ahora no es como en el tiempo de la jovencita de “Marrana”, ahora en los servicios que trabajan con nosotros hay una presentación al mes o dos, pero no más, y eso hace una distinción radical contra las entrevistas que se hacen cotidianamente y por eso el paciente acepta esta dimensión de mostración. Recuerdo en el servicio de Jacques Lacan que los pacientes querían ir a la presentación, cuando no los invitaban a presentación decían “¿Por qué? ¿No soy un sujeto interesante?” Y también el discurso que se tiene en estos servicios, es decir que es una manera de hacer una escansión en la historia, en el pasaje en el hospital, por parte del sujeto, por eso es muy interesante hablando con Guy Briole de los efectos de la presentación sobre el servicio mismo que hace verdaderamente una orientación, porque se ve como un psicoanalista escucha, se interesa, se intenta construir algo con el paciente mismo, y los pacientes dicen cosas que no decían en las entrevistas en los servicios.  En mis servicio había pacientes que no me hablaban y le hablaban al analista, es por eso que no hacía las presentaciones en mi servicio porque me parece que son posiciones diferentes y que hay que separarlas.  Por eso lo que intenté decir es desde la importancia para nuestra formación, que continúa, siempre.

Ahora habíamos organizado en la Sección Clínica de París un día donde hay una presentación, un comentario de caso y después un seminario sobre el tema del año y la presentación, es un momento, en condiciones un poco difíciles porque en los hospitales no hay mucha disposición para eso. Ahora la hacemos en un salón grande porque hay mucho público y son condiciones difíciles, pero con la discreción necesaria se pasa bien, y son momentos excepcionales porque también vemos pacientes que no vemos en los consultorios: un hombre que ha matado a su mujer, otro que se corta la piel, etc.

Por eso estoy muy convencido de la importancia de esta presentación en la transmisión del interés por la clínica y de nuestra formación también, no hay que decir que uno se forma como analista en la presentación, porque no es eso, pero se forma también en una dimensión de la clínica que no encontramos en nuestros consultorios. Me parece que es el grano que vamos a aportar en los servicios, el grano de nuestra formación analítica y por eso hay un servicio donde las personas son variadas, por ejemplo los enfermeros, que saben hacer la distinción entre estas presentaciones que dan un espíritu, una dimensión del trabajo que va a orientar el tratamiento del sujeto mismo. Hemos visto en la última presentación de París la presentación de un hombre que vino de M. porque no podía ser libre ahí porque se fue dejando al padre enfermo y a la madre, y un día la madre lo llama diciendo que el padre está al final de su vida, el sujeto deja el teléfono en medio de la comunicación y se corta el brazo, los psiquiatras que lo han visto han dicho que puede salir del hospital, pero durante la presentación nos ha dicho que tenía una colección de armas, que ha comprado por internet, él dice que “no es un terrorista, no es un hombre belicoso”, pero que es un hombre que se interesa por la colección como en su infancia, colección de sellos y ahora colección de armas, no armas pequeñas, sino las grandes pistolas; ¿por qué no se lo ha dicho al psiquiatra?, pues porque no ha preguntado; había que tomar su dolor moral y la presentación fue muy interesante pero muy pesimista sobre este hombre que no tenía muchas posibilidades, pero que ha aceptado hablar de todo eso ante el público, por eso va a orientar.

En otra ocasión, un hombre tenía una dificultad que no podíamos identificar como una perplejidad, y durante la discusión se preguntaba si este hombre no está enfermo, no tiene un problema del cerebro, y lo que los psiquiatras no habían dicho es que tiene SIDA y que las consecuencias del SIDA han provocado una situación que no se puede explicar en la dimensión subjetiva. La presentación con solo una pregunta puede servir para eso. Por eso la presentación cada vez es de mayor interés.

También en la Sección Clínica de París habíamos hecho una presentación de adolescentes en el Servicio Infantil, donde hay adolescentes que vienen al final del secundario porque están parados en sus estudios, no pueden estudiar, con todos los trastornos que conocemos en la clínica de los adolescentes, que son psicosis con drogas, que no pueden salir de la casa de los padres, que están muy agresivos con los padres, y este lugar muy interesante hace que estos adolescentes que vienen puedan seguir sus estudios con un contrato con los profesores de la escuela pública local, que hacen cursos para 3 o 4 alumnos, y eso produce efectos. La presentación que hacemos con estos jóvenes que aceptan hablar de lo que ha pasado con ellos, que son algunas cosas muy finas, raras, difíciles de precisar de lo que podemos ver, del significante que va a quedar de lalengua, pero vamos a tratar de encontrar eso y de producir efectos también con estos chicos y chicas. 

