NEL México
Boletín No. 9: Amores letrados. Citas sobre el amor en los Seminarios de Jacques Lacan
 

 

I. Editorial

"No hacemos sino glosarnos los unos a los otros"
Montaigne

Uno de los escritores a los que Lacan se refirió durante los distintos tiempos de su Enseñanza fue Michael de Montaigne. El creador del género ensayístico llamó la atención del psicoanalista francés pues su escritura era capaz de crear y sostener un enigma.

Es muy cierto que tal vez me contradigo, pero la verdad como decía Démades, no la contradigo.1

Se sabe que el alcalde de Burdeos se encerraba en una torre para leer y conversar con los libros que tanto amaba. Quizás fue el amor que sentía por las letras lo que evitó que se apalabrara en el discurso universitario pues, lejos de hacer operar a las citas como "conocimiento paranoico", las intertextualizaba haciendo surgir una pregunta común a aquélla que surge durante la experiencia psicoanalítica: ¿quién habla?

Nada puedo decir de mí entera, simple y sólidamente, sin confusión y sin mezcla, ni en una sola palabra: «Distinguo» es el término más universal de mi lógica.2

El enunciado y la enunciación vacilan con cada lectura, y es que Montaigne "se ha centrado en torno al momento viviente de la afanisis del sujeto. Y es en eso que es fecundo, guía eterno, que supera todo lo que ha podido representar del momento por definir de un viraje histérico."3

Estamos por entero hechos de pedazos, y nuestra contextura es tan informe, monstruosa y variada que cada pieza, cada momento desempeñan su papel. Y la diferencia que hay entre nosotros y nosotros mismos es tanta como la que hay entre nosotros y los demás.4

La tensión entre el perpetuum mobile, el reconocimiento de la naturaleza regular y normativa, las tesis taxativas y la apelación a la regla de la razón, propician en el asiduo lector de todos los clásicos, una escritura que lejos de producir certezas descubre aporías y antinomias, pues lo que en realidad se juega es un posicionamiento ético.

De Montaigne a Lacan podemos reconocer cuándo las citas adquieren realmente el carácter de enigma o medio-decir. En este sentido, la segunda parte del minucioso trabajo realizado por Aliana Santana y Edgar Vázquez, Citas sobre el amor en los Seminarios de Jacques Lacan, es una invitación a hacer que las letras operen también como no saberes, y a que más que completar susciten nuevas escrituras que devengan —de manera diferida— enunciados cuya verdad sea tan sólo un lugar de paso. Esperamos que disfruten y participen de estos amores letrados.

Diana Montes Caballero
Comisión Editorial Ai.lov.iú*

NOTAS

  1. Michel de Montaigne, "El arrepentirse". Ensayos. Acantilado. España. 2007. Pág. 1202.
  2. IDEM, Ibídem, Pág.485.
  3. Jacques Lacan, "Clase del 3 de junio de 1964". En: Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964-1965). Paidós. Buenos Aires. 2003 Pág. 232.
  4. Michel de Montaigne, "La Inconstancia de nuestras acciones". Op. cit. Pág. 488.

 

II. Citas sobre el amor en los Seminarios de Jacques Lacan. Por Aliana Santana y Edgar Vázquez. (2/2)

Seminario 1 Los escritos técnicos de Freud. 1953-1954

En Observaciones sobre el amor de transferencia, Freud no vacila en aplicar a la transferencia el nombre de amor. Tampoco elude Freud el fenómeno amoroso, pasional, en su sentido más concreto, pues hasta llega a decir que no hay, entre la transferencia y lo que en la v ida llamamos amor, ninguna distinción verdaderamente esencial. La estructura de ese fenómeno artificial que es la transferencia y la del fenómeno espontáneo que llamamos amor y, muy precisamente, amor-pasión, son en el plano psíquico equivalentes. Pág.142

(…) hay que comprender que es la Verliebtheit, el amor. EL amor es un fenómeno que ocurre a nivel de lo imaginario, y que provoca una verdadera subducción de lo simbólico, algo así como una anulación, una perturbación de la función del ideal del yo. El amor vuelve a abrir las puertas- como escribe Freud sin ambages- a la perfección. Pág. 215

