NEL México
Boletín No. 8: El amor en la obra de Freud.
 

 

I. Editorial

Freud abordó el tema del amor advertido de que no se podía encerrar fácilmente en un concepto, trabajó por ejemplo sobre el amor de transferencia, el estado de enamoramiento, la condición de los objetos de amor, consideró las diversas tonalidades y la complejidad del amor en relación a la clínica. Ya en 1907 en una "reunión de los miércoles", espacio de discusión con los primeros seguidores de su teoría, afirmó "nuestros tratamientos son tratamientos por el amor".

En este Boletín les compartimos la primera entrega de un valiosísimo trabajo de nuestra colega Aliana Santana Núñez, quien con la colaboración de Edgar Vázquez, ha realizado una recopilación de citas sobre el amor en la obra de Freud y Lacan.

En el Seminario 17 Lacan dice que "a su manera, la cita es también un medio decir", y en este sentido el nombre de su autor tiene en esto toda la importancia, esperamos que a partir de este "medio decir" rastreado en la obra freudiana se provoque y se enriquezca el trabajo hacia las Jornadas, invitando a su vez a los lectores a enviar sus contribuciones para nutrir la "Bibliografía de citas" sobre el tema que nos convoca.

Les recordamos que el próximo 23 de agosto será la 2da Mesa Redonda de Conferencias "¿Ni contigo no sin ti? Lo que dice el psicoanálisis del amor", y que continuamos recibiendo las contribuciones para el concurso "¿Qué nos enseña el cine en relación al amor?, las pautas para participar se encuentran en: http://www.nel-mexico.org/I-Jornadas-NEL-Mexico/Boletines/NEL-Mexico_16-06-02_Boletin-Jornadas-05.html.

Silvana Di Rienzo. Comisión editorial de Ai.lov.iú*

 

II. Bibliografía de citas.

Hacia las I Jornadas de la NEL-Ciudad de México

"¿Ni contigo ni sin ti? Lo que dice el psicoanálisis del amor"

Citas extraídas de la obra de Sigmund Freud y los Seminarios, ya establecidos, de Jacques Lacan

Lo que el psicoanálisis dice del amor… no es poca cosa.

Dice mucho el psicoanálisis del amor. Lo hizo Freud y lo hizo Lacan, pero no es justamente por eso que se conoce su obra y su enseñanza, respectivamente. No es usual relacionar a Freud o Lacan con el amor.

El título escogido para las primeras Jornadas de la NEL-Ciudad de México, como saben, es "¿Ni contigo ni sin ti? Lo que el psicoanálisis dice del amor". Pues bien, con eso en mente y causada por el deseo de saber por dónde comenzar a leer, estudiar, aprehender, sobre el amor, decidí revisar los Seminarios establecidos de Lacan donde el tema hubiese sido desarrollado por él. Comencé con mucho entusiasmo y pronto me di cuenta de lo ambicioso de mi deseo. Eso no me detuvo, pero sí la pretensión de abarcarlo y recogerlo todo. Sin embargo, hacer este trabajo de pesquisaje en los seminarios establecidos de Lacan no era suficiente. Era imprescindible hacer algo similar en la obra de Freud. Fue así que le pedí a Edgar Vázquez, asociado a la Sede de la NEL en la Ciudad de México su colaboración. No pudo ser más acertada esta escogencia.

Hoy quiero compartir con ustedes el resultado de lo que podría considerarse una primera revisión de las citas más importantes, encontradas en los Seminarios establecidos de Lacan y la obra de Sigmund Freud, sobre el amor. Dejo a la consideración de los lectores de esta Bibliografía de citas, sumarse a la tarea y al trabajo ya realizado, encontrando otras citas… de Freud, Lacan, Jacques-Alain Miller, Eric Laurent y otros muchos colegas de la AMP, que hayan escrito algo sobre el amor.(*)

Esperamos que estas citas, estas palabras, estas frases, estas ideas, causen al lector y lo orienten en su propio camino hacia el descubrimiento de lo que dice el psicoanálisis del amor.

Aliana Santana Núñez.