También se ha hecho con niños. Lo importante es contar con un cuadro de trabajo que hay que formalizar un poco, porque no es el cuadro habitual, por ejemplo, no se puede entrar a la sala una vez que se inicia la presentación, por cuidado con la persona con la cual hablamos; también es muy importante decir algo a la persona, porque si no quiere hacerlo, no insistimos, necesitamos el acuerdo del paciente que vamos a ver. Viviana Berger: Muchísimas gracias por este desarrollo del dispositivo en general y del marco de las diferentes variantes con adolescentes y niños.  Mencionabas este dispositivo como un modo precioso de la transmisión de la clínica sostenido en el encuentro de los cuerpos. Está el cuerpo del paciente que se desplaza para encontrarse con el analista, está el analista que se desplaza para encontrarse con el paciente, pero también están los cuerpos de la audiencia, del público, entonces tenemos un tercer cuerpo que le da la estructura de demostración, que tú mencionabas, que tiene una dimensión de mostración, esto es importante en la medida que no son de todos los días, hay una por mes, entonces también es un momento excepcional, donde el encuentro de estos cuerpos instalan en el servicio una excepcionalidad, un momento de excepcionalidad que hace una ruptura. Me gustó cómo lo decías, una ruptura en la cotidianidad del sufrimiento, porque hay algo en los servicios donde el sufrimiento se vuelve cotidiano y se instala una cuestión apática, o de inercia, mortífera, que es propia de la psicosis, pero que también llega al personal terapéuticos. Entonces, pensando que en sí mismo la presencia de los cuerpos introduce un efecto para el que presenta, para el paciente, para la audiencia, para el servicio, que es un efecto que podría decir que corporiza el deseo del analista en la institución. 

J.D.M.: Hay una evolución de la forma de la presentación y que va con el dominio de la imagen, es un honor, es un placer mostrar al público lo que ha pasado por él.

V.B.: Aparte tú decías, el sujeto pregunta “¿no soy un sujeto interesante?”

J.D.M.: Por eso la ética del ejercicio no es hacer un show, es una manera de poner de relieve lo que el paciente tiene que decir, eso es importante, y creo que es una ocasión excepcional para el paciente encontrar a otra persona, no alguien que lo trata cotidianamente, haciendo una diferencia. Con Lacan también pasaba eso, hay pacientes que piden presentarse de nuevo, repetir, para encontrar de nuevo el efecto, me parece que eso ha cambiado un poco la aceptación de la presentación. Justamente el problema que tuvimos el año pasado fue el éxito de nuestra Sección y habíamos necesitado sonorizar y los pacientes aceptaron eso, hay la disposición de los lugares para hablar con los pacientes sin estar frente a la audiencia, pero se necesita de cuestiones técnicas del sonido. Para nosotros no hay otra enseñanza que el uno por uno, y no podemos hacer estadísticas de todos los casos que habíamos encontrado, eso no tiene interés, pero cada vez es un encuentro particular que nos enseña. Cada paciente es una cuestión nueva, no sabemos qué es lo que va a pasar. Puede pasar que haya personas que se van, pero en general aceptan, porque estamos buscando lo que pasa con este paciente, antes del desencadenamiento, de la crisis, el problema en la situación habitual es que la gente no quiere saber eso (médicos, la familia) por el miedo a saber de eso, por eso la presentación tiene un interés particular.

José Ruíz: Antes que nada muchas gracias por la presentación, iniciaba con este texto colofón de Lacan donde puso el acento en la urgencia, en los pacientes de urgencia, y lo que decía Viviana en su comentario de la cronificación de los pacientes, me pregunto si la presentación también puede reactivar ese tiempo de urgencia, ya sea en el servicio con esta situación que comentaba del paciente de las armas que iba a estar libre, pero aparece esto de las armas y se reinstala algo de la urgencia, alojada por un analista que produce el trabajo, o al presentarse estas revelaciones, estos secretos que puedan darse también para que el paciente revele algo de su propia urgencia y así pueda ser trabajada por un analista.

J.D.M.: Lo que me ha interesado en el texto de Lacan, es que Lacan no habla de sus pacientes  que trata en el consultorio que son los analistas de hoy, de ayer, no sé, pero habla de ellos y dice “casos de urgencia”, al igual hay que ver en este texto, es una cosa extraña, en los últimos textos de Lacan. Jacques-Alain Miller subraya que Lacan hizo el Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11 y que no tiene que ver con el Seminario 11, Lacan dice que lo importante para él no es ilustrar cosas que cada uno conoce sino de proponer algo en el tiempo cuando escribe un texto, de proponer un paso más y me parece especial esta manera de hablar de sus pacientes.  La urgencia es una manera de apuntar la dimensión  del trauma que está en juego en estos casos, y lo que hace a la urgencia es la necesidad de tratar este trauma y es una manera de Lacan de volver, de retornar a Freud después de haber dicho otras cosas, por eso la dimensión de la urgencia es también esta dimensión que nos han testimoniado de eso que está presente cuando los pacientes van a empezar un análisis, hay una dimensión de urgencia continua, porque hacemos análisis durante años y años, porque vamos muchas veces a la semana al analista, hay algo que empuja a aceptar ir al analista. 

