GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 11 - MAYO 2019
 

I COLOQUIO-SEMINARIO INTERNACIONAL DEL CAMPO FREUDIANO 2019: “El triunfo de la religión”
PERSPECTIVA DEL CONCEPTO

Ciudad de México, 23 de marzo de 2019

Dios, el cerebro y el inconsciente
Fernando Eseverri

En agosto de 1960, en la ciudad de Cuernavaca, Timothy Leary comió hongos alucinógenos por primera vez. Las horas que siguieron fueron la experiencia filosófica/religiosa más profunda de su vida. No sería exagerado decir que fue una revelación (o quién sabe), lo cierto es que años más tarde, cuando continuó en Harvard sus investigaciones con LSD, Leary encontró en el vocabulario de la religión la mejor forma de enmarcar su proyecto. No sólo se inspiró en El libro tibetano de los muertos para escribir su guía para la experiencia psicodélica, también tituló uno de sus libros Tu cerebro es Dios. Este vuelco hacia la religión se explica en parte porque legalmente resultaba conveniente, pero quizá también por razones menos pragmáticas.

De acuerdo con Romain Rolland, la fuente de energía religiosa es un sentimiento espontáneo y eterno, un sentimiento que describe como oceánico. Se lo dice a Freud en una carta en la que elogia la lucidez de su libro El porvenir de una ilusión. Más importante aún es el hecho de que la carta contiene una autoconfesión “yo también estoy familiarizado con esta sensación” escribe. Por su parte, Freud le responde en su siguiente gran ensayo también con una autoconfesión “Yo no puedo descubrir en mí mismo ese sentimiento oceánico”.

¿Por qué algunos hombres son creyentes mientras que otros son ateos? En su trabajo seminal Las Variedades de la experiencia religiosa William James responde que el ateo, a diferencia del religioso, carece del sentimiento religioso. Para evitar la perogrullada subrayemos, en primer lugar, la importancia del afecto. En consonancia con Rolland, pero también con Freud, James concluye que el sentimiento es la fuente más profunda de la religión y que las fórmulas filosóficas y teológicas son productos secundarios. En segundo lugar, hay que decir, que al igual que Lacan, James dudaba que existieran verdaderos ateos.

Para este autor el fenómeno religioso estudiado como un hecho interior y separado de las elaboraciones teológicas consiste en:los sentimientos, los actos y las experiencias de hombres particulares en soledad, en la medida en que se ejercitan en mantener una relación con lo que consideran la divinidad”. En un sentido amplio, la religión es una reacción total del hombre ante la vida. Por eso, no sería imposible afirmar que la convicción del ateo fácilmente podría incluirse en la esfera de lo religioso

Ahora bien, ¿qué valor le concede al sentimiento el hombre de fe, el científico y el psicoanalista? En sus Memorias Rolland habla de las experiencias espirituales que lo macaron en su juventud. La primera a los quince años cuando fue llevado por problemas de salud a una pequeña localidad en la región de los Alpes para recuperarse. Allí, mientras caminaba un día por el campo sintió como si se rasgara un velo; fue poseído como una virgen por el éxtasis de la naturaleza. Desde ese momento, para Rolland la naturaleza fue “El libro de los libros… El Dios viviente”.

Estas experiencias místicas serían la base para el documento que contiene lo esencial de su pensamiento religioso: el Credo quia verum (literalmente, creo porque es verdad). Si bien para Rolland la influencia filosófica fundamental fue Spinoza, también siguió el ejemplo de Descartes y dudó de todo hasta encontrar un punto inexpugnable sobre el cual edificar su vida. En su versión propia del cogito concluye “Siento, por lo tanto, Eso es” (Eso es el Ser o Dios). Podríamos decir que hace del sentimiento el apoyo de su certeza.