(*)Si quieres contribuir con alguna otra cita sobre el amor, envíala al siguiente correo: alianasantana@gmail.com

 

III. Citas freudianas

Extraídas de la 2ª Edición de las Obras Completas de la edición de Strachey, traducidas por Etcheverri y Wolfson, Editorial Amorrortu, Buenos Aires.

1. [...] una credulidad como la que el hipnotizado presta a su hipnotizador sólo la hallamos, en la vida real, fuera de la hipnosis, en el niño hacia sus amados padres; y una actitud semejante de la vida anímica de un individuo hacia otra persona, con un sentimiento parecido, tiene un único correspondiente, pero válido en todas sus partes, en muchas relaciones amorosas con entrega plena. La conjunción de estima exclusiva y obediencia crédula pertenece, en general, a los rasgos característicos del amor.

Tratamiento psíquico (Tratamiento del alma) (1890), Tomo 1, pág. 127

2. Con particular frecuencia, los melancólicos han sido anestésicos; no tienen ninguna necesidad (y ninguna sensación) de coito, sino una gran añoranza por el amor en su forma psíquica -una tensión psíquica de amor, se diría-; cuando ésta se acumula y permanece insatisfecha, se genera melancolía. Este sería pues, el correspondiente de la neurosis de angustia.

Manuscrito E (1894), Tomo I, pág. 231. Nota: En esta época Freud utiliza con frecuencia el término "melancolía" para casos en que la psiquiatría moderna hablaría de "depresión"

3. Quizá justamente en las más horrorosas perversiones es preciso admitir la más vasta contribución psíquica a la transmudación de la pulsión sexual. He aquí una obra del trabajo anímico a la que no puede negarse, a pesar de su horrible resultado, el valor de una idealización de la pulsión. En la sexualidad, lo más sublime y lo más nefando aparecen por doquier en íntima dependencia ("Desde el cielo, pasando por el mundo, hasta el infierno").

Tres ensayos de teoría sexual (1905), Tomo VII, pág. 147. [La cita final es del Fausto de Goethe]

4. Innumerables particularidades de la vida amorosa de los seres humanos, así como el carácter compulsivo del enamoramiento mismo, sólo pueden comprenderse por referencia a la infancia y como efectos residuales de ella.

Tres ensayos de teoría sexual (1905), Tomo VII, pág. 208. [Nota agregada en 1915]

5. [...] nuestro caso clínico podría desembocar en una "corriente" historia de amor, pero no es lícito menospreciar al amor como potencia curativa del delirio; ¿y, acaso el hecho de que nuestro héroe quedara prendado de la imagen de su Gradiva no equivale a un cabal enamoramiento, aun cuando dirigido todavía al pasado y a lo inerte?

El delirio y los sueños en la "Gradiva" de W. Jensen (1907 [1906]), Tomo IX, pág. 19.

6. Todo tratamiento psicoanalítico es un intento de poner en libertad un amor reprimido que había hallado en un síntoma una lamentable escapatoria de compromiso.

El delirio y los sueños en la "Gradiva" de W. Jensen (1907 [1906]), Tomo IX, pág. 74.

7. Hasta ahora hemos dejado en manos de los poetas pintarnos las "condiciones de amor" bajo las cuales los seres humanos eligen su objeto y el modo en que ellos concilian los requerimientos de su fantasía con la realidad. Es cierto que los poetas poseen muchas cualidades que los habilitan para dar cima a esa tarea, sobre todo la sensibilidad para percibir en otras personas mociones anímicas escondidas, y la osadía de dejar hablar en voz alta a su propio inconsciente. Pero una circunstancia disminuye el valor cognoscitivo de sus comunicaciones. Los poetas están atados a la condición de obtener placer intelectual y estético, así como determinados efectos de sentimiento, y por eso no puede figurar tal cual el material de la realidad, sino que deber aislar fragmentos de ella, disolver los nexos perturbadores, atemperar el conjunto, sustituir lo que falta.

Sobre una particular elección de objeto en el hombre (Contribuciones a la psicología del amor, I) (1910), Tomo XI, pág. 159.