Este esquema presentifica lo siguiente: sólo en la dimensión del ser, y no en la de lo real, pueden inscribirse las tres pasiones fundamentales: en la unión entre lo simbólico y lo imaginario, esa ruptura, esa arista que se llama el amor; en la unión entre lo imaginario y lo real, el odio; en la unión entre lo real y lo simbólico, la ignorancia. Pág.394

El amor se distingue del deseo, considerado como la relación límite que se establece entre todo organismo y el objeto que lo satisface. Pues su objetivo no es la satisfacción, sino ser. Por eso, sólo podemos hablar de amor allí donde existe relación simbólica como tal. Pág. 401

El deseo de ser amado, es el deseo de que el objeto amante sea tomado como tal, englutido, sojuzgado en la particularidad absoluta de sí mismo como objeto. A quien aspira ser amado muy poco le satisface- ya se sabe- ser amado por su bien. Su exigencia es ser amado hasta el punto máximo que puede alcanzar la completa subversión del sujeto en una particularidad, y en lo que esa particularidad tiene de más opaco, de más impensable. Se quiere ser amado por todo, no sólo por su yo- como dice Descartes- sino por su color de cabello, por sus manías, por sus debilidades, por todo.

Por eso mismo, pero inversa y diría correlativamente, amar es amar un ser más allá de lo que parece ser. El don activo del amor apunta hacia el otro, no en su especificidad, sino en su ser. Pág.402

Seminario 2 El yo en la teoría de Freud y en la teoría psicoanalítica. 1954-1955

Según Freud, dice Fairbairn en su lenguaje y su lengua, la libido es pleasure-seeking, busca el placer. Nosotros hemos cambiado todo eso, y nos hemos percatado de que la libido es object-seeking Además Freud tenía cierta idea de esto: ¿no escribe acaso que el amor está a la búsqueda de su objeto? Es inaudito: el autor de estas líneas, como mucha gente, no se dio cuenta de que Freud habla del amor en un momento en el que todavía cree que se trata de criticar la teoría de la libido como -¿advierten ustedes la relación con lo que aporté la vez pasada?-algo que plantea al menos el problema de su adaptación a los objetos. En fin, esta noción de la libido object-seeking es prevalente en todo lo que va a seguir. Pág.374

Seminario 3 Las Psicosis. 1955-1956

El amor es un guijarro que ríe al sol.
¿Qué quiere decir esto? Es sin lugar a dudas una metáfora. Es probable que si nació es porque entraña un sentido. En cuanto a encontrarle uno... puedo dedicar a ello el seminario. Me parece una definición indiscutible del amor, y diré que no seguiré buscando otras, porque me parece indispensable si uno quiere evitar volver a caer siempre en confusiones irremediables. Pág.325 (Las letras cursivas son del texto original)

¿Qué diferencia a alguien que es psicótico de alguien que no lo es? La diferencia se debe a que es posible para el psicótico una relación amorosa que lo suprime como sujeto, en tanto admite una heterogeneidad radical del Otro. Pero ese amor es también un amor muerto. Pág.363

El psicótico sólo puede captar al Otro en la relación con el significante, y sólo se detiene en una cáscara, una envoltura, una sombra, la forma de la palabra. Donde la palabra está ausente, allí se sitúa el Eros del psicótico, allí encuentra su supremo amor. Pág.365

Seminario 4 La relación de objeto. 1956-1957

Todo lo que sabemos de la práctica del amor cortés y de la esfera en la que estaba inmerso en la Edad Media implica una elaboración técnica muy rigurosa del contacto amoroso, con largas permanencias conteniéndose ante el objeto amado, para alcanzar la realización de ese más allá buscado en el amor, más allá propiamente erótico. Pág.90

Lacan refiriéndose al caso de la Joven homosexual…"No le pasó desapercibido, en efecto, que no es esta una relación homosexual como las otras, aunque en verdad es propio de las relaciones homosexuales presentar toda la variedad de las relaciones heterosexuales comunes, y tal vez incluso más variaciones. Cuando dice que esta elección objetal responde al tipo propiamente manuliche y explica lo que quiere decir con esto, Freud subraya admirablemente y articula con un relieve extraordinario que se trata aquí del amor platónico en su mayor exaltación.