¿Y qué es para la ciencia un afecto? En su libro El extraño orden de las cosas Antonio Damasio explora el papel que tuvieron los sentimientos en el origen de la cultura y del yo. Situando a los afectos en el centro de su argumentación, Damasio realiza una reconstrucción de la historia de la vida. Esta historia comienza con la aparición de los primeros organismos unicelulares hace 3.8 billones de años. De manera sorprendente descubre en los mecanismos adaptativos de las bacterias antecedentes de las capacidades que encontramos en organismos equipados con un sistema nervioso central. Al inicio la vida se regulaba sin sentimientos, no existía la consciencia, pero ya había algo parecido a una intencionalidad en funcionamiento.

La tesis central de este libro es que la homeostasis es un poderoso imperativo que permite a los organismos resistir y prevalecer. A nivel del individuo los sentimientos son la expresión mental de la homeostasis y a nivel social las respuestas culturales hacen su aparición de la mano del afecto. De este modo, las creencias religiosas, los códigos morales y los sistemas políticos surgieron como intentos por gestionar los afectos.

Es importante decir que no es la intención de Damasio reducir los fenómenos culturales a raíces puramente biológicas. Sin embargo, como científico considera que no hay nada misterioso o especial en la experiencia humana. Que no hay razón por la cual la consciencia o la afectividad no puedan explicarse como cualquier otro fenómeno.

Por último ¿qué lugar le da el psicoanálisis al afecto? Freud reconoció que el afecto era algo muy complejo. No sería posible presentar aquí un resumen de sus desarrollos. Por eso voy a enfocarme en el análisis que hace de este sentimiento oceánico. Freud encuentra el origen de este sentimiento en la fusión del lactante con la madre. Lo remonta a un tiempo en el que todavía no había un yo. Es una interpretación de corte genético. Podría discutirse si esta construcción hace justicia a la experiencia religiosa o no. Lo que queda claro es que desde la perspectiva del análisis el afecto es algo a interpretar.

Por su parte, Lacan afirmó en el Seminario 10 que el afecto no es el ser dado en su inmediatez, ni tampoco el sujeto en forma bruta. Años más tarde acuñó el neologismo senti-miento ligando de manera concluyente a los afectos con el engaño. En el análisis los afectos no son evidencia de nada; son sospechosos.

Los autores que he comentado coinciden en que encontrar y mantener la felicidad es el propósito de la vida. La lección de humildad de El Malestar en la Cultura es que la vida es dura y que al final las más elevadas creaciones culturales como el arte y la religión no son más que ayudas para soportarla.

De manera sintética digamos de qué modo contribuyen a este fin la religión, la ciencia y el psicoanálisis.

  1. La religión lo inunda todo de sentido aportando así un consuelo. Su fuerza radica en la debilidad humana y en la necesidad de protección.
  2. Si bien Lacan habla de las crisis de angustia de los científicos. La ciencia también ofrece sus propias utopías. Como dice Yuval Noah Harari en su libro Homo Deus, cada problema técnico tiene una solución técnica. Desde esta perspectiva, no hay límites para el progreso. Incluso la muerte puede ser considerada como un problema técnico más.
  3. El psicoanálisis no es una disciplina de la felicidad. Desde el discurso analítico los afectos implican una ética, una posición del sujeto respecto de su inconsciente.

Pero entonces, si el psicoanálisis no ofrece el consuelo de la religión, ni puede competir con las promesas de la ciencia ¿por qué habría que preferir su punto de vista?

Bibliografía

  • Parsons, William B, “The Oceanic Feeling Revisited.” The Journal of Religion, vol. 78, no. 4, 1998, USA, The University of Chicago Press, pp. 501–523.
  • James, William, Las variedades de la experiencia religiosa. Ediciones Península, Madrid, 1994
  • Damasio, Antonio, El extraño orden de las cosas. Ediciones Destino, Barcelona, 2018
  • Freud, Sigmund,  “El malestar en la cultura”, Obras completa,  Tomo  XXI , Amorrortu, Buenos Aires, 1992
  • Lacan, Jacques, Seminario 10 La angustia. Paidós, Buenos Aires, 2007