8. La corriente sensual que ha permanecido activa sólo busca objetos que no recuerden a las personas incestuosas prohibidas; si de una persona dimana una impresión que pudiera llevar a su elevada estima psíquica, no desemboca en una excitación de la sensualidad, sino en una ternura ineficaz en lo erótico. La vida amorosa de estos seres permanece escindida en las dos orientaciones que el arte ha personificado como amor celestial y terreno (o animal). Cuando aman no anhelan, y cuando anhelan no pueden amar.

Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, II) (1912), Tomo XI, pág. 176.

9. [...] tenemos derecho a suponer que el delirio de grandeza es enteramente infantil y se lo sacrifica en el ulterior desarrollo de la sociedad, y, por otra parte, que ningún influjo lo sofoca de manera tan intensa como un enamoramiento que capture con fuerza al individuo.

"Pues donde el amor despierta, muere el yo, el tenebroso déspota"*

Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) autobiográficamente escrito (1911 [1910]), Tomo XII, pág. 61. *[Frase de Dschelaleden Rumí traducida al alemán por Rückert]

10. [...] todos nuestros vínculos de sentimiento, simpatía, amistad, confianza y similares, que valorizamos en la vida, se enlazan genéticamente con la sexualidad y se han desarrollado por debilitamiento de la meta sexual a partir de nuestros apetitos puramente sexuales, por más puros y no sensuales que se presenten ellos antes nuestra autopercepción consciente.

Sobre la dinámica de la transferencia (1912), Tomo XII, pág. 103.

11. La educación puede describirse, sin más vacilaciones, como incitación a vencer el principio del placer y a sustituirlo por el principio de realidad; por tanto, quiere acudir en auxilio de aquel proceso de desarrollo en que se ve envuelto el yo, y para este fin se sirve de los premios de amor por parte del educador, por eso fracasa cuando el niño mimado cree poseer ese amor de todos modos, y que no puede perderlo bajo ninguna circunstancia.

Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico (1911), Tomo XII, pp. 228-229

12. El estado de enamoramiento [...] lo concebimos como una resignación de la personalidad propia en favor de las investiduras de objeto y discernimos su opuesto en la fantasía (o percepción de sí mismo) de "fin de mundo" de los paranoicos.

Introducción del narcisismo (1914), Tomo XIV, pág. 74.

13. El pleno amor de objeto según el tipo de apuntalamiento es en verdad característico del hombre. Exhibe esa llamativa sobrestimación sexual que sin duda proviene del narcisismo originario del niño y, así, corresponde a la transferencia de ese narcisismo sobre el objeto sexual.

Introducción del narcisismo (1914), Tomo XIV, pág. 85.

14. [...] cuando el desarrollo la hace hermosa, se establece en ella una complacencia consigo misma que la resarce de la atrofia que la sociedad le impone en materia de elección de objeto. Tales mujeres sólo se aman, en rigor, a sí mismas, con intensidad pareja a la del hombre que las ama. Su necesidad no se sacia amando sino siendo amadas, y se prendan del hombre que les colma esa necesidad.

Introducción del narcisismo (1914), Tomo XIV, pp. 85-86.

15. El que ama ha sacrificado, por así decir, un fragmento de su narcisismo y sólo puede restituírselo a trueque ser-amado.

Introducción del narcisismo (1914), Tomo XIV, pág. 95.

16. Cuando el objeto es fuente de sensaciones placenteras, se establece una tendencia motriz que quiere acercarlo al yo, incorporarlo a él; entonces hablamos también de la "atracción" que ejerce el objeto disparador de placer y decimos que "amamos" al objeto.

Pulsiones y sus destinos (1915), Tomo XIV, pág. 131.

17. De vernos precisados, podríamos decir que una pulsión "ama" al objeto al cual aspira para su satisfacción. Pero que una pulsión "odie" a un objeto nos suena bastante extraño, y caemos en la cuenta de que los vínculos de amor y de odio no son aplicables a las relaciones de las pulsiones con sus objetos, sino que están reservados a la relación del yo-total con los suyos. Por otra parte, la observación del uso lingüístico, pleno de sentido indudablemente, nos muestra otra restricción en el significado del amor y del odio. De los objetos que sirven para la conservación del yo no se dice que se los ama; se destaca que se necesita de ellos, y tal vez se expresa la injerencia de una relación de otra índole empleando giros que indican un amor muy debilitado: me gusta, lo aprecio, lo encuentro agradable.