Es un amor que no pide más satisfacción que servir a la dama. Es verdaderamente el amor sagrado, por así decirlo, o el amor cortés en su aspecto más devoto. Freud añade algunas palabras como la de Schwarmerei, que tiene un sentido muy particular en la historia cultural de Alemania —es la exaltación que se encuentra en el fondo de la relación. En suma, sitúa la relación de la joven con la dama en el grado más elevado de la relación amorosa simbolizada, planteada como servicio, como institución, como referencia. No se trata simplemente de una atracción o de una necesidad, sino de un amor que en sí mismo no sólo prescinde de satisfacciones, sino que apunta muy precisamente a la no satisfacción. En este orden precisamente puede desarrollarse un amor ideal —la institución de la falta en la relación con el objeto. Pág.111 (Las letras cursivas son del texto original)

El amor que la chica siente por la dama apunta a algo distinto que a ella. Este amor que vive pura y simplemente en la devoción, y que eleva a su grado supremo el apego del sujeto y su anonadamiento en la Sexualuberschatzung, Freud parece reservarlo, y no sin razón, al registro de la experiencia masculina. Tal amor, en efecto, se desarrolla normalmente en una relación cultural muy elaborada e institucionalizada. El reflejo de la decepción fundamental en este plano, su paso al plano del amor cortes, la salida que encuentra el sujeto en esta forma de amor, plantean la pregunta por lo que se ama en la mujer más allá de ella misma, y esto pone en tela de juicio que es lo verdaderamente fundamental en todo lo relacionado con el amor en su punto culminante. Lo que se desea propiamente en la mujer amada es precisamente lo que le falta. Y lo que le falta en este caso es precisamente el objeto primordial cuyo equivalente iba a encontrar el sujeto en el hijo, como sustituto imaginario al que volverá a recurrir.

En el punto más extremo del amor, en el amor más idealizado, lo que se busca en la mujer es lo que le falta. Lo que se busca más allá de ella misma, es el objeto central de toda la economía libidinal —el falo. Pág.112 (Las letras cursivas son del texto original)

Si de algo no cabe duda es que entonces Dora se encuentra en el momento en que ama a su padre. Lo ama precisamente por lo que él no le da. Pág.143

Lo que se ama en un ser esta más allá de lo que es, esta, a fin de cuentas, en lo que le falta. Pág.144

(…) lo que se ama en el objeto de amor es algo que está más allá. Pág.157

Seminario 5 Las formaciones del inconsciente. 1957-1958

(…) la solución fundamental, la que todos los seres humanos buscan desde el inicio de su vida hasta el fin de su existencia. Como todo depende del Otro, la solución es tener un Otro todo tuyo. Es lo que se llama el amor. En la dialéctica del deseo, se trata de tener otro todo tuyo. Pág. 137

El amor es un sentimiento cómico. Pág. 140

El amor, éste es el punto donde digo que se sitúa la cima de la comedia clásica. Ahí está el amor. Es curioso ver hasta qué punto, el amor, sólo lo percibimos a través de toda clase de paredes que lo ahogan, muros románticos, cuando el amor es esencialmente cómico. Pág.142

El problema del amor es la profunda división, que introduce en las actividades del sujeto. De lo que se trata para el hombre, de acuerdo con la propia definición del amor, dar lo que no tiene, es de dar lo que no tiene, el falo, a un ser que no lo es. Pág. 359 (Las letras cursivas son del texto original)

Está, por una parte, la posición del Otro en cuanto Otro, en cuanto lugar de la palabra, aquel a quien se dirige la demanda, aquel cuya irreductibilidad radical del Otro se manifiesta en que puede dar amor, es decir, algo que es tanto más completamente gratuito cuanto que no hay ningún soporte del amor, porque, como ya se lo he dicho, dar tu amor es dar nada de lo que tienes, pues precisamente porque no se tiene se trata de amor. Pero hay discordancia entre lo que tiene de absoluto la subjetividad del Otro, que da o no da amor y el hecho de que para acceder a él como objeto de deseo es necesario que se haga totalmente objeto. Es esta desviación vertiginosa, nauseabunda para llamarla por su nombre, es donde se sitúa la dificultad de acceso al abordar el deseo sexual. Pág. 392-393

