GLIFOS
REVISTA DE LA ORIENTACIÓN LACANIANA DE LA CIUDAD DE MEXICO | Nro. 4 - Diciembre 2016
 

CONFERENCIA
1eras Jornadas de la NEL-Ciudad de México

¿Ni contigo ni sin ti? Lo que dice el psicoanálisis del amor
20 de septiembre 2016

¿Cómo tener pareja y no morir en el intento?
Viviana Berger

Ni contigo ni sin ti… fue un hallazgo, capturado al vuelo durante una conversación en la Escuela. ¡Qué mejor fórmula para nombrar los avatares libidinales entre dos que están unidos por algún tipo de lazo pero que a su vez no encuentran la buena manera de estar juntos ni tampoco se separan! ¿Qué es lo que los mantiene unidos? Se pueden argumentar "las buenas razones": porque llevamos años casados, la familia, el miedo a quedarme solo/a, etc.; sin embargo, el psicoanálisis nos ha advertido respecto de la debilidad de las explicaciones -nada dicen sobre los resortes de la alianza, más bien delatan el desconocimiento de quien habla.

La falta de complementación natural entre los sexos hace que en el mundo de las parejas haya multiplicidad de combinaciones, algunas armonizan mejor, otras no tanto. Ni buenas ni ideales, para el psicoanálisis de lo que se trata es del síntoma que une a los partenaires -la inteligencia será armar uno a la propia medida.

¿Cómo es que el psicoanálisis puede contribuir a un enlazamiento más feliz para los partenaires? A veces la rigidez de los síntomas de uno complica el lazo y oscurecen el amor, o el deseo. Y cuando gracias al análisis son despejados, la relación puede renovarse y relanzarse más felizmente. También puede pasar, contrariamente, que la relación ya no puede sostenerse más. Y entonces, los sujetos buscan caminos por separado, y arman otras parejas en las que pueden ser muy felices o no, y en las que incluso también, aunque diferentes, luego resulta que se vuelven a topar… ¡con lo mismo! Entonces, resultó que "No eras tú. Soy yo". Eso ya es jurisdicción del psicoanálisis.

Ni contigo ni sin ti… atrapados en este impasse, encubiertos por el velo del amor o incluso embebidos por el odio, dos se constituyen en tanto partenaires. Hablo de ti, me quejo de ti, te observo y te critico, te temo, te sospecho, te denuncio, te insulto… pero, ¿eres tú o soy yo que he puesto eso en ti a partir de lo cual te he creado? Porque finalmente, ¿quién habla? Sin duda, eso que he puesto en ti habla de mí -o mejor dicho, eso que he puesto en ti habla en mí.

El análisis posibilita trazar una distancia respecto de los enunciados, incide sobre el discurso de la queja sobre el otro. ¿Qué es esta demanda? A veces para reducir el nivel de conflicto alcanza con la apertura de esta hiancia que separa los enunciados de la enunciación, y la tensión se apacigua. Está la separación subjetiva que puedo tomar respecto del Otro; pero hay ocasiones en que también se hace necesaria una separación geográfica. Recuerdo el caso de una paciente atormentada por los celos. Fuera de la escena con su pareja, podía tomar distancia de sus enunciados y analizarse, pero cuando era tomada por el arrebato pasional, el estrago llegaba a un punto tan extremo que no había coto efectivo a la escalada de violencia. Era el puro sin límite, que culminaba en un éxtasis inigualable del reencuentro erótico. Sumidos, ambos, en un circuito de goce irrefrenable, sin poder separarse pero tampoco juntos, para resguardar su integridad tuvieron que dejar de convivir, al menos, en la misma vivienda. Luego de casi dos años de análisis cedió en ella el goce que la enquistaba en ese vínculo eróticamente mortífero; finalmente, su consentimiento al falo operó el tope: fue la frialdad de él y su hostilidad ante el supuesto embarazo de ella, el signo que afirmó la decisión. "Menos mal que resultó ser que no estaba embarazada, la respuesta de él acabó por iluminarme que nada bueno podía seguir esperándome en esa relación y ya no quiero más de esto". Con esto, salió de ese circuito cerrado en el que había permanecido tantos años.

Recientemente hablaba con una colega sobre una obra de teatro en cartelera en BA cuyo guión es el monólogo de una mujer sobre el drama de su existencia. Envuelta en un encierro cotidiano de decadencia y opresión a raíz de un accidente que deja cuadripléjico a su esposo, expone ante el público su martirio, el sufrimiento en el que está capturada, y que tiene como argumento el maltrato de este hombre convertido en un Amo tiránico, que la somete, la atormenta, con el que ella pelea, con el que está embrollada, del cual no puede desembarazarse. Es un espectáculo unipersonal; sola, la protagonista frente a una silla de ruedas vacía que termina despedazando con furia en un supuesto "acto de liberación" a través del cual aspira a ponerle fin a esta situación haciendo justicia por mano propia -un final trágico.

