NEL México
Boletín No. 14:
Un amor puesto a prueba.
 

 

I. Editorial

En muchas ocasiones las dificultades y los impasses en el terreno del amor llevan a consultar a un analista y, para quienes consientan emprender la travesía, en la experiencia de un análisis se desplegarán y recorrerán bajo transferencia las vicisitudes del saber, el goce, el deseo, el fantasma y el síntoma.

Sin embargo, poder decir algo sobre las consecuencias que el devenir de un análisis puede provocar en el ámbito del amor, en el encuentro con el otro, no es tarea fácil porque implica el caso por caso y la forma que cada quién encuentra para arreglárselas con eso que es del orden de lo imposible.

En este sentido es invaluable la contribución que generosamente nos ha brindado Araceli Fuentes y que compartimos en este Boletín. En su texto resuena la transmisión, en primera persona, de quien ha transitado el recorrido de un análisis hasta su final, con todas sus implicancias y con la posibilidad de dar cuenta de parte de la lógica que subyace y sus consecuencias subjetivas.

Del amor absoluto, sin límite, del lado del estrago y del goce femenino a la posibilidad del amor "fruto de la contingencia de los encuentros, que guarda siempre un misterio", los invitamos a continuar la lectura que sin duda enriquece de manera singular este recorrido sobre lo que el psicoanálisis dice del amor.

Araceli Fuentes es psicoanalista, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (España) y de la AMP, nombrada Analista de la Escuela (AE) por el período 2010-2013 y autora del libro "El misterio del cuerpo hablante".

También será nuestra invitada en la Video conferencia Internacional: "Amor de mujer, amor de hombre", que se realizará el 29 de octubre a las 11 hs. en la Sede de la NEL-Ciudad de México, en el marco del trabajo hacia las Jornadas. Pueden reservar su lugar escribiendo a informes.jornadas.cdmx@nel-mexico.org

Silvana Di Rienzo. Comisión editorial de Ai.lov.iú*

 

II. Un amor puesto a prueba

Por Araceli Fuentes

El amor y la muerte son dos nombres comunes para hablar del deseo abisal de una mujer, de su fascinación por el abismo. Ella lo buscaba, una disposición profunda la empujaba, quería adentrarse en esa zona en la que el sentimiento de existir se confunde con la intensidad experimentada en un estado del cuerpo. El encuentro con un hombre le despertó ese goce que ningún significante mortifica. La consecuencia subjetiva de esa experiencia fue buscar en el amor un amor absoluto, sin límite. Eso le llevó a entregarse a la voluntad de goce del Otro y el amor se convirtió en un estrago. El estrago y el goce femenino son dos modalidades de goce en la mujer que ponen de relieve que para ella la relación con la castración no es lo esencial, lo que quiere decir que una mujer puede estar articulada a la castración y eso no le impide tener una relación que sea para ella un estrago y que parte de un tiempo anterior o tener acceso a un goce que se sitúa más allá.

Loca, como todas las mujeres pero no, del todo, sino más bien acomodaticia, no puso límites a las concesiones que le hizo a ese hombre, de su cuerpo, de su alma, de sus bienes. Desprendiéndose de sus objetos atravesó el umbral, la frontera hacia el Otro absoluto. Pero "pasados los lindes está el límite", nos recuerda Lacan en Televisión: el límite es el acto sexual, que no identifica sexualmente a una mujer. El límite es el fracaso, en el acto sexual, de la relación sexual, pues el acto no logra establecer una relación entre el goce perverso, de un lado y el goce Otro, del otro. El enfrentamiento a este impase, a esta imposibilidad con la que se define algo como real, es como se pone a prueba el amor, dice Lacan en Aún. En ese tiempo del estrago la angustia invadió su vida, su sufrimiento se hizo insoportable y, aunque el Inconsciente no sabe nada del goce femenino, sí sabe de sus consecuencias subjetivas, así se lo mostró un sueño en el que de la cabeza rota de una maniquí salían cenizas que se repartían en platos blancos, "cenizas para comer" dijo su analista, eso era todo lo que quedaba de su madre muerta, por la que aún no había podido hacer el duelo.