La inserción del hombre en el deseo sexual está condenada a una problemática es especial, cuyo primer rasgo es que ha de encontrar un lugar en algo que la precede, la dialéctica de la demanda, en la medida en que ésta siempre pide algo que es más que la satisfacción a la que apela, y va más allá. De ahí el carácter problemático y ambiguo del lugar donde se sitúa el deseo. Este lugar siempre está más allá de la demanda en tanto que la demanda apunta a la satisfacción de la necesidad, y está más acá de la demanda, en tanto que la demanda, por estar articulada en términos simbólicos, va más allá de todas las satisfacción es a las que apela, es demanda de amor, que apunta al ser del Otro, a obtener del Otro esta presentificación esencial- que el Otro dé lo que está más allá de toda satisfacción posible, su propio ser. A eso se apunta, precisamente, en el amor. Pág. 414.

Seminario 6 El deseo y su interpretación. 1958-59

En el amor, el hombre está verdaderamente alienado al objeto de su deseo, al falo. Pero en el acto erótico, ese mismo falo reduce a la mujer a ser un objeto imaginario. Debido a esto, en el seno mismo de la relación amorosa más profunda. Más íntima, se mantiene la duplicidad del objeto en el hombre. Muy a menudo he insistido en ello cuando criticaba la famosa relación genital.

Por el otro lado, la relación de la mujer con el hombre, que todo el mundo se complace en creer que es mucho más monogámica, no deja de presentar la misma ambigüedad, salvo por el hecho de que la mujer encuentra en el hombre el falo real. Ella está entonces en situación favorable para obtener efectivamente en la pareja una relación de goce que satisfaga su deseo.

Pero justo en la medida en que la satisfacción del deseo se produce en el plano real, el amor de la mujer, no su deseo, recae en un ser que está más allá del encuentro del deseo, a saber, el hombre en cuanto que está privado del falo, el hombre que, completo por naturaleza, por ser hablante está castrado. Pág. 148

Ocurre que, en definitiva, es evidente que en la experiencia el amor y el deseo son dos cosas diferentes. De todos modos, hay que hablar claro y decir que es posible amar mucho a un ser y desear a otro.

En la medida en que la mujer ocupa la posición particular que hemos dicho, ella conoce muy bien el valor del deseo. Me refiero a que, más allá de todas las sublimaciones del amor, el deseo tiene una relación con el ser, aun bajo su forma más limitada, más acotada, más fetichista y, en definitiva, más estúpida, aún bajo la forma límite en que, dentro del fantasma, el sujeto enceguecido no es literalmente más que un soporte y un signo, el signo de la a minúscula como resto significante de las relaciones con el Otro. No obstante, a fin de cuentas, la mujer dará a esa a minúscula el valor de prueba última de que el Otro se dirige a ella.
Un hombre puede amarla con toda la ternura y la dedicación imaginables, pero si desea a otra mujer –e incluso si ella sabe que lo que el hombre desea en esa mujer es su zapato, o la falda de vestido, o el maquillaje de su rostro-, el homenaje al ser se produce de ese lado. Pág. 500

Seminario 7 La ética del psicoanálisis. 1959-1960

Las técnicas en el juego del amor cortés –son lo bastante precisas como para permitirnos entrever lo que dado el caso, podría ocurrir de hecho en lo que respecta al orden sexual en sentido estricto, en la inspiración de este erotismo- son técnicas de la circunspección, de la suspensión, del amor interruptus. Las etapas que el amor cortés propone antes de lo que es llamado misteriosamente –a fin de cuentas, no sabemos qué era el don de merced- se articulan aproximadamente con lo que Freud articula en sus Tres ensayos como siendo del orden de los placeres preliminares." "…En la medida en que se sostiene el placer de desear, es decir, en todo su rigor, el placer de experimentar un displacer, puede hablarse de la valoración sexual de los estados preliminares del acto de amor. Pág. 187

Se puede entender, por ende, que ante el amor al prójimo Freud literalmente esté horrorizado. (…) Tú amarás a tu prójimo como a ti mismo. Freud subraya su lado exorbitante con una argumentación que parte de varios puntos, que no son más que uno solo y el mismo. Pág. 225