Ante el público ella supone que les habla del Otro que la subyuga; sin embargo, desconoce cómo es que no es del Otro-subyugador-esposo-en-sillas-de ruedas, de quien habla –parece que habla de él, en verdad sólo habla de sí, a través del Otro; es el monólogo de un fantasma de opresión. ¿Por qué no puede liberarse de la tiranía de su marido? Porque desconoce que en el fondo no se trata de su marido, sino de su Otro tiránico encarnado en el marido –su verdadero partenaire de goce.

Miller dice "se habla a través de la marioneta del otro"[1]. Continúo la cita: "El sujeto queda condenado al monólogo, al monólogo autista de su goce, a la homeostasis que, por definición, siempre logra su efecto de satisfacción. El camino de la pulsión puede ser laberíntico, sin embargo siempre vuelve sobre sí mismo, es un circuito, tal como Lacan lo ha dibujado". La silla de ruedas vacía, símbolo y presencia de su partenaire superyoico -más allá de que exista un marido de carne y hueso, que se haya vuelto un tirano resentido y agobiado por su discapacidad y la acose. Recordemos que para el psicoanálisis no se trata de los hechos de la realidad, sino más bien de los dichos sobre los hechos. Un análisis ayudaría a esta mujer a conocer con quién hace pareja, quién es su Otro y cómo goza (quién es su pareja de goce), su par fundamental. ¿Efectivamente cree que su liberación pasa haciendo justicia por mano propia?, ¿Matar al marido es el acto liberador?

En un análisis el monólogo es intervenido por el Otro al que la transferencia convoca, posibilitando decir algo nuevo más allá de la triste repetición, algo no previsto en el monólogo del ventrílocuo. Eso hace creer en el Otro, amarlo, y así abrir la chance de cortocircuitar el recorrido de la pulsión. Obviamente, al analista de la protagonista de "Ready made" (así se llama la obra de teatro que les comentaba) en la transferencia le está destinada la silla de ruedas. Lo más lejos posible del Amo, el análisis maniobraría en aras de interferir el destino trágico que le está determinado.

Volviendo al tema, Ni contigo ni sin ti… Como vemos, "yo", "tú", "mi", "contigo", "conmigo"… Se trata del eje imaginario, el campo de la conciencia de sí, la unidad del individuo para algunos. Para Lacan, el espejo, el otro en tanto imagen especular, imagen del yo, el semejante, el rival, la identificación; una primera versión del partenaire. Ahora bien, para que esta pareja se sostenga se necesita un garante más allá, que se soporta en el Otro –la pareja simbólica del sujeto.

Ambas modalidades de pareja se establecen en el afán de una complementación: en un caso vía la identificación con la imagen de otro que compense la discordancia del yo respecto de su propia imagen; y en el caso de la pareja simbólica, para que supla la falta de significante, buscando el significante para obturar su falta en ser en el reconocimiento. ¿Qué quiere decir esto?

Por ejemplo, en el caso del "nosotros" de la pareja, el plural imaginario borra el uno, la responsabilidad de la enunciación -un recurso del yo para taponar su propia carencia. Alienada en el otro, mi otro imaginario me exime de mi propia implicación. El Otro del significante me da un lugar, y una representación. Por ejemplo, a través del matrimonio, un nuevo estatuto simbólico en el Otro social: están "los Solteros", "los Casados", "los Divorciados". Una mujer puede convertir a un hombre en "Padre", "El hombre de familia", y a la inversa por supuesto, la mujer devenir "Madre". Hay casos en que la mujer se eleva al estamento de "Reina", como en el caso de Máxima (la reina de Holanda) o Letizia (la de España); otros en todo lo contrario "el cáncer", "la putita", etc. El Otro da un reconocimiento significante a la falta en ser que funge como soporte subjetivo –en especial en las mujeres.

La separación implicará la pérdida de ese significante adquirido en esa pareja con el Otro. A veces un sujeto tiene su ser demasiado amarrado a ese significante y perderlo acarrea una catástrofe subjetiva. Hemos estudiado el valor de estabilización que adquieren algunas identificaciones en las psicosis ordinarias y la amenaza de desencadenamiento cuando eso es alterado. También a la inversa, el caso Schreber nos enseña las dificultades en algunas psicosis para ocupar los lugares del padre.

Por otra parte, el Otro también es el sujeto de la demanda, sujeto del deseo. Muchas veces el asunto no pasa por el señor o la señorita en cuestión, no es el Otro lo que se desea sino más bien se desea el deseo del Otro sobre mí. Es el caso de una mujer que entra en crisis cuando su pareja le plantea una expatriación por motivos laborales pero junto con eso no le dice que se quiere casar con ella. Ella no está dispuesta a dejar su vida en su país, de hecho no quiere acompañarlo, el reclamo es que no le haya ofrecido matrimonio. "Aunque me hubiera dado el anillo, igual le habría dicho que no. Mi herida es que yo no le haya importado". Y obviamente, tiempo después se embarca en otra relación en la que el nuevo partenaire se manifiesta con una potencia de deseo hacia ella que implanta el corazón para otra relación; el sujeto no importa, lo que importa es que la desee. Esto produce un efecto de falicización fundamental para la mujer. De hecho, Freud decía que la pérdida del amor en la mujer equivalía a la vivencia de castración en el hombre. Y seguramente deben conocer hartos casos en que la separación de la pareja arroja a la mujer al peor de los lugares, al desecho absoluto, con los dramas subjetivos de devastación subsecuentes.