Entre el aburrimiento del Uno solo y la locura del goce Otro, sus relaciones con los hombres fracasaban. Ser una mujer histérica le llevaba a vivir el impase del amor a un hombre, amor al Uno que cortocircuita al Otro, sin que este amor la hiciera heterosexual, lo que le empujó a pedir un análisis. Su interés histérico por el síntoma del otro, tampoco hacía de ella una mujer y tardó en aceptar ser síntoma de un hombre, en cumplirse ella misma como síntoma de otro cuerpo, como hace una mujer. A pesar de todo, una mujer histérica, no es toda histérica y lo sepa o no, también es Otra, el análisis permite descubrirlo.

Un cambio importante se produjo cuando el sujeto, confrontado a dos acontecimientos relevantes en su vida, la muerte de su padre y la emergencia de un real en su cuerpo, pronunció un "no quiero más de esto", que marcó un antes y un después en sus elecciones amorosas. Entonces, por azar, como suceden estas cosas, encontró a un hombre que ni estaba loco ni era aburrido, un hombre con un rasgo privilegiado para ella: su excelente sentido del humor.

Aquí comienza mi tercer análisis que fue equivalente a la escritura de un duelo. Este análisis dejó un resto sintomático: un empuje a decir irrefrenable que me atraviesa, que atraviesa mi cuerpo en ocasiones, un goce opaco del cuerpo vivo que es lo más singular de mi misma. Con este empuje a decir trato de hacer algo, de darle un relieve a la voz a partir de la escritura, un saber hacer que se pone a prueba cada vez, un saber hacer con ese resto sintomático en el que la voz cobra un relieve. Saber hacer ya sin Otro, en el que se funda la responsabilidad, sexual, según Lacan, pues por no haber escritura de la relación entre los sexos, lo que hay es el síntoma con su goce opaco, fuera de sentido, real.

Pero un análisis llevado hasta su fin también ha de dar cuenta de otro real: el del goce femenino, un goce que escapa a las palabras, y cuyo carácter ilimitado e ilocalizable produce horror al neurótico, sea éste hombre o mujer. De ese horror surge la resistencia a la lógica del no-todo y al pase. No hay esencia masculina ni femenina, nos dice Lacan en Aún, y por tanto no hay obligación, cada uno es libre de elegir el lado donde se coloca como ser sexuado: Creer que La anatomía es el destino, es hacer existir esa esencia. En una sesión, en la que había declarado enfáticamente que estaba dispuesta a demostrarle a una amiga que ella no era un hombre, escuché con sorpresa que mi analista afirmaba también con énfasis, un "¡lo logró!" que me dejó perpleja. Ese "¡lo logró!" me dividió haciéndome sentir ridícula. ¿Qué quería demostrar? ¿Qué es ser un hombre? ¿Qué es ser una mujer? En ese momento descubrí que como Jones yo también había creído que ser hombre o mujer es una cuestión de nacimiento. Mi prejuicio se fue al garete.

Que por ser seres hablantes estemos sometidos a la castración no quita para que en el análisis la palabra verídica bajo transferencia tenga efectos de escritura permitiendo poner en su lugar la función castración φ (x), lo que produce indudables efectos terapéuticos, es a lo que Lacan se refiere al decir que el análisis hace de la castración sujeto. Para pensar la diferencia de los sexos Lacan nos propone un cambio de lógica: para todo ser hablante rige la función fálica, ésta es la parte para todos, en la cual el hombre está inmerso por completo. La mujer como ser hablante está sometida a la misma lógica y tiene acceso al goce que se desprende de ella: el goce fálico, un goce articulado a un límite, finito y localizado. Pero a diferencia del hombre la mujer no está toda sometida a la función fálica, ella es no toda allí. En la lógica del no-todo no se trata de que falte algo, lo que se llama incompletud, sino de que hay una parte totalmente heterogénea que no permite formar un todo, ella tiene acceso a un goce suplementario, no complementario, al goce fálico. Sin embargo este goce no la completa ni la identifica como mujer sino que la sobrepasa y en ocasiones la extravía. La lógica del no-todo, es la lógica de la Escuela pues el real en el que ésta se funda la hace no-toda. Si la Escuela no se atiene a la lógica del no-todo, entonces es un club, un grupo o una sociedad, cuya esencia es siempre masculina" nos decía Patrick Monribot en el 2002, en Madrid.