Podemos fundarnos en lo siguiente, cada vez que Freud se detiene, como horrorizado, ante la consecuencia del mandamiento de amor al prójimo, lo que surge es la presencia de esa maldad fundamental que habita en ese prójimo. Pero, por lo tanto, habita también en mí mismo. ¿Y qué me es más próximo que ese prójimo*, que ese núcleo de mí mismo que es el del goce, al que no oso aproximarme? Pues una vez que me aproximo a él –éste es el sentido de El malestar en la cultura- surge esa insondable agresividad ante la que retrocedo, que vuelvo en contra mío, y que viene a dar su peso, en el lugar mismo de la Ley desvanecida, a lo que me impide franquear cierta frontera en el límite de la Cosa. Pág. 225 (Las letras cursivas son del texto original)

* Prochain, en francés, es a la vez próximo y prójimo. Lacan juega aquí con su doble sentido, que hemos desdoblado en castellano.

Seminario 8 La transferencia. 1960-1961

Todo esto parecerá un rodeo muy largo en nuestra empresa, que es analizar un texto cuyo objeto consiste en saber qué es ser sabio en amor. Disculpen el rodeo. Sabemos que el texto pertenece a la época del amor griego, y que este amor es, por así decir, el de la escuela, quiero decir el de los escolares. Y por razones técnicas, de simplificación, de ejemplo, de modelo, este amor permite captar una articulación siempre elidida en lo que tiene de excesivamente complejo el amor con las mujeres. Pág. 43

Hay dos cosas en mi discurso pasado que he observado a propósito del amor, y se las voy a recordar.

La primera es que el amor es un sentimiento cómico. (…)La segunda cosa que quería decir, algo con lo que nos encontraremos constantemente y que nos servirá de guía, es que el amor es dar lo que no se tiene. Pág.45

La última vez nos quedamos en la posición del erastés y del erómenos, del amante y del amado tal como la dialéctica de El Banquete nos permitirá introducirla, en cuanto base, punto decisivo, articulación esencial del problema del amor. Pág. 47 (Las letras cursivas son del texto original)

Entre estos dos términos que constituyen, en su esencia, el amante y el amado, observen ustedes que no hay ninguna coincidencia. Lo que le falta a uno no es lo que está, escondido, en el otro. Ahí está todo el problema del amor. Que se sepa o no se sepa no tiene ninguna importancia. Pág.51

Aquí encontraremos el punto extremo de lo que constituye el callejón sin salida y el problema del amor; o sea que el sujeto sólo puede satisfacer la demanda del Otro rebajándolo – haciendo de este Otro el objeto de su deseo. Pág. 252

El amor, dijimos, no se concibe sino en la perspectiva de la demanda. No hay amor más que para un ser que puede hablar. La dimensión, la perspectiva, el registro del amor, se desarrolla, se perfila, se inscribe en lo que se puede llamar lo incondicional de la demanda. Pág. 395-396

(…) el amor – se lo he dicho siempre y lo encontramos como una exigencia por todas partes - es dar lo que no se tiene - y sólo se puede amar si se hace como si no se tuviese, aunque se tenga. El amor como respuesta, implica el dominio del no tener. Pág. 396

(…) Y, en efecto, dar lo que se tiene es la fiesta, no es el amor. Pág. 396

Seminario 10. La Angustia. 1962-1963

No sin motivo, desde siempre, les repito machaconamente que el amor es dar lo que no se tiene. Es incluso el principio del complejo de castración. Para tener el falo, para poder usarlo, es preciso, precisamente, no serlo. Pág. 122

(…) - Sólo el amor permite a; goce condescender al deseo. Pág. 194

Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. 1964

Desde un principio, en la dialéctica del ojo y la mirada, vemos que no hay coincidencia alguna, sino un verdadero efecto de señuelo. Cuando, en el amor, pido una mirada, es algo intrínsecamente insatisfactorio y que siempre falla porque - Nunca me miras desde donde yo te veo. Pág.109

Todo lo que dice Freud sobre el amor hace hincapié en el hecho de que para concebir el amor hay que referirse necesariamente a otro tipo de estructura que la de la pulsión. Pág. 197

El nivel del Ich es no-pulsional, y en él – les ruego lean con atención el texto – Freud funda el amor. Pág. 198 (Lacan hace referencia al texto Las pulsiones y sus destinos de S. Freud)

