NEL México
Boletín No. 7: Hablemos de amor
 

 

I. Editorial

Según Lacan, en psicoanálisis no hacemos otra cosa sino hablar de amor. Con frecuencia, este intercambio se presenta bajo el modo de la demanda ¡háblame de amor! Irene Sandner escribe en este número sobre esta exigencia y su relación con lo femenino. Hablar, amar, gozar, podría ser el título de esta película, en la que los hombres se encuentran, más bien, cortos de palabras.

Por su parte, Aldo Ávila nos presenta su lectura de un párrafo de Lacan que parecería contradecir lo anterior. "… El amor ciertamente, hace señas, y es siempre recíproco. Digo esto desde hace tiempo, muy bajito, al decir que los sentimientos son siempre recíprocos. Era para que me lo devolvieran: -Y entonces, entonces, el amor, ¿el amor es siempre recíproco? - ¡Pues claro, claro que sí!"

Sin tener que llegar a una conclusión y para continuar, por otro medio, la conversación que hemos puesto en marcha rumbo a nuestra primera Jornada, queremos invitarlos a la 2da Mesa Redonda de Conferencias ¿Ni contigo ni sin ti? Lo que dice el psicoanálisis del amor que se llevará a cabo el 23 de agosto y en la cual participarán Carolina Puchet, Alexandro Simancas Y Silvana Di Rienzo, con Marcela Alanza como moderadora.

 

II ¡Háblame de amor!

Irene Sandner M.

En el ambiente de nuestros consultorios es el amor y sus vicisitudes el tema principal de la mayoría de las demandas de análisis. La clínica nos dice que la cuestión del amor es predominantemente para las mujeres. Las mujeres interrogan constantemente al amor, necesitan que se les ame, que se les hable, que se les hable de amor. Freud al final de su obra, escribe sobre la sexualidad femenina y dice que la pérdida de amor es la problemática esencial de la mujer, y subraya la importancia del dolor infringido por el ser amado en la vida amorosa femenina.

Freud después de un largo recorrido por el enigma de la mujer deja abierta la pregunta sobre la sexualidad femenina. Freud se acerca lo suficiente como para darse cuenta que el complejo de Edipo con la primacía del falo no aclaraban las interrogantes sobre la mujer y su sexualidad, quedando abierta una cantidad de preguntas sin responder.

El psicoanálisis formula que los hombres y mujeres se unen, se vinculan socialmente, se enamoran, porque el vínculo social viene a suplir la falta de la no-relación sexual. Entonces ¿el amor viene a ocupar el lugar de la no-relación sexual? La aspiración del amor es suturar la falta, eliminar las diferencias. El amor es una fantasía de fusión con el ser amado, es autoerótico y tiene una estructura narcisista, es una fantasía que sustituye la esencia de la relación sexual. Entonces el amor es el deseo de hacerse Uno, hay algo del ser que el amor intenta abordar. Esto nos ayuda a entender un poco más cuál es el lugar del amor en la posición femenina.

Miller en el texto El hueso de en análisis señala, que una mujer al enfrentarse con el amor pone una condición fundamental para ella, pone como exigencia ser la única para un hombre. Esta exigencia de ser la única convierte a veces el amor en recriminaciones, en demandas imposibles de calmar que puede llevar a algunas mujeres a relaciones tormentosas con su pareja en nombre de su sufrimiento. El modo de gozar de la mujer, exige que su pareja le hable y la ame; para ella el amor está tejido en el goce, y es necesario que la pareja sea A/, que él sea aquel al que le falte alguna cosa, y de esta manera la mujer logre que esa falta le haga hablar, hablar de amor.

Esta capacidad de obtener goce, goce en el cuerpo a partir de las palabras, es típico de la posición femenina. Para amar es preciso hablar; el amor es inconcebible sin la palabra porque es hablando que damos nuestra falta en ser. Miller señala, que del lado femenino no se puede gozar sino de la palabra, lo que se podría escribir en este orden: hablar, amar, gozar. La mujer está entonces en un dilema. No puede ser amada por lo mismo que es deseada, está sujeta a la particularidad de la vida erótica del hombre, caracterizada por una divergencia entre el objeto de amor y el objeto del deseo.