¿Por qué habla de caso?, no habla de sujeto o analizantes, sino que habla de caso, por los casos de Freud y el caso de Aimée, es una continuación, es una manera de Lacan de decir que el psicoanálisis no está del lado de la comprensión, de la empatía, ni la transferencia misma, la práctica de Lacan es una práctica contra la transferencia. Jacques-Alain Miller la ha demostrado en el esp de un laps, donde vamos a una forma de interpretación que se le sume a poco, no a interpretar con el sentido, por lo que Lacan habla de caso que ha conservado de inicio al final. 

Participante: Respecto a la audiencia, me parecía buen dato clínico la docilidad de la persona que entrevista, la docilidad a las posiciones subjetivas del otro, me preguntaba por la posición del público, cuál es la posición que tiene la audiencia en su opinión.

J.D.M.: Esa es una pregunta importante porque al público lo seleccionamos, es verdad que a la Sección Clínica no se puede entrar sin que haya una entrevista con un docente, porque hay algunas personas, profesionales o no, quizá psicoanalistas o no que vienen a ver la presentación como una exposición de no sé qué, decimos: no, la presentación no es esa. Hay la necesidad de un interés por la clínica y también de una cuestión en relación a su práctica. De cierta manera hay que poner en juego su división subjetiva y su deseo, no de la manera del espectáculo, eso es importante, y por la gente que decidimos son profesionales elegidos, con los cuales habíamos discutido, preguntado sobre su análisis, sobre su recorrido, de cada uno, es un trabajo bastante importante, tenemos que verlos cada año.

Isis Nicacio: Hablaste un poco acerca de la presentación de enfermos de niños y adolescentes, ¿bajo qué circunstancias se realiza?

J.D.M.: La presentación de niños no se puede hacer sin su familia, son niños conocidos por los colegas que están ahí, tienen una pregunta sobre lo que pasa con el niño y los padres; con los adolescentes tengo una experiencia más importante, se ve que los adolescentes que han encontrado la posibilidad de ser escuchados, mientras que en la escuela donde están se peleaban era porque nadie los escuchaba, se ve verdaderamente un alivio por ser escuchado, con los niños es lo mismo, además los padres, se preguntan lo que pasa con sus hijos y aceptan la presentación. También en los servicios, hay retorno de las personas que trabajan con los niños.

Juan Diego Guerra (NEL-Guatemala): Así como no son un espectáculo las presentaciones de enfermos, tampoco lo son los testimonios de los AE. ¿Podría decir algo al respecto?
J.D.M.: Puedo decir que no es lo mismo porque el testimonio de los AE, si de verdad es una presentación del resultado de su pase, es un performance en el sentido del arte, la presentación es otra cosa porque es una entrevista, se ve con los AE en los primeros testimonios en general decimos que no hay que preguntar porque es el testimonio que vale como tal, no es una mostración. El  AE testimonia de un resultado y si hubiéramos hecho una presentación con Joyce sería la misma cosa porque Lacan dijo que Joyce con su trabajo sobre la lengua ha obtenido el mismo resultado que el AE con su pase después del análisis, pero no encontramos a Joyce en nuestras presentaciones, pero encontramos algunos pacientes que demuestran su capacidad para sostenerse de su síntoma, porque no buscamos el déficit, no buscamos el trastorno que se califica al sujeto en la sociedad, lo que buscamos es lo que sostiene al sujeto, se ve que es un sujeto después de su desencadenamiento, se puede ver antes cómo se sostenía, por eso es importante obtener una respuesta de eso, pero no es lo mismo que el trabajo del AE, no hay que estar obnubilado por el carácter espectacular.   

Bibliografía

  • S. Freud, “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (Parte III), Conferencia 17: El sentido de los síntomas, tomo XVI, Obras Completas, Amorrortu, Argentina, 1991.
  • S. Freud, “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (Parte III), Conferencia 18: La fijación al trauma, lo inconsciente, tomo XVI, Obras Completas, Amorrortu, Argentina, 1991.
  • S. Freud, “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (Parte III), Conferencia 23: Los caminos de la formación de síntomaObras completas, Amorrortu, Argentina, 1991.
  • J. Lacan, El triunfo de la religión. Precedido de discurso a los católicos, Paidós, Buenos Aires, 2005.
  • J. Lacan, “Intervenciones y textos 2”, La tercera, Manantial, Argentina, 1988.