(…) a nivel del amor hay reciprocidad entre amar y ser amado. Pág. 208

El mito de Aristófanes pone en imágenes, de una forma patética y engañosa la persecución del complemento, al formular que el ser vivo, en el amor busca al otro, a su mitad sexual. La experiencia analítica sustituye esta representación mítica del misterio del amor por la búsqueda que hace el sujeto, no del complemento sexual, sino de esa parte de sí mismo, para siempre perdida que se constituye por el hecho de que no es más que un ser viviente sexuado, que ya no es inmortal. Pág. 213

Te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a minúscula, te mutilo. Pág. 276 (Las letras cursivas son del texto original)

Seminario 16. De otro al otro. 1968-1969

Freud habló mucho del amor, con la distancia que conveniente. No porque esto se haya subido a la cabeza de quienes lo siguieron dejaremos de volver a poner las cosas en el nivel de donde él las hizo salir.

A nivel del amor distinguió la relación anaclítica y la relación narcisista. Como se encontró que en otros lugares oponía la investidura del objeto a la del cuerpo propio, llamado narcisista en dicha oportunidad, se creyó poder construir al respecto no sé qué elucubración del tipo vasos comunicantes, según la cual la investidura del objeto prueba por sí sola que salió de uno, que se hizo pasar la sustancia libidinal adonde se necesita. En esta elucubración descansa la de la relación de objeto, que había anunciado trece años atrás cuando todavía seguía viva, con todo el mito de; pretendido estadio oblativo calificado aún de genital. Pág. 275-76

Seminario 17. El reverso del psicoanálisis. 1969-1970

(…) La esencia del amor es, sin duda, que hay amor de la debilidad. Como ya dije, el amor es dar lo que no se tiene, o sea, lo que podría reparar esta debilidad original.

Al mismo tiempo se entiende, se entrevé, ese papel -no sé si debo llamarlo místico o mistificador – que cierta inspiración ha atribuido siempre al amor. Precisamente de este amor universal, como dicen, ese trapo que agitan para calmarnos, hacemos un velo, un velo que obstruye la verdad. Pág. 55

Seminario 19. …O peor. 1971-1972

Del amor se habla en el análisis. Por supuesto esto se debe a la posición del analista. Guardadas todas las proporciones, no se habla allí de él más que en otro lado, ya que, después de todo, el amor sirve para eso. No es lo más regocijante que hay. Pero en fin, en el siglo se habla mucho al respecto. Es Incluso prodigioso que siga hablándose de él, ya que hace tiempo podríamos habernos percatado de que no da empero los mejores resultados. Es claro entonces, que hablando se hace el amor. ¿Cuál es el papel del analista en el asunto? ¿Puede verdaderamente un analista hacer triunfar un amor? Debo decirles que para mí, que no nací exactamente ayer, es una apuesta. Pág. 152

Seminario 20. Aún. 1972-1973

Escribiré la frase siguiente: El goce del Otro, del Otro con mayúscula, del cuerpo del otro que lo simboliza, no es signo de amor. Pág. 12 (Las letras cursivas son del texto original)

Escribo eso, y no escribo después terminado, ni amén, ni así sea. El amor ciertamente, hace señas, y es siempre recíproco.

Digo esto desde hace tiempo, muy bajito, al decir que los sentimientos son siempre recíprocos. Era para que me lo devolvieran: - Y entonces, entonces, ¿el amor es siempre recíproco? - ¡Pues claro, claro que sí! Por eso hasta inventaron el inconsciente para percatarse de que el deseo del hombre es el deseo el Otro, y que el amor, aunque se trate de una pasión que puede ser la ignorancia del deseo, no por ello es capaz de privarlo de su alcance, Cuando se mira de cerca, se pueden ver sus estragos. Pág. 12 (Las letras cursivas son del texto original)

(…) el amor pide amor. Lo pide sin cesar. Lo pide…aun. Aun es el nombre propio de esa falla de donde en el Otro parte la demanda de amor. Pág. 12 (Las letras cursivas son del texto original)

¿De qué se trata entonces en el amor? Es amor ¿es – como lo propone el psicoanálisis con audacia increíble ya que toda su experiencia se opone a ello, y demuestra lo contrario – hacerse uno? ¿Es el Eros tensión hacia el Uno? Pág.13