Para acceder a la lógica del no-todo es necesario haber bordeado suficientemente el agujero del Otro, limite interno de lo simbólico, que viene a recubrir otra hiancia, la que separa lo Real excluido de lo Simbólico, un Real que en asunto de sexo no puede estar representado más que por el cuerpo. Decir que las mujeres son no-todas es decir que el significante mujer connota lo que escapa al discurso y presentifica el más allá de lo que se puede alcanzar por la palabra. Situarse como mujer sería entonces dar cuerpo a un aspecto de la estructura, o sea estar en relación a lo que no puede decirse del Inconsciente radicalmente Otro: opacidad de lo Real del cuerpo.

Si del deseo de Freud derivó una comunidad retenida en la lógica edípica en la que existe un universal sostenido en una excepción, razón por la que para Freud la relación que tiene la mujer con su propio deseo le resultó opaca. Del deseo de Lacan, llevado más allá del Edipo, no ha surgido una sociedad sino una Escuela que se funda en una lógica inconsistente, lógica del no-todo que se presenta bajo la forma de una serie excepciones, de soledades, no susceptibles de formar grupo ni sindicato y en cuyo centro está el s(A) tachado, nos dice Miller en su Teoría de Turín. Es la misma lógica que Lacan le adjudica al analista y la vía imprescindible para que una erótica no segregativa anime la Escuela y el pase pueda ocupar en ella el lugar que le corresponde.

Uno de los últimos sueños de mi análisis daba cuenta del pasaje de la posición de excepción de la histérica a la posición femenina. Habitualmente me exceptuaba de los grupos de mujeres al mismo tiempo que, sin saberlo, los hacía existir. Estaba en la lógica masculina. La lógica del no-todo, lógica femenina, implica que las mujeres sólo pueden ser contadas una por una. Esta es la solución que mostraba el sueño que tuve ya bien avanzado el análisis: en el sueño estoy situada entre dos mujeres que han tenido relación con el pase, ambas son en la realidad más altas que yo pero en el sueño tenemos la misma estatura. Me despierto contenta, siempre quise ser más alta, hago una interpretación freudiana del sueño como realización de mi deseo infantil de ser más alta, pero enseguida me doy cuenta de que el sueño con sus medios imaginarios me muestra otra cosa: estoy situada entre dos mujeres, ya no estoy en una posición de excepción ni tampoco formo parte de un conjunto cerrado, ahora formo parte de una serie, soy una entre otras, en una serie abierta, sin excepción, sin ley. Lacan se refiere a este tipo de series en el seminario XXIII. Ser una mujer entre otras, en una serie abierta, es una solución que me alivia, me conviene.

Había sentido en diversos momentos un goce en el cuerpo que se parecía a la angustia pero no era angustia, la angustia yo la conocía bien, curiosamente los echaba de menos. Era un goce, que no podía situarse en los dichos.

Finalmente, en lo que respecta al amor, a ese amor que un día quise absoluto, una vez hecha la prueba de lo real en el análisis, pude aceptar que el amor que es fruto de la contingencia de los encuentros, que guarda siempre un misterio. No necesito buscar continuamente su sentido porque se de la opacidad del goce. En ese amor reconozco cierta afinidad –no identidad- con mi partenaire, en la huella que para cada uno ha dejado su exilio de la relación sexual y la soledad que conlleva.

La comisión editorial de Ai.lov.iu está integrada por:

Viviana Berger Diana Montes Caballero
   
Silvana Di Rienzo Fernando Eseverri

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