En la mujer vemos que ser el falo del Otro, para quien puede entender que se trata de un semblante da un lugar y una falicización del ser –que luego, como dijimos, cuando se pierde, puede tener consecuencias fatales.

Particularmente estoy trabajando el texto de J.-A. Miller "El partenaire-síntoma", puntualmente la clase "Teoría de las parejas". La tercera pareja es aquella que escribe la fórmula del fantasma, que es la pareja del deseo y que implica que el sujeto recibe el complemento de su falta en ser bajo la forma de un objeto a. El sujeto va a buscar este objeto en el campo del Otro; esta modalidad de pareja instaura que no hay una relación directa del sujeto con el Otro sino por la vía de a. El precio del deseo quiere decir que el sujeto debe ir a buscar la contrapartida de lo que le falta no bajo la forma del significante ni la identificación con el otro, sino bajo la forma del objeto a y lo tiene que ir a buscar al lugar del Otro –esto es interesante porque significa que el deseo abre la vía del Otro, por eso también implica de algún modo la confrontación con la castración.

Esto es lo que decía que a la histérica muy falicizada le resulta cuasi imposible y lo que hablaba al principio sobre la posibilidad de cortocircuitar el recorrido predeterminado de la pulsión. Hay una entrevista de Miller, "Sobre el amor", está online, se las recomiendo especialmente. Dice allí: "Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquéllos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente." Pero, en fin, como decíamos hay parejas y parejas.

La cuarta pareja que ubica Miller es la pareja del goce, la pareja libidinal –se trata de la búsqueda de algo del orden del goce que hay que encontrar a partir del Otro (el plus de goce). Con esta pareja se agrega la dimensión del viviente, la sexuación; el sujeto buscará en el Otro sexuado el objeto complemento pulsional. Una de las vías de acceso al Otro del Otro sexo, entonces será a través de las pulsiones parciales, con más precisión, en Aun sería: "no se tiene acceso al Otro del Otro sexo, solo se tiene acceso al objeto de las pulsiones parciales, solo se tiene acceso a a como objeto de las pulsiones parciales" –finalmente es un goce del cuerpo propio. El otro acceso es por medio del amor que deja el cuerpo de lado y se aferra a la palabra.

Esta cuarta pareja tiene un erotismo interesante, el encuentro del propio objeto de goce en el Otro. Es la pareja que no responde al ideal, a las voluntades, sino a la satisfacción, independientemente de los condicionamientos del Otro. Me viene a la mente una película muy antigua, muy italiana, de Lina Werthmüller con Mariangela Melato y Giancarlo Giannini, que cuenta la historia de una burguesa que naufraga en altamar y se enamora del marinero, y viven una historia de pasión y erotismo fabulosa, a contrapelo de los Ideales sociales y familiares que los determinaron.

También las hay de la satisfacción mortífera, del encuentro en el Otro del objeto de goce pero mortífero, en la vía de la degradación y el tormento. Es el caso de la película "Mi rey" que comentaba una colega en el Boletín Ai.lov.iú. Otro caso extremo, el de la mujer golpeada, que no puede separarse del marido golpeador y si lo hace, luego se junta con otro que la golpea también. Es la pareja que responde al goce sintomático, articulado a la pulsión de muerte y al superyó, y no sinthomático –con "h".

Finalmente, ustedes me dirán, si es Ni contigo ni sin ti… entonces, ¿cómo tener pareja? Quizás en la misma fórmula esté la respuesta, diría: una pareja "Ni contigo ni sin ti". La frase hace resonancia con la cita que extrajimos del Seminario 11 para nuestros coloquios de ese año: "Te amo, pero porque, inexplicablemente, amo en ti algo más que tú, el objeto a minúscula. Te mutilo". "Te mutilo" en tanto efecto de castración, no eres el Otro absoluto. Hacer pareja con el Otro absoluto lleva a morir en el intento. Hacer pareja ni contigo ni sin ti preserva vivo el deseo en la articulación con el otro, puedo perderte, me haces falta, deseo re-encontrarte. Y si encarnas el objeto de mi goce erótico, cuánto mejor, la pasaremos muy bien. Y cuando por las contingencias de la vida, caigas en el lugar del Otro malvado, resistiremos el mal tiempo. Y cuando la imagen que me devuelvas de mí no sea la que me complete, sabré que es un espejismo, y cuando las palabras que oigo de ti hagan eco en mí de la mala manera, iré a análisis a ver qué es eso.

Miller en la entrevista que les mencionaba concluye: "el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe".

Ni contigo ni sin ti, ¡imposible la relación! Mejor soportar la soledad del Uno que morir en el intento de hacer uno de dos … y luego quizás habrá chance que hablemos alguna lengua de pareja.


NOTAS

  1. Miller, Jacques-Alain, Clínica lacaniana, "La ponencia del ventrílocuo", Editorial Gredos, pág. 443.