(…) lo que digo del amor, es con toda certeza que no puede hablarse de él. Parlez-moi d'amour (Hábleme de amor) no es más que una canción. He hablado de la carta de amor, de la declaración de amor, que no es lo mismo que la palabra de amor. Pág. 20 (Las letras cursivas son del texto original)

No digo otra cosa cuando digo que el amor es signo de que se cambia de discurso. Pág. 25

La última vez dije que el goce del Otro no es signo de amor. Y aquí digo que el amor es signo. ¿El amor estriba en el hecho de que lo que aparece no es nada más que signo? Pág. 26

Lo que no es signo de amor es el goce del Otro, el del Otro sexo y, comentaba yo, el del cuerpo que lo simboliza. Pág. 26

Hace tiempo que no se habla más que de eso, del amor. Creo que es innecesario acentuar que está en el centro del discurso filosófico. Esto, ciertamente, debe ponernos en guardia. La última vez les hice entrever el discurso filosófico como lo que es: una variante del discurso del amo. Pude decir, asimismo, que el amor apunta al ser, o sea, a lo que en el lenguaje es más esquivo: el ser que, por poco, iba a ser, o el ser que, por ser, justamente, sorprende. Y pude añadir que este ser está quizá muy cerca del significante meser,* es quizás el ser que está al mando, y que hay en esto el más extraño de los señuelos. ¿No será también para mandarnos a interrogar en qué se distingue el signo del significante?

Tenemos entonces cuatro puntos: el goce, el Otro, el signo, el amor. Pág. 52-52

Lo que suple la relación sexual es precisamente el amor. Pág. 59

En el amor se apunta al sujeto, al sujeto como tal, en cuanto se le supone a una frase articulada, a algo que se ordena, o puede ordenarse, con toda una vida.

Un sujeto, como tal, no tiene mucho que ver con el goce. Pero, en cambio, su signo puede provocar el deseo. Es el principio del amor. Los caminos que en las próximas veces trataremos de andar les mostrarán dónde se juntan el amor y el goce sexual. Pág. 64

Pese a todo, hay que partir de que ese Hay Uno ha de tomarse por el acento puesto sobre el Uno solito. Allí se capta el nervio de lo que nos vemos forzados a llamar por el nombre con que la cosa retumbó a lo largo de los siglos, a saber, el amor.

En el análisis no nos las vemos más que con eso, y no es por otra vía por donde opera. Vía singular por ser la única que permitió despejar aquello con que, quien les habla, creyó deber sustentar la transferencia, en cuanto no distinguible del amor, mediante la fórmula del supuesto sujeto de saber.

No puedo dejar de marcar la nueva resonancia que puede cobrar para ustedes ese término de saber. A aquel a quien supongo el saber, lo amo. Pág. 83 (Las letras cursivas son del texto original)

Al respecto, no rehusé, aquel año que evocaba la vez pasada, el de la Ethique de la psychanalyse (Ética del psicoanálisis), referirme al amor cortés. ¿Qué es?

Es una manera muy refinada de suplir la ausencia de relación sexual fingiendo que somosnosotros los que la obstaculizamos. Es verdaderamente lo más formidable que se hayaintentado. Pero, ¿cómo denunciar su finta?

En vez de quedarse allí suspendidos en la paradoja de que el amor cortés haya aparecido en la época feudal, los materialistas deberían ver en él, por el contrario, una magnífica ocasión de mostrar cómo se enraiza en el discurso de la feudalidad, de la fidelidad a la persona. En último término, la persona es siempre discurso del amo. El amor cortés es para el hombre, cuya dama era enteramente, en el sentido más servil, su súbdita, la única manera de salir airosos de la ausencia de relación sexual. Pág. 85

En lo que se refiere al hombre, no me detendré mucho, porque hoy tengo que hablarles de la mujer, y porque además supongo que ya lo he machacado bastante para que lo tengan en mientes: para el hombre, a menos que haya castración, es decir, algo que dice no a la función fálica, no existe ninguna posibilidad de que goce del cuerpo de la mujer, en otras palabras, de que haga el amor. Pág. 88