Lacan en su seminario Aún señala que la mujer además de tener un goce fálico tiene un goce no-todo; nos explica que la mujer no está toda sujeta a la ley fálica, es no toda ella, fálica. Su goce no depende por entero de la función fálica. Entonces la mujer tendría un goce Otro, un plus de goce, es un goce que escapa a la palabra, un goce enigmático, no es un goce complementario a la función fálica, es un goce suplementario que las libra del todo. En cambio, el goce masculino puede ser sostenido por el silencio, para el hombre a diferencia de la mujer tiene algo de limitado de circunscrito. El hombre es capaz de gozar sin palabras y sin amor.

Vemos entonces, que el desencuentro entre los goces es inevitable, ya que la posición de hombres y mujeres respecto al deseo y al amor es divergente. La estructura del deseo masculino coloca a la mujer en el lugar de objeto de goce del hombre, en el lugar del fetiche. Por otro lado, en la mujer convergen sobre un objeto el amor y el deseo. La mujer ama el objeto que desea, de esta manera queda cada uno, hombre y mujer, en la soledad de su goce.

En la sociedad actual predomina un mundo sin amor, un mundo que empuja a más goce, a la satisfacción inmediata, a la manifestación de la pulsión de muerte que destruye todo posible objeto de amor.

 

III. El amor siempre hace señas y es recíproco

Aldo Ávila

"… El amor ciertamente, hace señas, y es siempre recíproco. Digo esto desde hace tiempo, muy bajito, al decir que los sentimientos son siempre recíprocos. Era para que me lo devolvieran: -Y entonces, entonces, el amor, ¿el amor es siempre recíproco? -¡Pues claro, claro que sí! Por eso hasta inventaron el inconsciente para percatarse de que el deseo del hombre es el deseo del Otro, y que el amor, aunque se trate de una pasión que puede ser la ignorancia del deseo, no por ello es capaz de privarlo de su alcance. Cuando se mira de cerca, se pueden ver sus estragos."(Lacan 1972:12)

La primera parte del párrafo es la que invoca al registro imaginario en el amor. La reciprocidad especular por excelencia, el área más narcisista en él: Si tú, entonces yo. Si yo entonces tú: (nada más fallido que eso), leer solamente así la afirmación de Lacan provocará el malentendido y la incomprensión de lo que Lacan está desarrollando y demostrando en su enseñanza, en particular en este "Aún". La idea omnipotente del amante: "¡Si me amas, entonces te amaré, incluso lo haré solamente a condición de que tú lo hagas primero y para que lo sigas haciendo hasta sus últimas consecuencias!". El amor narcisista por excelencia.

La segunda parte, es la que invoca el registro de lo simbólico para entender lo que implica la "reciprocidad en el amor", según Lacan. Invoca al inconsciente en tanto orden simbólico, e implica al amor ahí: las condiciones de amor, a nivel de rasgo, fetiche o fantasma, son del orden de la lógica del significante. ¡Ninguna hormona, neurona o quimismo que se quiera imaginar alrededor del fenómeno del amor, estará exento de esa lógica! El amor estará bajo la sombra de la predeterminación simbólica que implique el encuentro más azaroso, de esos dos. El amante y el amado se implican, hay en el otro "A-(a),lgo" que causa el deseo de amarlo o finalmente odiarlo, que no puede ser sin una implicación recíproca, por lo tanto. Hoy en día se entendería mejor con el término interactivo, el amor es interactivo.

La última parte del párrafo, invoca a lo real en el amor al señalar sus estragos. Aferrarse a la proporción sexual, alimentada por las condiciones de amor de cada uno de los amantes, sosteniendo "El" sentido y significado de su lazo, es responder indefinidamente a un mandato superyoico, que apuntará a la mortificación, teniendo saldos destructivos.

 


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