Pulsiones y sus destinos (1915), Tomo XIV, pp. 131-132.

18. [...] la investidura de amor del melancólico en relación con su objeto ha experimentado un destino doble; en una parte ha regresado a la identificación, pero, en otra parte, bajo la influencia del conflicto de ambivalencia, fue trasladada hacia atrás, hacia la etapa del sadismo más próxima a ese conflicto.

Duelo y melancolía (1917 [1915]), Tomo XIV, pág. 249.

19. Facilísimo de observar y de comprender es el hecho de que, con gran frecuencia, un amor y un odio intenso aparecen juntos en la misma persona. El psicoanálisis agrega que no raras veces las dos mociones de sentimientos contrapuestos toman también por objeto a una misma persona.

De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915), Tomo XIV, pág. 283.

20. Por la injerencia de los componentes eróticos, las pulsiones egoístas se trasmudan en pulsiones sociales. Se aprende a apreciar el ser-amado como una ventaja a cambio de la cual se puede renunciar a otras.

De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915), Tomo XIV, pág. 284.

21. El primer mandamiento, y el más importante, de esa incipiente conciencia moral decía: "No matarás". Se lo adquirió frente al muerto amado, como reacción frente a la satisfacción del odio que se escondía tras el duelo, y poco a poco se le extendió al extraño a quien no se amaba y, por fin, también al enemigo.

De guerra y muerte. Temas de actualidad (1915), Tomo XIV, pág. 296.

22. Junto al apremio de la vida, es el amor el gran pedagogo, y el hombre inacabado es movido por el amor de quienes le son más próximos a tener en cuenta los mandamientos del apremio y a ahorrarse los castigos de su transgresión.

Algunos tipos de carácter dilucidado por el trabajo psicoanalítico (1916), Tomo XIV, pág. 319.

23. La transferencia puede presentarse como un tormentoso reclamo de amor o en formas más atenuadas; en lugar del deseo de ser amada, puede emerger en la muchacha joven el deseo de que el hombre anciano la acepte como hija predilecta, y la aspiración libidinosa puede atemperarse en la propuesta de una amistad, pero ideal no sensual [...] ¿qué ocurre con los pacientes masculinos?[...] El mismo vínculo con el médico, la misma sobrestimación de sus cualidades, el mismo abandono al interés de él y los mismos celos hacia todo cuanto lo rodea en la vida.

27ª Conferencia. La transferencia (1917 [1916-17]), Tomo XVI, pág. 402.

24. Al estado en que el yo retiene junto a sí a la libido lo llamamos narcisismo, en memoria de la leyenda griega del joven Narciso, que se enamoró de su propia imagen especular.

Atribuimos entonces al individuo un progreso cuando pasa del narcisismo al amor de objeto. Pero no creemos que la libido integra del yo pase nunca a los objetos. Cierto monto de libido permanece siempre junto al yo, cierta medida de narcisismo persiste aun en el más desarrollado amor de objeto.

Una dificultad del psicoanálisis (1917 [1916]), Tomo XVII, pág. 131.

25. El psicoanálisis surgió del apremio médico [...] Debió prestar atención a los afectos y pasiones, sobre todo a aquellos que los poetas no se cansaban de describir y celebrar: los afectos de la vida amorosa; se percató del poder de los recuerdos, del insospechado valor de la primera infancia para configuración de la vida madura, de la intensidad de los deseos, que falsean el juicio de los hombres y prescriben unas vías fijas a su bregar.

Prólogo a Theodor Reik, Probleme der Religionpsychologie (1919), Tomo XVII, pág. 255.

26. El lenguaje usual es fiel, hasta en sus caprichos, a alguna realidad. Es así como llama "amor" a vínculos afectivos muy diversos que también nosotros reuniríamos en la teoría bajo ese título sintético de amor; pero después le entra la duda de si ese amor es genuino, el correcto, el verdadero, y señala entonces toda una gradación de posibilidades dentro del fenómeno del amor. Tampoco nos resulta difícil pesquisarla en la observación.

Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Tomo XVIII, pág. 105.

27. Las dos personas comprometidas entre sí con el fin de la satisfacción sexual se manifiestan contra la pulsión gregaria, contra el sentimiento de masa, en la medida en que buscan la soledad. Mientras más enamoradas están, tanto más completamente se bastan una a la otra.

Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Tomo XVIII, pág. 133.

28. [...] nos vemos precisados a dar la razón a los creadores literarios que nos describen de preferencia personas que aman sin saberlo, o que no saben si aman, o creen odiar cuando en verdad aman. Parece que justamente el saber que nuestra conciencia recibe de nuestra vida amorosa puede ser incompleto, lagunoso o falseado con particular facilidad.

Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina (1920), Tomo XVIII, pág. 159.

29. Pero hacia afuera, al menos, parece el yo afirmar unas fronteras claras y netas. Sólo no es así en un estado, extraordinario por cierto, pero al que no puede tildarse de enfermizo. En la cima del enamoramiento amenazan desvanecerse los límites entre el yo y el objeto. Contrariando todos los sentidos, el enamorado asevera que tú y yo son uno, y está dispuesto a comportarse como si así fuera.

El malestar en la cultura (1930 [1929]), Tomo XXI, pág. 67.

30. [...] aquella orientación de la vida que sitúa al amor en el punto central, que espera toda satisfacción del hecho de amar y ser-amado. Una actitud psíquica de esta índole está al alcance de todos nosotros; una de las formas de manifestación del amor, el amor sexual, nos ha procurado la experiencia más intensa de sensación placentera avasalladora, dándonos así el arquetipo para nuestra aspiración a la dicha. Nada más natural que obstinarnos en buscar la dicha por el mismo camino siguiendo el cual una vez la hallamos. El lado débil de esta técnica es manifiesto; si no fuera por él, a ningún ser humano se le habría ocurrido cambiar por otro este camino hacia la dicha. Nunca estamos menos protegidos contra las cuitas que cuando amamos; nunca más desdichados y desvalidos que cuando hemos perdido al objeto amado o a su amor.

El malestar en la cultura (1930 [1929]), Tomo XXI, pág. 82.

31. [...] Un amor que no elige pierde una parte de su propio valor, pues comete una injusticia con el objeto. Y además; no todos los seres humanos son merecedores del amor.

El malestar en la cultura (1930 [1929]), Tomo XXI, pág. 100.

32. En ningún otro caso Eros deja translucir tan nítidamente el núcleo de su esencia: el propósito de convertir lo múltiple en uno; pero tan pronto lo ha logrado en el enamoramiento de dos seres humanos, como lo consigna una frase hecha, no quiere avanzar más allá.

El malestar en la cultura (1930 [1929]), Tomo XXI, pág. 105.

33. Mi amor es algo valioso para mí, no puedo desperdiciarlo sin pedir cuentas. Me impone deberes que tengo que disponerme a cumplir con sacrificios. Si amo a otro, él debe merecerlo de alguna manera.

El malestar en la cultura (1930 [1929]), Tomo XXI, pág. 106.

34. Son muchos los seres humanos que no pueden superar la angustia ante la pérdida del amor, nunca logran suficiente independencia del amor de otros y en este punto continúan su conducta infantil. La angustia ante el superyó no está normalmente destinada a extinguirse, pues es indispensable en las relaciones sociales como angustia de la conciencia moral, y el individuo sólo en rarísimos casos puede independizarse de la comunidad humana.

32ª Conferencia. Angustia y vida pulsional (1933 [1932]), Tomo XXII, pág. 81.

35. 3 de agosto. Una conciencia de culpa nace también de un amor insatisfecho. Como un odio. Realmente hemos tenido que producir con este material todo lo posible, como los Estados autárquicos con sus "productos sustitutivos".

Conclusiones, ideas y problemas (1941 [1938]), Tomo XXIII, pág. 302.

 


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Viviana Berger Diana Montes Caballero
   
Silvana Di Rienzo Fernando Eseverri

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