En efecto, lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar de amor. Y, ¿cómo no percatarse de que, con todo lo que puede articularse desde el descubrimiento del discurso científico, ello es, pura y simplemente, perder el tiempo? El aporte del discurso analítico es que hablar de amor es en sí un goce, y quizá, después de todo, esa es tal vez la razón de que emergiese en un punto dado del discurso científico. Pág. 101

La invención del amor cortés no es en modo alguno fruto de lo que suele simbolizarse en la historia con tesis-antítesis-síntesis. Y no hubo después, desde luego, ninguna síntesis; nunca la hay, por lo demás. El amor cortés brilló en la historia como un meteoro seguido por la reaparición de un pretendido renacimiento de antiguallas de la antigüedad. El amor cortés sigue siendo enigmático. Pág. 104 (Las letras cursivas son del texto original)

El amor mismo, subrayé la vez pasada, se dirige al semblante. Y, si es cierto que el Otro sólo se alcanza juntándose, como dije la última vez, con el a, causa del deseo, igual se dirige al semblante de ser. Nada no es ese ser. Está supuesto a ese objeto que es el a. Pág. 112

Acaso alguien recuerda que una vez hablé de una lengua en la que uno pudiera decir: amo en usted, con lo cual se conformaría, mejor que otras, al carácter indirecto de esa afección que se llama amor. Pág.127

Todo amor encuentra su soporte en cierta relación entre dos saberes inconscientes. Pág. 174

No hay relación sexual porque el goce del Otro considerado como cuerpo es siempre inadecuado —perverso, por un lado, en tanto que el Otro se reduce al objeto a — y por el otro, diría, loco, enigmático. ¿No es acaso con el enfrentamiento a este impasse a esta imposibilidad con la que se define algo real, como se pone a prueba el amor? De la pareja, el amor sólo puede realizar lo que llamé, usando de cierta poesía, para que me entendieran, valentía ante fatal destino.

¿Pero se tratará de valentía o de los caminos de un reconocimiento? Reconocimiento que no es otra cosa que la manera cómo la relación llamada sexual —en este caso relación de sujeto a sujeto, sujeto en cuanto no es más que efecto del saber inconsciente— cesa de no escribirse. Pág. 174

Todo amor, por no subsistir sino con el cesa de no escribirse, tiende a desplazar la negación al no cesa de escribirse, no cesa, no cesará.

Tal el sustituto que —por vía de la existencia del inconsciente, y no de la relación sexual, que son distintas— hace el destino y también el drama del amor. Pág. 175 (Las letras cursivas son del texto original)

El amor es quien aborda en el encuentro al ser como tal. El amor que aborda al ser, ¿no surge de allí lo que hace del ser aquello que sólo se sostiene por errarse? Pág. 176

Abordar al ser, ¿no estriba en esto lo extremo del amor, el más grande amor? Y el más grande amor —es claro que no lo descubrió la experiencia analítica, su reflejo se percibe muy bien en la modulación eterna de los temas sobre el amor— el más grande amor acaba en el odio. Pág. 176

(*) Si quieres contribuir con alguna otra cita sobre el amor, envíala al siguiente correo: alianasantana@gmail.com

 

III. Segunda Mesa Redonda "Ni contigo ni sin ti? Lo que dice el psicoanálisis sobre el amor"

Presentan: Carolina Puchet, ¿Tiene el amor algo que ver con el saber y la verdad? Silvana Di Rienzo, Vicisitudes del amor en el mundo contemporáneo Alexandro Simancas, La invención de un nuevo amor.
Modera: Marcela Almanza
Fecha: 23 de Agosto
Horario: 19.30 hs
Lugar: NEL-Ciudad de México
Cuota de recuperación: 100 $Mx
Estudiantes con credencial: 50 $Mx

Más información en: http://www.nel-mexico.org/index.php?sec=I-Jornadas-NEL-Mexico&file=I-Jornadas-NEL-Mexico.html

 


La comisión editorial de Ai.lov.iu está integrada por:

Viviana Berger Diana Montes Caballero
   
Silvana Di Rienzo Fernando Eseverri

La comisión editorial del Boletín recibe consultas y comentarios en el correo: jornada2016@nel-mexico.org.

 
Síguenos en Facebook     Síguenos en Twitter www.nel-mexico.org